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Escrituras ineficientes: una lectura de la obra de Víctor del Moral, por Esteban King Álvarez


Noviembre, 2017

“…la escritura y el lenguaje son serpientes que se muerden la cola”.

Anónimo, s. XII.

—uNo—

La historia de la escritura es indisociable de la noción de poder. Los primeros textos que conocemos narran la historia de gobernantes o dioses y su función es, ante todo, legitimadora. De igual forma, su desarrollo histórico no se puede pensar sin la economía. Para llevar a cabo inventarios con listas, cantidades y precios, los comerciantes elaboraron sistemas que hicieran más eficaces sus procesos y transacciones. La escritura, en pocas palabras, ha tenido siempre una función utilitaria y productivista en el ámbito económico, político o social.

Desde esta perspectiva, la historia de la escritura en Occidente y sus diferentes tecnologías puede ser vista en paralelo a la noción de eficiencia. Por ejemplo, durante siglos los escribanos medievales realizaron copias de libros con las letras mayúsculas heredadas del alfabeto romano. En ese entonces, como ahora, escribir en mayúsculas era una tarea penosa, que requería tiempo y una buena dosis de paciencia. Las minúsculas, en cambio, forman parte de un programa grafo-kinético diferente: sus trazos posibilitan dejar menos aire entre las letras y hacer la escritura más fluida. La escritura cursiva, de hecho, proviene del latín cursus, que significa “carrera” o “ser más veloz”. Como parte de su proyecto de unificación imperial, Carlomagno instauró a inicios del siglo IX el sistema de mayúsculas y minúsculas para uniformar la copia de los manuscritos. Esta revolución de una escritura diágrafa es tal vez la invención tecnológica más importante de la Edad Media.

Con la imprenta, la posibilidad de copiar textos se multiplicó de manera aún más radical. Sin embargo, más que por el impulso de la difusión del conocimiento, la imprenta está marcada por la economía. Si los banqueros invirtieron en libros —sobre todo, biblias y misales— fue porque vieron en ellos la posibilidad de hacer negocios. Fue entonces cuando comenzó la época de los Best-Sellers.

Hagamos ahora un brinco arbitrario y sesgado hasta nuestro presente.

Hoy escribimos desde mensajes de texto, hasta cartas y ensayos —¡como éste mismo que discurre entre las veloces teclas de mi computadora!— a partir de procesadores de texto, donde los impulsos digitales han substituido al trazo de la mano e incluso el golpe de la máquina de escribir para llegar a las pantallas digitales. Nadie puede estar en desacuerdo: en el ámbito de la escritura, los hombres y mujeres del mundo contemporáneo somos mucho más rápidos que cualquier siervo del pasado. En pleno siglo XXI, un gerente corporativo no dudaría en volvernos empleado del mes en la sección de “escrituras más eficientes en la historia de la humanidad”.

dOs

La obra de Víctor del Moral (México, 1987) forma parte de un movimiento subterráneo que se ha movido a contracorriente de la función productivista de los sistemas de escritura. Retomando la tradición de la poesía concreta y visual, el artista ha realizado trabajos que se contraponen al sentido de eficiencia para el que las tipografías han sido diseñadas. Si bien, como en este caso —en las líneas que conforman todas estas palabras, pues— el uso de una “fuente” tipográfica tiene como finalidad volver mucho más eficaz la producción y lectura del texto, Del Moral ha aprovechado las cualidades visuales de las letras. En detrimento de la identidad de cada carácter, el artista ha generado piezas donde el alfabeto pierde su sentido. Sin embargo, su trabajo no se limita al ámbito de los grafismos y las tipografías, sino que se relaciona de manera general con el lenguaje, la poesía, los sonidos, las rimas y los juegos de palabras.

