Entrevista

Entrevista | Marcela Armas


Por Fernando Pichardo | Enero, 2020

En su segunda edición, Connecting the Dots (Foro Internacional sobre Creatividad, Arte y Cultura Digital) reunió distintas propuestas contemporáneas que interactúan con el territorio urbano y natural, ampliando el debate sobre el papel del arte/artista en una sociedad cada vez más tecnológica. A propósito de su participación, Marcela Armas (México, 1976) comparte reflexiones en torno a la relación arte-tecnología, dicotomía presente a lo largo de su producción artística.

En un momento donde la sociedad parece enfocarse en asuntos de desigualdad, precariedad económica y ola de violencia, ¿por qué resulta pertinente la discusión sobre arte, territorio y tecnología en México?

Porque hoy más que nunca nuestras tecnologías problematizan las múltiples formas, nociones y sentidos de lo que significamos como territorio y es el arte una de las herramientas nodales que puede facilitarnos y vincularnos a espacios de intercambio, reflexión, distanciamiento, observación, empatía, afectos, para preguntarnos por nuestras formas de relación con el mundo. La desigualdad, la precariedad económica, la ola de violencia no son temas ajenos a nuestros modos de consumo material y virtual, a las pequeñas acciones que violentan nuestro entorno vital, natural, social.

Durante el conversatorio en Connecting the Dots, hablamos sobre el arte, entendido como nuestros procesos creativos y la relación de lo tecnológico con diferentes nociones de territorio y distintas formas de abordarlo.

¿Y qué particularidades, peligros y posibilidades encuentras en las tecnologías que nos acompañan?

El mayor de los peligros es la competitividad. La mayor de las posibilidades, la colaboración. La tecnología es parte de nuestra naturaleza humana, es la piedra angular de lo que somos ahora como civilización y de la relación que tejemos con el resto de la naturaleza. Podemos desplegar nuestro ser tecnológico como se despliegan los sueños y materializar todo lo que podamos imaginar. Imaginación, imagen y magia se corresponden.

Si usamos el inmenso potencial que tenemos como especie, teniendo conciencia de la importancia de la intención, podemos orientar la tecnología para contribuir, haciéndola inclusiva y constructiva para potenciar la vida. Creo que es muy importante buscar las formas de canalizar la tecnología para el bien común. Necesitamos reprogramarnos, reconociendo el potencial del individuo al servicio de la colectividad, y entender la importancia de la conciencia y responsabilidad histórica.

En este tránsito tenemos que hacer un gran esfuerzo porque estamos habituados a hacer lo contrario, a no reconocer, aceptar y apreciar la diferencia, a no ceder nuestro espacio propio individualista. No es anular al individuo, es integrarlo y reconocerlo, saber que la tecnología podrá ayudarnos si no está por encima de nosotros mismos y de la naturaleza.

Es importante reconocer que el conocimiento comunitario anclado en la experiencia es el más sólido fundamento de todo objeto tecnológico para el porvenir. Como ejemplo pienso en el problema del maíz nativo en México —centro de origen— y la guerra que están librando los agricultores y defensores de esta semilla ancestral con las patentes corporativas, cuyas tecnologías son discrecionales, sin ningún tipo de precaución ni certeza científica y no están orientadas para el bien común.

¿Cuál sería tu definición de naturaleza?

Las definiciones crean límites al no ser inclusivas, pero acepto el juego: La naturaleza es como el horizonte: une en empatía a todas las entidades del cosmos, las infinitamente grandes y pequeñas, diversas, misteriosas y perfectas.

¿Cuáles son las lecturas políticas que identificas dentro de los ecosistemas que integran a la Ciudad de México?

En el caso emblemático de la Ciudad de México, que es paradójico que sea un lugar donde se congregan tantos diálogos y luchas por la biodiversidad, veo la batalla con respecto al agua, que atraviesa y define la naturaleza lacustre de la cuenca de México y todos los cuerpos vivos que la habitan. El trato que le estamos dando al agua olvidando que es una entidad viva en si misma, portadora de memoria, de fluidez vital y fuerza anímica, pero también reconociendo los movimientos de resistencia, restauración e iniciativas que buscan revitalizar esta potencia de vida.

