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Ilusión óptica en Bellas Artes


 

Algunos coreógrafos de danza contemporánea temen parecer superficiales si en sus propuestas no se atisba complejidad intelectual o narrativa, menospreciando así los diseños basados esencialmente en el baile o el simple movimiento. Tal parece ser el caso de Vicente Silva Sanjinés, quien presentó su coreografía Ilusión óptica en el Palacio de Bellas Artes el 2 de julio.

La compañía que dirige Vicente Silva parte de la improvisación, el release y el contact, técnicas que permiten un lenguaje en donde se privilegia el movimiento fluido y la desarticulación del cuerpo, además de una interacción más fidedigna entre los bailarines que improvisan al contacto entre ellos. Pero en Ilusión óptica solo se logran ver fogonazos de esto en algunas secuencias bailadas.

 

La obra comienza con una escena que inquieta y provoca: en una pantalla que ocupa el espacio del telón del teatro se proyecta la imagen de una carretera; el material translúcido en el que sucede dicha proyección, permite que a la parte virtual se le incruste el cuerpo real de un hombre desnudo que corre sobre el camino proyectado. Aquí sí funciona el título de la pieza, pues el coreógrafo juega con la imagen virtual del video y la real del bailarín.

Después de un impactante comienzo, Vicente Silva se esfuerza por mantener la atención del espectador pero falla al presentar escenas, unas sobre otras, que no logran tener profundidad teatral o dancística por sí solas y no se sostienen en conjunto debido a cortes y pegotes dramáticos entre ellas. Inodoros sobre el escenario, un atleta que salta la cuerda, un bailarín que interactúa con una cuadrícula de luz, globos de helio sobre las cabezas de los bailarines, una pasarela con personajes entre detectives, una secuencia homoerótica…

 

 

Además de su trabajo como coreógrafo y bailarín, Vicente Silva Sanjinés se ha destacado como maestro de danza, cuya sede es el Centro Cultural de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Quizá por esta relación con los universitarios, para Ilusión óptica propició la colaboración con algunos estudiantes del Centro Universitario de Teatro que enriqueció la pieza.

Es importante remarcar que las secuencias bailadas que diseñó el coreógrafo son las que más destacan en la totalidad de la obra, sobre todo la parte final, donde ocurre un juego entre la iluminación y los trazos coreográficos. Pero si el afán era presentar una pieza posmoderna… Ilusión óptica podría funcionar si se cuidaran más los detalles de producción, como la entrada y salida de los intérpretes y la utilería en el escenario, que resultó un poco torpe durante la función en Bellas Artes.

– Silverio Orduña