El proyecto RRITMA (2016) realizado para el Museo Experimental El Eco, se movía en esta dirección. Se trataba de una exhibición que reunía varias de las preocupaciones y los recursos que han estado presentes en su obra desde hace años: los rollos del lenguaje, el tape para realizar intervenciones en el espacio, el uso sugerente de objetos que tienen una plasticidad tipográfica (como escaleras y tijeras), así como acciones que forman parte fundamental de la activación de la obra. En la exhibición, las letras operaban en el terreno plástico y visual y no tanto en el de la legibilidad. En este caso, el texto no nos lleva a ninguna parte, ni es más rápido, ni se puede leer… Por el contrario, es ineficiente. Lo que encontramos es un recreo perpetuo que enfatiza sus formas y materialidad. O como dice Del Moral: “¡Texto textarudo eres solo textura!”

Uno de los elementos que sobresalía en el montaje de El Eco era el uso de los positivos y negativos de las plantillas para generar letras. Es decir, las letras estaban presentes en tanto que ausencias, de manera que la obra aparecía como el negativo del lenguaje. Otro elemento insoslayable era un ventilador que funcionaba como una lecto-escultura-cinética. La mejor manera de describir este artefacto en perpetuo cambio es el nombre de otra de las piezas del artista: Words are gone with the wind, bla, bla, bla / Puro rollo.

Un elemento particularmente rico en significados, y que había aparecido ya en otros de sus trabajos, es el recurso especular. Gracias a la instalación de un espejo de gran formato situado en el fondo de la sala, el espacio se duplicaba, de manera que una letra “A” formada por una escalera se convertía en una “X”, transmutando así la supuesta identidad que corresponde a las letras del alfabeto. Al mismo tiempo, con esta operación el espectador-lector era trasladado inevitablemente al centro mismo del proyecto, de manera que la exhibición se convertía en un gran texto ilegible que era también habitable. Desde esta perspectiva, RRITMA puede ser interpretada como un espejo del mundo: un texto que habitamos, vemos e intentamos descifrar, pero que nunca logramos ni lograremos entender del todo.

—tREs—

ACOTESOMERTXENACOTESOMERTXENACOTESOMER…

Hay una obra de Víctor del Moral que parece cifrar las posibilidades lúdicas de su trabajo. Se trata de un círculo conformado por letras realizadas con una plantilla, que permite generar diferentes lecturas, cada una de las cuales encierra señalamientos importantes en torno a su obra. Aquí algunos ejemplos:

Nacotes extremos se refiere a su interés por el lenguaje en el ámbito mexicano. Aunque siempre pensando en la tradición occidental, Del Moral no niega sus raíces. Lo “naco” —palabra que condensa a la sociedad mexicana clasista y racista de la actualidad— no escapa al léxico del artista.

Tremos et Ocanex. El proverbio es claro: tremos, futuro de tremi en esperanto, Temblar; et, conjunción; y Ocane, del latín clásico, Ogenus, Océano. “Temblará y Océano”. La cita remite lúdicamente al caligrama marítimo de Apollinaire donde se mencionan México y Acapulco, al tiempo que funciona como statement sísmico sobre el lenguaje: “el temblor (de la palabra) conducirá al océano”.

Xenacote Somert (Bulgaria, 1922-1987) fue un autor prolífico que vivió en la era socialista de la República Popular de Bulgaria. En sus textos, condenados por el régimen, elaboró un sistema de citas cifradas que le permitieron criticar la sociedad donde vivía y al Partido Comunista Búlgaro. Somert murió el mismo día en que nació Víctor del Moral.

Extremos se tocan. La forma del diagrama no es arbitraria, sino que funciona como un Ouroboros: la escritura y el lenguaje son serpientes que se muerden la cola.

Foto: Rodrigo Valero Puertas, cortesía Museo Experimental El Eco.

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Esteban King Álvarez es licenciado en Historia y maestro en Historia del Arte por la UNAM. Se desempeñó como curador e investigador en el Museo Universitario del Chopo y actualmente coordina el programa de exhibiciones en Espacio de Arte Contemporáneo (ESPAC).