También el aire, cuya misión primordial es la de purificar y permitir el movimiento y que se ha convertido en un vehículo de veneno químico y contaminación electromagnética. Y todo lo que se refiere a la autonomía, especialmente energética y alimentaria, que en esta ciudad está devastada, pero resurgiendo de los escombros a escalas ínfimas y potentes.

¿Podemos hablar de un estado del arte-tecnología en México?

No sabría identificar un punto de partida, porque hay muchas cosas pasando y sobreponiéndose unas a otras, y antes de terminar de definir algo, ya cambió. Hay una hegemonía de las tecnologías digitales sobre los entornos creativos —sobre la vida en general pues— e inherente a estas plataformas es su inminente caducidad. Las empresas de tecnologías digitales están apostando mucho a las industrias culturales y se puede sentir como esto se permea en el entorno social.

Pero también coexisten muchos discursos, narrativas y accionamientos disidentes que van a su ritmo propio, ya sea que integren lo digital o no. Es evidente que hay una corriente dominante que arrastra muchas cosas a su paso —pareciera que casi todo—, pero existen intersticios desde donde se hace posible la observación o la pregunta crítica sobre lo que acontece y cómo las tecnologías transforman los modos de la experiencia, la percepción, las relaciones, los modos de operar.

Me parece que las dos primeras décadas del siglo, el arte tecnológico en lo general, se volcó mucho a la forma y la técnica, en una natural exploración de los medios. Ahora se siente un vuelco al mundo biológico, la naturaleza, lo geológico, la mente, lo comunitario, hay un regreso a las profundidades de la materia y el espíritu, obviamente en el contexto de un mundo cualitativamente distinto.

¿El antropoceno y la crisis ambiental ha impactado en tu producción artística?

Ha impactado de manera significativa, me pregunto constantemente cómo desplazarme del señalamiento para integrarme en un accionar de manera positiva, y cómo colaborar con lo que mi contexto necesita. Para empezar me di cuenta que no podría crear ese cambio que deseo si mis posibilidades de autonomía son casi nulas, así que ahora nos estamos mudando a una comunidad rural.

En este tránsito estamos dándonos cuenta que el mundo necesita mente y corazón local. A partir de las necesidades apremiantes que ahí surgen, de eso se van nutriendo los proyectos. Estamos viajando menos y aprendiendo a formar comunidad, es un proyecto de vida, lo más complejo es el trabajo colectivo, el aprender a escuchar al otro, aceptar la diferencia y apreciarla.

Ahora estoy por cerrar Tsinamekuta, un proyecto que implica un cuestionamiento ético sobre la huella humana en el mundo mineral y la tierra. Sobre la memoria y la sabiduría de los pueblos originarios.

Finalmente, ¿cuáles son tus propuestas para involucrarnos de manera activa en la comunión entre naturaleza, tecnología y ciudadanía?

Apostarle a la conciencia, sensibilidad y empatía. Arte y educación para promover la vida y no el capitalismo. Educarnos a nosotros mismos y contribuir con el ejemplo. Formar asambleas locales de pequeña escala, para practicar el diálogo y la escucha. Consumir menos y conscientemente. Gandhi decía que el desperdicio es violencia.

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Foto: Tsinamekuta. Obra en proceso que se basa en el descubrimiento de un mineral magnético llamado pirrotita dentro de una mina activa ubicada en una montaña del altiplano Potosino. La pirrotita es un sulfuro ferroso que se distingue por sus propiedades magnéticas. El proyecto se desarrolla a partir de la construcción de una serie de instrumentos para la detección e interpretación sonora de la memoria magnética de este mineral, así como procesos de inducción de nuevos campos magnéticos en su superficie, en diálogo y colaboración con habitantes de la región donde se eleva esta montaña.