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Jardín cósmico de Marie Strauss, por Daniel Garza-Usabiaga


Por Daniel Garza-Usabiaga | Abril, 2015

La escultura en piedra, así como sus posibles derivaciones, es la práctica a la que Marie Strauss se ha dedicado, en gran medida, durante los últimos diez años. Su interés por trabajar en México se debió principalmente a una roca: la obsidiana. Un material al que pronto se referiría, debido a su complejidad, como “caos puro”.

Jardín cósmico es un proyecto de Strauss que reúne su producción de los últimos tres años, realizada en el taller del escultor de origen japonés Kiyoto Ota [1]. A manera de una instalación, este trabajo está conformado por varias esculturas en piedra; unas se encuentran dispuestas sobre el piso y otras aparecen flotando, suspendidas del techo mediante unas cuerdas de algodón. El ensamble articula una escena particular, un peculiar jardín escultórico por el que se puede transitar y estar entre cuerpos con formas sugerentes. El escenario recuerda una antigua consideración china relacionada con las rocas: estar rodeado de piedras raras como una condición favorable para la disposición estética.

Más de una década de trabajar con piedras ha hecho que Strauss desarrolle una particular sensibilidad hacia su materialidad, algo que queda constatado, por ejemplo, en su apreciación de la obsidiana. Jardín cósmico es un reflejo de dicho conocimiento y percepción sobre los cuerpos minerales. Para este proyecto ha utilizado rocas que son conspicuas a lo largo de la ciudad, piedras sobre las que se camina en algunas calles o que forman parte de la estructura de incontables edificios. Piedras que pasan desapercibidas de manera cotidiana. Tezontle, basalto y mármol son utilizados para crear formas que asemejan una enorme nariz, nubes, pedazos de carne que cuelgan del techo o cabezas sin rostros. Las esculturas, no obstante, van más allá de un ejercicio formal y buscan exponer la materialidad de las rocas, mostrando aspectos que por lo general no se contemplan o consideran. El mármol, por ejemplo, ha sido tallado a tal grado que subraya su condición translucida. La escultura, Nube, interactúa y se ilumina con la luz natural, resaltando sus vetas como si fuera un sistema de circulación que recorre la piedra. La escultura de tezontle, Nariz, fue tallada a mano y conserva sobre su superficie detalles de su formación volcánica natural como si fueran vistas que demuestran que, aunque materia inmóvil, la roca condensa una energía petrificada. Dicho estado recuerda la perspectiva del naturalista Henry Thoreau que argumentaba la presencia de una fuerza efusiva e indómita al interior de cada piedra.

Strauss aprecia la historia de ciertas prácticas antiguas de concentración, principalmente asiáticas, que consistían en desplazarse a otros estados de percepción a través de la observación de piedras (una pequeña pieza de ónix, suspendida del techo, alude a esta particular visión que vas más allá de la simple apariencia de la roca). El trabajo de la artista realiza una operación similar al presentar, en su instalación, detalles que permiten ver una roca como “materia, activa y turbulenta de lava y fusiones, de sismos, de orgasmos y de grandes ordalías tectónicas”, y no como un simple mineral inerte. De esta manera Jardín cósmico no sólo presenta una escena altamente sugerente en su solución sino que propone una perspectiva distinta sobre la materialidad de las rocas. Enfatizando su condición física a través de su escultura, el proyecto de Strauss da pie a nuevas perspectivas sobre estos cuerpos; reduciendo, quizá, las diferencias que se asumen entre lo orgánico y lo inorgánico así como propiciando reflexiones inusitadas o especulativas en relación al reino mineral [2]. En esta instalación, las rocas cuentan con soluciones que subrayan su cualidad evocativa, se tornan translucidas e interactúan con la luz, flotan como si desafiaran su gravedad. Aunque inertes y petrificadas, las piedras de Jardín cósmico poseen cierto dinamismo y exponen una especie de vitalidad.

Vale la pena subrayar la temporalidad para la realización de este proyecto. La práctica de Strauss, al ser en su mayor parte manual y respondiendo a las condiciones del material, conlleva un largo proceso de producción. Jardín cósmico, como se mencionó, tomó más de tres años para su conclusión en esta instalación. Este margen de tiempo no se ajusta a los ritmos y ciclos acelerados de producción que caracterizan a las prácticas artísticas contemporáneas, marcados por una constante y casi inmediata exposición y un énfasis marcado por la novedad. En este sentido, la práctica de Strauss se opone a este tempo.

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Foto: Cortesía de la artista.

[1] Jardín cósmico de Marie Strauss se presentó en la Fundación Pasos, del 27 de febrero al 12 de marzo.

[2] Este modo de pensar la materia cuenta con un amplio legado que se encuentra presente, por ejemplo, en el trabajo artístico e intelectual de algunas de las vanguardias históricas del siglo XX. En el caso específico de la rocas, el caso más conocido es, quizá, Piedras de Roger Caillois (libro del cual se extraen las citas en este texto) aunque también se encuentra presente en la producción de otros personajes asociados al surrealismo así como en la obra de algunos filósofos como Walter Benjamin. Este tipo de perspectivas sobre la materialidad de las cosas era considerada por Ernst Bloch como un requisito indispensable para enriquecer la filosofía de Marx después de que había sido empobrecida por el materialismo de aspiraciones científicas. En la actualidad, el resurgimiento de estas perspectivas críticas buscan, un parte, un nuevo entendimiento de la materialidad y, así, propiciar una nueva sustentabilidad. Ver. Caillois, Roger. Piedras, Ciudad de México: Nueva Imagen, 2001, pp. 72, 97-98; Hanssen, Beatrice. Walter Benjamin´s Other History: Of Stones, Animals, Human Beings, and Angels, Berkeley: University of California Press, 1998; Bennet, Jane. “Systems and Things. On Vital Materialism and Object-Oriented Philosophy” en Grusin, Richard (ed.) The Nonhuman Turn. Minneapolis: University of Minesota Press, 2015.


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Daniel Garza Usabiaga cursó una maestría y doctorado en Historia del Arte en la Universidad de Essex, Inglaterra. Posteriormente realizó un postdoctorado en el Instituto de Investigaciones Estéticas de UNAM. Se desempeñó como curador en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México y como curador en jefe en el Museo Universitario del Chopo. Actualmente fue designado como director artístico de Zona Maco, además de ser curador independiente.