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hendidura o, espacio que se abre, por Lucía Hinojosa


Julio, 2020

pulso polifónico

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Qué es un sonido. Un sonido es dos cosas escuchadas en una sola y misma vez pero no juntas.

—Gertrude Stein1 

El significado ontológico de ritmo, no es solamente el sonido de emisiones vocales o de la materia acústica: es la vibración del mundo. El ritmo es la vibración interna del cosmos y la poesía es un intento por entonarnos con esa vibración cósmica, aquella vibración temporal que está llegando, llegando, llegando.

—Franco Bifo Berardi2

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Quisiera hacer un trazo metafísico sobre el cuerpo-máquina que intenta respirar y que no solo ha sido (aún más) sofocado en los últimos meses, sino que se encuentra perdido en la abstracción del miedo, en una condición de confusión, inseguridad y represión, acarreado por la innegable violencia global y estructural que permea en el paradigma contemporáneo.

No quiero agregar más capas a la textura actual de incertidumbre, acumulándose en olas abrumadoras de información editada, distorsionada y encubierta sobre la condición inmunosocial, la crisis económica, la guerra de realidades. Más bien, quisiera reflexionar sobre dos conceptos como vehículos para reactivar la experiencia corpórea y poder pensarnos realmente en-relación como cuerpos: el sonido y la respiración.

Percibir al sonido como materialidad en vibración continua y a la respiración como un testigo de universalidad sobre el pulso colectivo que filtra la experiencia ordinaria y que finalmente desemboca en la práctica social, cultural, política, ideológica. ¿Cómo respira cada cuerpo? Me pregunto si nuestra experiencia respiratoria también ha sido oprimida al entrar en un ritmo de control estructural.

La vibración sonora y la respiración podrían ser instrumentos de una investigación ontológica más profunda sobre nuestra condición actual. Si percibimos con más atención, funcionan como registros de trazos dinámicos aparentemente intangibles, pero que realmente son el ritmo esencial de los estados generativos en el cuerpo-máquina.

Desde la premisa de Franco Bifo Berardi podemos complejizar la presencia (y ausencia) del flujo respiratorio como metáfora psicosomática y como síntoma social dentro de la actualidad física, visualizando la experiencia de este circuito como un residuo en loop que intenta sincronizarse —desde las subjetividades— con las condiciones de su contexto, de su realidad. Me parece importante meditarlo intensamente durante esta crisis que pretende mantenernos en un estado anti-respiratorio y en un continuo desprendimiento sensorial de los cuerpos-en relación.

caosmosis

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Hace poco, hice una lista de significados y etimologías de la palabra caos. La evolución de su significado es fascinante. De cierto modo, hoy se entrelazan todas esas etimologías en una constelación de abismos infinitos:

· kháos o cháos = lo impredecible.

· confusión elemental.

· masa de materia sin forma.

· vacío que ocupa un hueco.

· de la raíz indoeuropea gheu, que significa «estar abierto».

· comportamiento aleatorio gobernado por principios complejos y sensibles a las condiciones.

· significa bostezar o abrirse de una caverna.

· vacío en el que se encuadra el resto de la existencia.

· desorden o confusión de absolutos.

· hendidura, espacio que se abre.

· estado originario de la materia.

Según Berardi, la noción de caos en nuestra actualidad es la ausencia de la medición semiótica para ordenar fenómenos y flujos de información. Es la inhabilidad para atribuir sentido a una secuencia de eventos complejos que se tornan impredecibles y después, esa indeterminación se extiende a un ambiente tan confuso que es imposible descifrarlo a través de los marcos de realidad a nuestro alcance.

Es decir, los marcos semióticos que han sido asimilados «colectivamente» para proporcionar dicho «orden», se encuentran atrapados en su propio límite de realidad. Lo que entendíamos por sociedad o civilización se está cayendo porque el flujo semiótico actual va demasiado rápido y, al mismo tiempo, ha roto con la estructura y temporalidad que ilusoriamente «sostenía» dicho modelo. El término caosmosis de Guattari, y que Bifo lo retoma desde la poesía y la respiración, se refiere a la sincronía rítmica del caos cósmico con las singularidades, es decir con las subjetividades.

