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Humo/Monumento: El potencial de la escultura de Helen Escobedo, por Andrea Raygoza


Febrero, 2019

La validez de la escultura descansa en el humor con el que se enfrente. La risa vuelve a una propuesta legítima, pues se trataría de un volumen que sintetiza los ánimos colectivos en una inserción de realidades diferentes, que en principio parecen no estar conectadas una con la otra.

El fotomontaje es una estrategia ad hoc a esta mezcla de representaciones: una fragmentación resuelta por una gama de variables visuales que se interponen de tantas formas posibles. También tiene la posibilidad de situar objetos que en principio no están ahí sin modificar el espacio original.

Los fotomontajes de Helen Escobedo (México, 1934-2010) son parte de El potencial de la escultura en Proyectos Monclova. Retrospectiva, en el marco de la Semana del Arte en la Ciudad de México, que recoge los proyectos de Escobedo (la mayoría no realizados) desde la década de los 60 a los años 80, partiendo de sus bocetos, pruebas de color, maquetas y esculturas de arte cinético.

La producción de Escobedo erige el rastro de una memoria no permanente: fervientemente creía en el cambio constante, influenciado por el crecimiento desmedido de la ciudades. La idea de monumento, o lo que supuestamente un monumento debería ser, es atravesada por la iniciativa que tuvo de considerar a la escultura como material de diálogo entre el espacio, el medio ambiente y el público espectador, en espera de que esas formas conduzcan a una semiótica mutante, o en palabras de Rita Edder:

“Avocada a la solución de un problema por medio de su trabajo, la huella repetida del artista desaparece, puesto que cada situación demanda una respuesta distinta. A Helen le interesó hacer del arte estrategias simbólicas en torno a problemas sociales o a situaciones subjetivas”.1

El cuerpo de obra expuesto en la galería repasa los pasos de la escultura y su potencial que, contrario a una supuesta memoria permanente, es en realidad una que se desvanece, como un cigarro que se consume mientras su materia nociva se disuelve en el aire de una ciudad. En este contexto, el régimen estético de las ciudades (en los años sesenta) se encuentra atravesado por un lenguaje político no esclarecido del todo.

Los fotomontajes de Escobedo operan como una propuesta lúdica y al mismo tiempo como ejercicio de denuncia sobre cómo la ocupación urbana del espacio despoja el registro natural y nuestra posibilidad de permanencia.

El monumento se adhiere no a una forma permanente sino al alcance de lo efímero, pues quienes rodeen dicho volumen formarán parte, sin saberlo, de una situación que no va a volver a repetirse. El tiempo trae consigo nuevas problemáticas y el ejercicio artístico, según Escobedo, debe cuestionar y asumir esas nuevas confrontaciones.

El presente histórico se inscribe en circunstancias particulares en un ritmo en latente desaparición. Para ello, insertar una fragmento artístico en un espacio determinado señala el registro de lo posible, de acuerdo a la potencia de situar ciertos objetos acordes a ese espacio.

Rain Towers (1984), New Orleans, USA | Proyectos Monclova.

Bajo esta visión, colocar estructuras formadas por vértices y ejes que envuelven el poco espacio vacío de una urbanidad creciente, refiere a su desorden expansivo; un tipo de escultura que al colocarse, su potencial simbólico se viera catalizado por la mirada que le atraviesa: una mirada convertida en una forma social con la oportunidad de cambiar las cosas. Esto último fue esencial para la concepción de todos los proyectos de Escobedo, desde sus bocetos hasta sus maquetas.

Concentro la reseña en la pieza Barda caída doble, (1973), obra —o mejor dicho, anhelo de escultura— que condensa el punto nodal del hilo curatorial de la exposición: una serie de cigarros, formando dos medios círculos que se contraponen, moldean una caída suspendida en el aire. Al igual que en otras obras se superpone un cigarrillo en medio de un escenario propiamente monumental: un estadio, un territorio natural o el Hemiciclo a Juárez como ocurre en Barda caída (1979) o Monumento al cigarro (1983).

En este tono, la memoria sólo es verdadera en tanto que se disipa en el tiempo, igual que la ciudad es en tanto que le somos invisibles. Una ciudad que en su deglutir y crecer parece no haber negociación con sus habitantes. El potencial de la escultura deja en evidencia que, a partir de abstraer ciertas problemáticas, la escultura es una suerte de membrana simbólica, una bisagra formal que marca una presencia, haciendo constatar los procesos de cambio en el marco de las narrativas totalitarias o el regreso a las grandes categorías (lo nacional, la ciencia, el género o la idea de “desarrollo”).

Un volumen, una estructura permanente pero que muta: cambia su piel conforme cambia la tierra, la ciudad crece y los transeúntes se van. Estudiantes que pisan la arena alrededor de las formas, o conductores inermes, en aras de despojarse de su cuerpo ante la inmovilidad urbana; todas aquellas personas que pasan de largo los monumentos terminan por marcharse.

Una maqueta, igual que el fotomontaje es una propuesta que fracciona el espacio y el tiempo y lo convierte en una posibilidad: la sección de un mundo posible en relación de las formas con el espacio. En esta muestra no sólo vemos los planes de Escobedo en un futuro de promesas artísticas, sino también el silencio de los proyectos truncos o que surgieron dentro de ese espectro de lo tangible como una promesa.

El potencial de la escultura recoge y extiende los silencios de Helen Escobedo, en palabras de Roberto Bolaño: “[…] eso mismo se extiende en todo el planeta como una mancha, una enfermedad atroz que de alguna u otra manera pone en jaque nuestras costumbres, nuestras certezas más arraigadas”.2

Foto: Helen Escobedo trabajando en su escultura pública Cóatl, concluida en 1980 en el Espacio Escultórico UNAM, Ciudad de México | Proyectos Monclova.

El potencial de la escultura hasta el 09 de marzo de 2019 en Proyectos Monclova.

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Rita Edder, “El gabinete de Helen Escobedo o cómo acercarse al espacio público desde lo privado” para El potencial de la escultura en Proyectos Monclova.

Roberto Bolaño. Entrevista con Eliseo Álvarez. Revista Turia, Teruel, junio de 2005. Revisado aquí.

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Andrea Raygoza estudia el último semestre de la licenciatura en Historia del Arte en la Universidad Iberoamericana. Sus intereses abarcan la lingüística, teoría de la historia y los vínculos entre lo simbólico y lo visual. Recientemente fue parte del equipo de gestión y coordinación cultural durante la Semana de Arte en la UI.