archivo

Every night temo ser la dinner, una práctica antagónica, por Iván Ruiz


Por Iván Ruiz | Enero, 2017 

El aguijón de una fotógrafa regia: “Todo seems disconnected y todavía no sé qué es lo que busco. A lo mejor it’s something que nunca voy a encontrar or it’s something que ya encontré”. El veneno de esta frase se concentra en una modalidad léxica distante con respecto a los hablantes del centro del país y en un componente semántico que abraza la contradicción. Sofía Ayarzagoitia (Monterrey, 1987), autora de esas líneas escritas en espanglish, materializa a través de su habla fronteriza un conflicto creativo basado en la desconexión de imágenes y en el autorretrato. Es algo que viene trabajando de tiempo atrás. En 2013 realizó una serie titulada Date-break. Se trata de la documentación de un viaje a Grecia con su entonces pareja sentimental. En una entrevista para Fototazo, le contó a Alejandro Cartagena que en esas fotografías “se puede observar un proceso de autodestrucción”, en donde se cruzan “la frustración, tristeza y desilusión que sentí en ese instante.” El mismo año, otro fotógrafo mexicano compuso un ensayo sobre su duelo amoroso. En El primer día, el último, Omar Gámez (Ciudad de México, 1975) imprimió una frase lacónica en la primera página de su fotolibro: “Un día impreciso de septiembre de 2005 conocí a Clement y juntos iniciamos un romance. El 14 de diciembre de 2011 terminó. En estas páginas está la mitad de la historia”. Evidentemente, en ambos proyectos reaparece la genealogía documental de la debacle amorosa, tanto en su versión de instantáneas íntimas como de un diario fotográfico que se escribe a prueba y error, tal y como lo han practicado desde hace varios años Nan Goldin, Larry Clark, Antoine D’Agata o Slava Mogutin. Pero a diferencia de estos ensayos en primerísima persona —concentrados en atmósferas que transitan entre el dolor, la cotidianeidad y la pornografía— para su nuevo proyecto Sofía Ayarzagoitia recurrió a una estrategia que ya había puesto en práctica Omar Gámez en su diario porno-voyeur (The Dark Book, 2009). Construir un autorretrato desde la ausencia. Every night temo ser la dinner reincide en la metáfora del predador-presa pero con un añadido antropófago, en donde ritual, carne humana y animal se funden a través de once encuentros con hombres de diferentes nacionalidades radicados principalmente en Madrid, donde Ayarzagoitia realizó su Máster Europeo de Fotografía de Autor en el IED.

Mbagne, un senegalés que vive en España desde hace diez años, es presentado por la fotógrafa del siguiente modo: “Mbagne vende trips en una agency in Lavapiés. Quería hacer algo special for him, so le llevé un fish como ofrenda. Después de one week or two, empezamos a datiar”. Un proyecto de corte experiencial, en donde el cuerpo de la fotógrafa se involucra en diferentes niveles con sus modelos, es antagónico con respecto a un documental tradicional. Más aún si pensamos en un concepto de otredad determinado por el color de piel. Si como ejercicio pensamos a la negritud como una vía de exploración documental en la fotografía contemporánea y proponemos Tierra negra (1992-1993) de Maya Goded como punto de partida y Every night temo ser la dinner como punto de llegada, veremos que las diferencias son sustanciales. No en términos de mayor o menor calidad, sino en la forma de concebir, ejercer y transmitir la práctica documental. Ambos proyectos fueron producidos en una edad temprana y contaron con la asesoría experta de editores para su publicación, y en los dos se reconoce claramente una genealogía documental precisa. Lo sustancial sería entonces su aire de tiempo, su forma de inscribirse y de reconocerse en términos de identidad fotográfica. A la par de prácticas documentales sobre la otredad que se están desarrollando en este momento (proyectos de Melba Arellano, José Luis Cuevas, Giulia Iacolutti o Mauricio Palos, por mencionar un pequeño conjunto destacado), Ayarzagoitia también ha dejado atrás la figura que Lorna Scott Fox denominó, en 1993 y a partir de una radiografía crítica de nuestro contexto documental, fotógrafo escrupuloso: aquel que “trata de evitar la multitud de pecados que lo amenazan, como el exoticismo, el didacticismo, la seudo-objetividad antropológica, la fascinación clasemediera por la pobreza y lo panfletario”. El artículo de donde está extraída esta cita —“Antropoesía. La fotografía documental en México”— es una pieza clave para entender cómo se puede pensar hoy en día otra forma de documentar un entorno ajeno, como el de los once hombres que pueblan Every night temo ser la dinner. En su momento, para Scott Fox el problema de fotografiar al otroresidía en que la práctica no terminaba por ser contundente en su propósito: “El lenguaje de la fotografía documental en México es abiertamente subjetivo y a la vez respetuosamente mesurado, vive en busca de la belleza formal pero también se preocupa por mostrar algo de la realidad exterior.” Lo abrupto de las imágenes de Ayarzagoitia, su imperfección técnica y su cadencia irregular a través del encadenamiento de palabras e imágenes, todo ello no hace más que constatar que su proyecto pertenece a una nueva era documental. Guste o no (1).

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

1. Antes de que el jurado de la XVII Bienal de Fotografía de Centro de la Imagen le otorgara el primer lugar del certamen, los miembros del comité asesor de La Fábrica —compuesto por catorce personalidades de la fotografía alrededor del mundo—, declararon a  Every night temo ser la dinner como el proyecto ganador del concurso de maquetas 2016. El fotolibro ya fue presentado en ParisPhoto en noviembre del año pasado. Ayarzagoitia fue seleccionada por la revista Foam Magazine como uno de los 24 talentos internacionales de fotografía. Además, durante este año el proyecto se presentará en Red Hook Labs (Nueva York) y en Beaconsfield Gallery Vauxhall (Londres).

Fotos: Cortesía de la artista.

——

Iván Ruiz es investigador en el área de arte contemporáneo del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Es ensayista y curador.