Es «un proceso de rebalanceo entre mente y caos, con la evolución osmótica del caos en sí mismo». Así, se genera una posibilidad infinita de subjetividades que entran en un ritmo cósmico que para Berardi es la respiración, y que es realmente la medición que supera los límites de una realidad semiótica establecida, generándose sutilmente a partir de una re-modulación vibratoria entre sujeto y experiencia. Berardi dice:

«Cuando me refiero al caos, pienso en dos movimientos distintos pero complementarios. Me refiero al remolino de los flujos semióticos que nos rodean y que recibimos con sonido y furia. Pero también me refiero al intento por reconciliarnos con este ambiente que abarca el ritmo mental, con nuestro propio ritmo íntimo, interno, interpretativo».3

El sonido de la música dron (o drone), podría entenderse como la materia sin forma gobernada por principios complejos, como una masa impredecible de experiencia: el estado abierto del caos. Nuestros cuerpos, nuestras materialidades, son parte del vacío que ocupa el espacio en el que se encuadra el resto de la existencia, pero pueden encontrar su escala rítmica para conectar con ese estado abierto y entrar en una ósmosis desde la exploración subjetiva y continua, y no a través de la prótesis de un límite semiótico de control, un modelo que erosiona las singularidades.

Eliane Radigue, Jetsun Mila, 1968. (Composición inspirada por el poeta tibetano Milarepa).

En este sentido, la vibración continua de sonido del dron, que se caracteriza por la repetición sostenida de sonidos y notas, nos serviría como alusión para observar la relación de los cuerpos y la esfera del flujo semiótico ilimitado de realidad y experiencia. El dron mantiene una sonoridad compleja y penetrante, y podríamos decir que, a diferencia de una composición musical tradicional que emite notas en intervalos calculados y creando una armonía «desde cero», el dron es un organismo vivo y generativo que «ya está ahí» como masa en potencia, sosteniendo la posibilidad de variaciones y permutaciones infinitas.

El efecto que se genera en la superficie sensorial y física de todos los cuerpos es un acto de ósmosis: el dron sucede con el cuerpo, en-relación: el cuerpo es el vacío en donde la vibración logra «sostenerse».

Eliane Radigue, L’ile Resonante, 2005.

La música dron y minimalista activa un principio de realidad radical. Su diseño tanto práctico como conceptual es fluido y paratáctico, evita caer en un modelo tautológico y dual. Por ejemplo, el principio filosófico occidental de la música comienza en la idea de «silencio». Las notas y frecuencias van añadiéndose para construir algo desde un aparente espacio en blanco o para crear una secuencia de notas que «no existían».

Este ordenamiento de realidad responde a un sistema de control jerárquico. La música dron y minimalista se genera desde un principio filosófico que toma de la música tradicional de India, específicamente del sonido sostenido del tambura. La música minimalista y la música tradicional de India suenan muy diferentes, pero mantienen un mismo modelo en el sentido estructural y práctico.

Este principio se basa en la premisa de que el sonido está siempre en flujo, en un campo de electricidad continua, y el cuerpo puede «entonarse» (tune-in) o acoplarse con ese otro cuerpo sonoro para trabajar con todas las escalas posibles. De alguna manera, se convierte en una colaboración entre individuo y vibración.

Jung Hee Choi, RICE, durante la exposición The Third Mind, Museo Guggenheim, 2009.

El cuerpo debe escuchar atentamente a las frecuencias del cúmulo vibratorio para poder entonarse y desde ahí articular su experiencia dentro del continuo sónico. No existe la imposición a priori de una idea y no se compone desde el silencio, solo existe la interacción y la relación con las frecuencias que ya están en ese gran sonido. Como lo menciona la artista italiana Caterina Barbieri, «el sonido del dron es el gesto arquetípico más penetrante»4. En este sentido, no hay una aspiración por entender y crear otro límite o una nueva medición. La medición más alta, más penetrante, se encuentra en-nosotros, entre cuerpos y sonidos.

La Monte Young, The Well-Tuned Piano, 1987.

circuitos

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Necesitamos visualizar al sujeto como una unidad transversal que abarca al humano.

—Rosi Braidotti5

La disolución del límite y la producción de los tonos resultantes o vibraciones cósmicas son centrales para el fenómeno de resonancia.

—Ben Neill6

(Pure Resonance, La Monte Young & Marian Zazeela).

