Entrevista

Entrevista | Verónica Gerber Bicecci


Por Andrea García Cuevas / @androclesgc | Septiembre, 2015

En Conjunto vacío Verónica Gerber Bicecci construye una historia que transita entre lo literario y lo visual. Cuenta la historia de Verónica, una artista que se enfrenta a los constantes vacíos que existen y se construyen a lo largo del relato que es la vida. Un recorrido donde las palabras y las imágenes se entrelazan para cautivar al lector.

En tu trabajo siempre ha existido un interés por las letras y lo visual. Parece que entre ambas hay un espacio de intersección —incluso simbólico—, que se ve también en tus piezas. ¿Cómo concibes esta relación o diálogo?

Siempre me ha seducido la certeza de que somos incapaces de ver (e incluso imaginar) la cuarta dimensión. En el Cuarteto de Alejandría, Lawrence Durrell intenta, por ejemplo, reproducir la teoría de la relatividad a través de cuatro libros, cada uno de ellos una dimensión. Y esos libros han sido una especie de hogar o punto de partida para mí. Todo esto es para decirte que me interesa la idea de dimensión. Es decir: no se trata tanto de pensar o comparar qué me da un lenguaje o de qué es incapaz el otro, sino de la necesidad de trabajar con diversas dimensiones. La necesidad de configurar una especie de ecuación dimensional más que una historia.

Hay una frase de Michel de Certeau que siempre me ha parecido extraordinaria: “El espacio es al lugar lo que se vuelve la palabra al ser articulada” (La invención de lo cotidiano. 1 Artes de hacer, 1946). En Conjunto vacío la frase me parece que se hace presente. En este sentido, ¿cómo concibes (o concebiste) el espacio en relación con la palabra y la imagen?

Tal como lo percibes. Y sí, la frase de Certeau es bellísima, trabajé el libro pensando en tres dimensiones estructurales y sus posibles desdoblamientos o articulaciones: el lenguaje verbal (la palabra escrita), el lenguaje visual (los diagramas) y el lenguaje espacial (el ordenamiento o composición de los pasajes del libro en las páginas). Cada espacio en blanco tiene un sentido y es parte de todo ese conjunto vacío o máquina de desaparición que busca ser el libro.

¿Es la narrativa una forma de ocupar el espacio? Uno de los pasajes más bellos y simbólicos del libro es el recorrido que hace Verónica por una exposición.

No me interesa tanto ocupar un espacio sino construirlo a través de los desdoblamientos entre texto, página y dibujo. En ese pasaje, el de la exposición, quería convertir la página (o algunas páginas) en salas de exposición y, para lograrlo, tuve que intentar pensar “curatorialmente”, aunque a falta de un lugar real, creo que lo que hice fue más bien un ejercicio de edición, es decir: pensé como editora. En cualquier caso, implicó una larga investigación. Y también pasó algo muy curioso: el año pasado Esteban King me invitó a participar en una exposición colectiva que se llamó Transcripciones, y que comparte varias inquietudes e incluso piezas con la exposición de Conjunto vacío. Pasamos varias horas conversando en un café: yo le contaba qué piezas iba a tener mi exposición ficticia y él me contaba cuáles iba a tener la suya, que se llevó a cabo en el Museo del Chopo. Incluso le pedí abiertamente que no le pusiera un título rimbombante ó académico como el que, en burla, sí tiene la exposición de Conjunto vacío: Poéticas de lo ilegible: Disgrafía, hipergrafía, letrismo y otras escrituras visuales del siglo XX. Recuerdo esa sesión con enorme cariño porque la constante relación entre el “espacio real” y el espacio de la página (o de la ficción) también me interesa mucho en todo el libro.

A propósito de la narrativa, en Conjunto vacío no hay una narración lineal ni convencional, ¿crees que pueda ser más como un rizoma cuya estructura es apoyada por la imagen?

Diría que es más bien una especie de diagrama de flujo (texto, figuras geométricas, espacio), aunque tal vez un tanto inoperante. La imagen es, espero, parte de la estructura y no una muleta en la que el resto se apoya… Trato de evadir la palabra rizoma porque me parece que se han cometido ya demasiadas atrocidades en su nombre.

A lo largo de Conjunto vacío, los gráficos o diagramas aparecen como una extensión del lenguaje escrito y no como ilustraciones. Como dice el dicho, “¿crees que una imagen dice más que mil palabras?” ¿O se trata de una abstracción de la escritura (o del lenguaje)?

