Arte

Jerry Schatzberg


Por Alejandro Murillo / @fugitivo5

 

The panic in needle park, 1971.

 

El hombre perfecto es mexicano, austriaco, atleta olímpico, profesionista del diseño, artista de la fotografía y no está exento de chismes de la farándula. O sea, es también una celebridad. Lo tiene todo. A propósito de hombres perfectos, recién pasado el día del amor y la amistad, cuando la pantalla grande todavía era de plata, décadas antes de secretos en la montaña, Gene Hackman y Al Pacino vivieron un amor de hombres como solamente el cine de moda en aquella época podía representar.

Se dice que las décadas de influencia de la nueva ola francesa y los estilos de película “a la europea” en Estados Unidos son sobre todo las de 1960 y 70. Posteriormente, en medio de un auge de manuales de guionismo y la llamada revolución conservadora, entre cuyos líderes principales se encontraba el presidente Reagan, el sentimentalismo y las fábulas futuristas apocalípticas terminaron con el reinado de los maestros del atrevimiento de la era de la música disco y las primeras formas de rock pesado. Entre estos contamos a Jerry Schatzberg, quien debutara en la narración audiovisual con un largometraje sobre el abominable mundo de la moda, protagonizado por Fay Dunaway, la mismísima Bonnie de Bonnie y Clyde. Su segunda película, The panic in needle park, fue elegida dentro de la selección oficial de Cannes en 1971 y obtuvo el reconocimiento a la mejor actriz.

Scarecrow, de 1973, obtuvo la palma de oro. Próximos a consolidarse, el estrellato de los mencionados Hackman y Pacino todavía no se anunciaba. Dos personajes sueltos en la carretera, en esta película sus personajes son dos locos obligados a volverse amigos. En medio del campo, ninguno de los dos sería capaz de impedir al otro la posibilidad de comenzar un viaje juntos encima de la única camioneta que se detiene para levantarlos. A diferencia de los relatos más clásicos, la casualidad más que la lógica llevará a estos personajes a reunirse con viejos amores, familiares, y defenderse de ofensores sexuales del mismo sexo.

The Panic in needle park es también un relato de amor extremo. Todavía muy delgado y bien desaliñado, el joven Al Pacino interpreta a un delincuentillo y traficante enamorado de la novia de un cliente suyo, un miserable pero hermoso artista de la pintura. Esta típica premisa chico-conoce-chica, aderezada con infecciones derivadas de la práctica de un aborto y otros conflictos modernos neoyorkinos, es más bien el sensato cimiento de un cuento sórdido donde la adicción no es puesta en escena. Verdaderas agujas en gran plano detalle estimulan la dependencia de no actores que con razón actúan en sustancial trance.