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¿Cuál es la experiencia de las subjetividades? ¿en dónde y cómo suceden? Según Guattari y Deleuze, el sujeto se identifica con el centro porque es incapaz de observar el circuito de estados vivos e intensidades del cual forma parte, pero en realidad, el sujeto está renaciendo constantemente a partir del estado que está experimentando, pues es lo que lo determina.7 De esta manera, el sujeto en el cuerpo es realmente imposible de localizar porque está fuera del centro y en un movimiento perpetuo que sucede siempre en la periferia. Así, el sujeto se produce y es producido como residuo, definido por los estados que va experimentando en una oscilación vital.

La respiración atraviesa, afecta y es afectada por todos estos circuitos sutiles, y quizás, la respiración podría funcionar como el marcador del ritmo de dichas rutas en donde sucede el sujeto, generando un marco de temporalidad en donde la subjetividad pueda respirar.

Nuestro paradigma anti-respiratorio actual va asfixiándonos poco a poco con la promesa de que, si nos ponemos bien nuestras máscaras, regresaremos a la normalidad, una normalidad en donde ya era imposible respirar. Si pensamos en el circuito de estados e intensidades que proponen Guattari y Deleuze, realmente no hay un antes y un después, solo hay un continuo de exhalaciones e inhalaciones que nos están informando claramente mientras van perdiendo el ritmo íntimo y la vitalidad subjetiva sobre nuestra condición psicosocial. Este paradigma global, económico y político que insiste en sostener su “ritmo” generado por las políticas de aislamiento, el crecimiento estructural del racismo y la violencia de género, la explotación laboral y la basura mediática omnipresente que promueve un estado aterrador no solo de asfixia sino de anti-contacto, levanta el velo irrevocablemente, y pone en jaque a una estructura que solo funciona al quitarnos el aire. Pero ¿a cambio de qué? Este es el intercambio esencial del modelo económico-ideológico y del semiocapital, como diría Berardi.

Es esencial poder pensar y sentir más con la agencia y la información del cuerpo y desde ahí atravesar al campo social, cultural y político, para poder interpretar e incidir desde otras posibilidades semióticas. Localizar los patrones rítmicos y ver de dónde vienen las pulsiones y porqué, de dónde surgen las intensidades y la acción para poder diferenciar e incluso intervenir en los circuitos donde oscilan nuestras subjetividades.

Berardi habla de la palabra conspiración, que significa respirar juntos, pero me gusta que su significado ha evolucionado a la idea de un acuerdo secreto. Un acuerdo para observar los trazos-no-evidentes en la respiración de los cuerpos.

Celebro los circuitos que producen nuevos paradigmas respiratorios y que logran entonarse con alguna frecuencia de posibilidad para sostener otras articulaciones vibratorias e incluso producir ecos y resonancias en otros cuerpos, logrando atravesar otros campos de respiración: los colectivos feministas, las acciones poético-políticas, los movimientos que siguen luchando por erradicar la injusticia y violencia racial y de género, los espacios de experimentación artística, pero sobre todo las complicidades en amistad y en solidaridad rítmica que están abriendo rutas basadas en nuevos principios para crear una sincronicidad respiratoria que pueda articularse en infinitas variaciones, sin dejar de producir sujetos que se experimenten en-relación.

Caterina Barbieri, Fantas, 2019.

*Quisiera agradecer a Lucía Meliá Maestro por las conversaciones, referencias y resonancias que produjeron la reflexión de este texto.

Imagen: Diagrama Editorial (Voces), 2018, de Lucía Hinojosa | Cortesía de la artista.

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1 Patrick Farmer, Azimuth, The Ecology of an Ear. SARU, 2019.

2 Franco «Bifo» Berardi, Breathing: Chaos and Poetry, Semiotext(e), 2018.

3 Franco «Bifo» Berardi, Breathing: Chaos and Poetry, Semiotext(e), 2018.

4 Entrevista a Caterina Barbieri en Loop, A summit for Music Makers, 2018.

5 Rosi Braidotti, The Posthuman, Polity Press, 2013.

6 William Duckworth y Richard Fleming, Sound and Light: La Monte Young & Marian Zazeela, Bucknell University Press, 2012.

7 Gilles Deleuze y Félix Guattari, Anti-Edipo, Capitalismo y Esquizofrenia, Penguin Classics, 1977.

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Lucia Hinojosa (Ciudad de México, 1987) es artista visual y escritora. En 2013 co-fundó diSONARE, proyecto editorial bilingüe.