Se nos olvida constantemente, pero la escritura (es decir, el lenguaje verbal) también es una abstracción en sí misma. Tal vez es la más tramposa de todas porque creemos que lo conocemos muy bien. Así que, en ese sentido, tanto los diagramas como las palabras o el espacio en blanco están en un mismo plano, aunque son procesos distintos de abstracción, claro. Vuelvo a una palabra que usé al principio: dimensión. No se trata, para mí, de hacer abstracciones de la escritura a la imagen ni viceversa, o de buscar jerarquías entre una y otra, sino de configurar un conjunto de diversas dimensiones de lectura.

Así como en tu proyecto Los hablantes, en Conjunto vacío los diagramas de Venn sugieren una serie de relaciones (las establecen, las rompen o las separan). Por otro lado, también parece haber mensajes encriptados (en los correos que se intercambian Alonso y Verónica) que transforman la dinámica de la lectura —como si no se pudieran leer, así como en Biblioteca ciega. Así, son dos forman de acercarse a la lectura. Dos preguntas sobre esto:

¿Te interesa llevar al lector a un límite con respecto a la forma en como leemos?

Sí, me interesa experimentar con las posibilidades de la lectura. Y es cierto que esta búsqueda atraviesa todo mi trabajo. También me interesa sacar al lector-espectador de su “estado de confort” pero no para “ponerlo a trabajar” gratuitamente sino con la firme intención de dejar de subestimarlo. Creo que mucha de la literatura y arte contemporáneo que se hace hoy en día (esa que por lo general se traduce en números con muchos ceros) subestima al lector-espectador de forma casi insultante, y eso sólo puede ir en detrimento de la escritura y de las imágenes.

En Retórica de la imagen, Roland Barthes cuestiona las posibilidades de la imagen como un sistema de significación. Sin embargo, me parece que las imágenes también se leen. ¿Crees que las imágenes son un sistema que se puede leer? O, mejor dicho, ¿cómo crees que las imágenes adquieren sentido a diferencia del lenguaje o la palabra escrita?

Esta pregunta da como para escribir una tesis. Pero sí, coincido contigo, también creo que las imágenes se pueden leer, sin duda. La cuestión, tal vez, es entender la lectura como un proceso que no necesariamente o no solamente tiene que ver con interpretar. No soy experta en el asunto, pero antes había un sistema “simbólico” que nos permitía interpretar las imágenes casi como leemos el lenguaje verbal; es decir, había una guía iconográfica con la que podíamos decir: “este es Eros”, “esta es la Anunciación” y descubrir tal o cual mito representado en la imagen a través de este “alfabeto simbólico” o sistema de significación que, de hecho, provenía principalmente de la literatura: la mitología y la Biblia.

La imagen se fue despegando poco a poco de estas formas de representación simbólica para dejar de funcionar como ilustraciones de los textos o de la tradición oral. Por eso, en parte, ya no tenemos una guía que diga “esto es a”, “esto es b”, “esto significa esto”, pero eso no quiere decir que la imagen ya no se pueda leer. La teoría sigue desarrollando metodologías y estrategias que se correspondan con lo que le está pasando a las imágenes hoy en día. Personalmente, trato de alejarme de la idea de interpretación o de lo que Ariella Azoulay llamaría iconización (esa forma de violentar la imagen al imponerle un sentido reductor) y me inclino por la idea que tú propones, la de lectura. “Leer” una imagen, porque el verbo “leer”, a diferencia de “interpretar” implica la visualidad, es decir, cuando leemos podemos imaginar a alguien viendo algo, usando su sentido de la vista. En cambio “interpretar”, al menos en mi imaginación, pareciera un ejercicio puramente mental que olvida fácilmente a la imagen y puede incluso imponerse sobre ella. Y creo que la única forma de realmente leer una imagen es poniéndole atención: hay que mirarla, observarla, entrar en ella, recorrerla, darle lo que Didi Huberman llama “tiempo de trabajo”.

En los agradecimientos del libro mencionas que algunos de los dibujos son homenajes a Cy Twombly, Ulises Carrión, Alighiero Boetti, Vicente Rojo, Carlos Amorales, entre otros artistas. Independientemente de que sean artistas que admires, ¿qué tienen en común estos artistas que te llamó la atención en este ejercicio donde se encuentran el dibujo y la escritura?

Todos los artistas que aparecen en los agradecimientos son de quienes tomé alguna pieza para hacer el pasaje de la exposición. No creo que la totalidad de su obra tenga que ver con estos asuntos del dibujo y la escritura, pero lo cierto es que todos ellos han explorado, de una u otra forma, la posibilidad de un alfabeto alternativo, una escritura cuya abstracción requiere un sistema distinto de decodificación (si es que lo tiene) del que nosotros utilizamos para leer, por ejemplo, esta entrevista. Era importante para mí mostrar las genealogías de Conjunto vacío, y cada una de las piezas de esa exposición (así como otras cosas en otros pasajes) está ahí, en parte, por esa razón.