Arte

Freaks


Por Abel Cervantes

El 20 de febrero de 1932 se estrenó Freaks, de Tod Browning. La película es un referente en muchos sentidos. Por principio, exhibe una historia compleja que no solamente involucra a los discapacitados o anormales sino también a los marginados sociales, políticos y económicos. Tod Browning tuvo la sensibilidad para exponer un relato sobre la violencia sistémica (de la que habla Slavoj Žižek en Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales): no es visible en primera instancia porque se encuentra en las estructuras sociales, políticas y económicas. Sin embargo, propicia resentimiento. La historia es conocida: un hombre pequeño que pertenece a un grupo de freaks, que trabaja en un circo, se enamora de una bailarina (de características físicas normales) e intenta seducirla. Ella lo acepta desde el momento en que sabe que él posee una fortuna. No obstante, lo degrada en cualquier oportunidad. El final alecciona a la mujer, que se convierte en un freak por efecto de un hechizo. Para el director estadounidense la verdadera violencia queda expuesta cuando una persona normal cambia de ámbito y se convierte en un monstruo. ¿Cómo podríamos trasladar este acontecimiento al planteamiento de Žižek? Un empresario voraz, que se refugia en las causas humanitarias —comunista liberal— podría comprender únicamente la violencia del sistema hasta que se convierta en un proletariado… Pero quizás hay otra alternativa. Recordemos la escena de la reciente El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese: Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio), está en una reunión de trabajo mientras planea una estrategia económica turbia. De pronto, aparece una frase reveladora. Y enseguida la canción más famosa de Freaks: We accept them one of us. Copul gobul one of us… La secuencia no es fortuita. Para Scorsese la violencia también es sistémica. Se encuentra en el capitalismo. En Wall Street, concretamente. Está ante nosotros, pero no la vemos.