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Femme Gang: subvertir los muros, por Paola Eguiluz


Septiembre, 2018

Cuernavaca es una palmera, una alberca, una barranca y un automóvil sin placas que te sigue en la calle mientras tres hombres abordo te chiflan, insultan y ríen.

Para las personas que se preguntan por qué seguimos hablando de violencia de género, la respuesta es simple: durante los primeros 200 días de 2018 se han cometido 39 feminicidios tan sólo en el estado de Morelos.[1] El acoso, las desapariciones forzadas y la impunidad continúan en aumento. En Cuernavaca, como en gran parte del país, el machismo está normalizado en todas sus manifestaciones, desde el señor de la tercera edad que viaja a tu lado en la ruta y te mira lascivamente hasta aquel que le quita la vida a una mujer.

Ante esta realidad, es importante continuar con la educación y sensibilización para erradicar el comportamiento social misógino. A través del wheat paste —recurso de bajo costo empleado en un inicio para pegar con engrudo propaganda y publicidad, popularizado en los últimos años en el arte urbano— cinco artistas que se definen como un grupo de mujeres dedicadas al vandalismo y a la vida de la calle, se han apropiado de la ciudad de Cuernavaca para exponer sus inquietudes.

La Femme Gang, colectivo formado en 2014 en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), está integrado por Bunny (Texcoco), Santa (Cuernavaca), Black Wytch (Cuernavaca), Prism (Acapulco) y Mar de Lío (Ciudad de México). Quienes comenzaron a hacer intervenciones en la universidad y posteriormente surgió la necesidad de salir a las calles. Así, optaron por el wheat paste por la libertad que les da para experimentar con los detalles y porque es más práctico pegar algo terminado que hacer una pieza directamente en el lugar.

Niñas Dios, brujas, sirenas, vírgenes, cupidos y mujeres con cabeza de conejas emergen de muros, registros de teléfonos, ventanas, nichos abandonados y señalética. Los temas, decididos en consenso, atraviesan la religión, política, sexualidad, feminidad y distintas festividades o acontecimientos; como las pasadas elecciones presidenciales, para las que hicieron imágenes circenses aludiendo al espectáculo en que se convierte la política. Respetando su estilo y visión personal, cada integrante diseña distintas imágenes para posteriormente pegarlas en conjunto.

“Demostrar que somos fuertes, por eso salimos en la noche y nos vestimos como queremos. Se trata de empoderar a las mujeres y hacer que se sientan seguras con su cuerpo”. Mar de Lío

La serie Musas nocturnas (2018) está pensada en relación al sitio donde se emplazaría: una calle del centro rodeada de hoteles de paso, en donde es sabido se ejerce la prostitución. Así como esta sutileza de hacer visible una situación de la que nadie parece querer ocuparse, Femme Gang aborda cuestiones relacionadas al cuerpo femenino y sus procesos fisiológicos. Copas menstruales y mujeres desnudas nos confrontan en el tránsito cotidiano. Para Bunny, el espacio público es mucho más atractivo: “en la calle te ve más gente que en un museo”.

Las opiniones sobre sus obras están divididas, por un lado, la comunidad artística dedicada al arte contemporáneo las cuestiona desde parámetros conceptuales y formales. Por el otro, los grafiteros no toman en serio su trabajo por no pintar con aerosol: “nos menosprecian porque creen que somos niñas jugando a pegar cartelitos y stickers. Nos interesa que se escuche la voz de las mujeres y cambiar la idea de que el arte callejero sólo es para hombres. Nosotras también tenemos derecho de hacer”, comenta Mar de Lío.

Pero más allá de la discusión de si lo hacen por moda o por convicción, lo urgente es pensar cuál es la relevancia de su quehacer. El hecho de que sean mujeres representando mujeres que se reapropian de la calle —que histórica y socialmente ha sido dada a los hombres—, implica subvertir el espacio y eliminar la barrera entre lo privado y lo público. Alienta a su vez a otras mujeres a salir y tomar los lugares catalogados como peligrosos.

Iniciativas como Tuit callejero, que por medio de hojas blancas de papel escritas a mano denuncia casos de mujeres desaparecidas y asesinadas, con detalle de fecha, lugar y circunstancias de los hechos; así como Grafemm, cuya postura es abiertamente política y comparten información proaborto y sobre desapariciones de mujeres en Morelos, son muestra de que Cuernavaca tiene necesidad de pronunciarse.

Aunque ellas no se asumen feministas sus obras tienen potencial de cambio. En el proyecto Mujeres arriba (2018) retomaron la estética de la época de las sufragistas acompañadas de frases como “Las chicas sólo quieren derechos humanos fundamentales” y “No estás sola”, con la intención de investir de poder a las mujeres a la par que ellas mismas lo hacen al caminar juntas en la noche. Probablemente lo más loable de las Femme Gang es la totalidad del proyecto, la pega de las imágenes es una pequeña parte del todo: “somos un gang de mujeres que salen a patinar, somos una red de apoyo, salimos a beber, platicamos sobre nuestras preocupaciones y además hacemos arte”, enfatiza Bunny.

Salir en conjunto no evita que el taxista se detenga a chiflarles, sin embargo, el estar unidas les brinda confianza. El trabajo de Femme Gang es un aliento para las que transitamos por las calles y vivimos el acoso. Sus imágenes son una compañía visual en el camino y un recordatorio para continuar verbalizando de todas las maneras posibles la misoginia ejercida contra nuestros cuerpos, acciones y pensamientos.

Imagen: Facebook Femme Gang.

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[1] Información disponible para consulta aquí.

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Paola Eguiluz (Ecatepec, 1986) es artista, curadora e historiadora de arte. Estudió Artes Visuales en la Universidad Autónoma de Querétaro y la maestría en Historia del Arte (Estudios Curatoriales), UNAM. Actualmente es coordinadora de exposiciones en el Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano.