Arte

Hasta el sol tiene manchas


 

“Me puse a pensar si el presupuesto con el que cuento se debe de adaptar a las películas que yo hago o soy yo el que debe de ajustarse al dinero y por eso no me queda más remedio que filmar estas películas”, dice el director guatemalteco Julio Hernández Cordón a propósito de la presentación de su cuarta obra Hasta el Sol Tiene Manchas.

 

hasta el sol tiene manchas

 

Desde el inicio de su filmografía con Gasolina (2008), el realizador ha jugado con escasos recursos, moldeándolos para hablar acerca de los avances y sobre todo de los rezagos de la sociedad en su país, encontrándose en un punto intermedio entre la ficción y el documental.

Sin embargo, a diferencia de otros autores alrededor del mundo, casados con la idea de trabajar austeramente,  este director egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica defeño, no se ve continuando con esas limitaciones, por lo que esta es su despedida de este cine ultra independiente, llevando hasta sus últimas consecuencias aquel concepto de “menos es más”.

Filmada en menos de una semana, sin guión, con tres mil dólares, en una habitación, empleando una sola pared como escenario, la cual cambia de fisonomía constantemente gracias a los dibujos en gis que se imprimen y borran, y con unos cuantos props a la mano (incluyendo una patineta que sirvió de dolly para la cámara o una pequeña pelota de plástico que fungió como una pistola); Hernández Cordón, reflexiona como la revolución que hace cincuenta años emergió en Guatemala, fue inútil, esto en la historia de dos personajes disímbolos: Pepe Moco, un joven con retraso mental que carga sobre su espalda un letrero que promueve el voto para el candidato presidencial Manuel Antonio Baldizón, y Beto, un graffitero que se dedica a asaltar a cualquier transeúnte incauto.

Pero mientras se cuenta acerca de la realidad sui generis guatemalteca (la promesa de campaña fue real, y no sólo eso, sino que dicho candidato quedara en segundo lugar  en las votaciones) Hernández Cordón, revela y desnuda inteligentemente  la artificialidad de su propio cine con interludios donde explica a base de subtítulos, cómo hizo tal secuencia, cuáles fueron los criterios para elegir a sus actores o de qué manera se logró determinado efecto de sonido; convirtiendo a Hasta el Sol Tiene Manchas en una suerte de making off-teatral-experimental.

Ahora, ya avecinado en la Ciudad de México, se encuentra en la pre-producción de su primer película “convencional” y pensada (ahora sí) para un público más amplio: Te Prometo Anarquía; protagonizada por un grupo de skaters gays que venden su sangre clandestinamente.

Mientras tanto, se puede ver a partir de esta semana Hasta el Sol Tiene Manchas en Cineteca Nacional. Aquí el trailer:

 

 

 

– Alberto Acuña