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Entrevista | Luis Manuel Otero: el gesto del arte en resistencia


Por Pamela Ballesteros | Junio, 2018

“[…] en mi calidad de artista, no acepto ninguna consigna o propósito, propio o extraño, que aún respaldándose de la mejor buena intención, someta mi libertad estética al servicio de tal o cual propaganda política”, enuncia el escritor peruano César Vallejo en su texto sobre literatura proletaria.

Con la intención de descentralizar y esparcir el arte dentro de la ciudad de manera autónoma, el pasado mes de mayo tuvo lugar la #00Bienal de La Habana como acto disruptivo a la bienal oficial que sucede cada tres años en la isla. Así, durante diez días artistas locales y extranjeros ocuparon estudios, talleres y espacios independientes bajo la vigía hostil del gobierno cubano.

La iniciativa fue convocada por los artistas Yanelys Nuñez Leyva y Luis Manuel Otero, quien platica sobre la atmósfera de opresión en la que habita y activa la creación artística independiente como resistencia.

A un mes de la #00Bienal ¿Cuál es el clima presente dentro del campo artístico en Cuba? Platícame cómo sucedió el evento aún con los percances causados por el gobierno.

El arte cubano está pasando por un momento de suma represión, comparado con el llamado Quinquenio Gris, período setentiano que la historia recoge como el de mayor persecución a los intelectuales cubanos. De hecho, en el argot del medio le llaman Quinquenio Prieto a lo que está ocurriendo ahora mismo, haciendo alusión al apellido del Ministro de Cultura Abel Prieto.

La centralización del sistema institucional, la paranoia y el miedo a perder el poder de los funcionarios públicos, sumado a las acciones que desarrolla la alternatividad artística como los Festivales de Poesía sin Fin, los talleres del Instituto de Artivismo Hanna Arendt o los eventos del propio Museo de la Disidencia en Cuba, han desatado una casería de brujas por parte de la Institución Arte o si se quiere, del gobierno cubano. Y el panorama se vuelve desolador ante la falta de dirigentes aptos, inteligentes e interesados en defender la cultura por encima del proyecto político imperante, unido a la ausencia de intelectuales que ejerzan la crítica, la teoría o la curaduría con rigor, profesionalismo y riesgo.

La #00Bienal de La Habana se desarrolló en este contexto al que habría que agregarle el “cambio de presidente”, algo sumamente delicado amén de toda la apatía política que se vive en la isla. El gobierno, como es el centro de todo y lo rige todo en Cuba, utilizó todas sus armas represivas y abusivas durante los 9 meses que duró la organización de la #00Bienal, pero lo que marcó verdaderamente la diferencia con respecto a otras circunstancias fue la respuesta de los más de 170 artistas participantes, entre los que se incluyen cubanos y extranjeros. Ellos resistieron abusos, chantajes y amenazas en pro del evento cultural.

Cada día se vivió con la duda de que la policía política llegase a nuestras casas y nos decomisara todo, hasta la vivienda o que nos incomunicara durante varios meses en alguna prisión. Por eso cada vez que nos levantábamos sentíamos que les habíamos ganado un día más y trabajábamos con más fuerza contra ese miedo. Y esto último era algo que nos interesaba mucho porque podría funcionar como un ejemplo para que el mundo intelectual cubano despertara del encartonamiento en que vive.

El evento fue todo un éxito pues incidió en el campo artístico y social pero también, en cada uno de los participantes y organizadores. Todos crecimos y reencontramos la semilla del arte, ese espacio puro de creación mas allá de los efectismos del mundillo del arte contemporáneo.

Estuvieron presentes una variedad importante de propuestas procedentes de México, Colombia, Rumania, Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, Brasil, Venezuela, Ucrania, España y por supuesto, de Cuba. Destacar una por encima de la otra sería injusto, pero siempre nos gusta nombrar las piezas de Reynier Leyva Novo[1]  y de Ernesto Oroza[2] por el gran impulso que significaron para el evento. Las obras retenidas por la Aduana fue Tú decides, del artista español Antonio Más y también fueron decomisadas 12 bolsas que formaban parte de la pieza Signos 36, deErnesto Oroza, además se impidió la entrada a la galería El Círculo el día de su inauguración. Estos son sólo algunos ejemplos de los atropellos que cometió la Seguridad del Estado en contra de la #00Bienal.

Pensar que el éxito no radica en la cantidad de obra expuesta o en el libre acceso de todas las actividades, sino en la resonancia de la iniciativa que cimbró a las autoridades cubanas, ¿qué consideras que la #00Bienal concretó en la escena local cubana?, ¿en la escena latinoamericana?

La atención mediática recibida tanto dentro como fuera de la isla fue un factor fundamental para la concreción de este proyecto, pero esto no debe desviar la atención de la verdadera represión desplegada por el sistema antes, durante y después a cubanos y extranjeros.

La #00Bienal fue un evento que impulsó a los artistas a cobrar una independencia cercenada por el gobierno. Logró unir a un grupo heterogéneo de artistas. Desmontó el mito de que todo debe salir desde la institución y que el poder es tan influyente que nada lo puede mover, pues un mes antes de realizarse la #00Bienal nadie pensaba que fuera posible llevarla a cabo e incluso aún hoy algunos creen que no se hizo.

En la escena latinoamericana pienso que se logró un nivel de conexión y una plataforma (ayudados por las redes sociales) de arte vivo. La #00Bienal se convirtió además en ejemplo para cada uno de los artistas participantes que desde sus países también se sienten oprimidos.

“En cada estudio una bienal” también fue un ejercicio por descentralizar la práctica artística de los escaparates oficiales o de restricción institucional. La pieza que miramos expuesta es sólo la punta del iceberg de investigaciones y producciones más amplias. Desde tu posición como artista, ¿cómo expandes la visibilidad del arte fuera del soporte expositivo estático?

Como artista hace mucho tiempo, tanto por búsquedas estéticas como por necesidad, he expandido mi práctica más allá del cubo blanco. Me encantan las redes sociales y el espacio público. Esto, unido a la censura imperante en Cuba me ha lanzado a estudiar otras posibilidades para exponer mi trabajo.

La #00Bienal es un poco el resultado de toda esa experimentación y conocimiento acumulado. Desde el principio supimos que no contaríamos con muchos espacios físicos de exhibición por lo que nos pensamos todo el evento para una zona flexible, que fluctuara entre lo virtual y lo público no autorizado. Esta manera de concebir la #00Bienal solucionó los posibles obstáculos que podíamos tener en el camino, desde la no presencia del artista participante en el país hasta la imposibilidad de exponer en un estudio o galería independiente determinado.

Otro detalle importante es cómo se ve el objeto de arte hoy, como un objeto de culto ultra caro e irreemplazable —y, ojo no estoy en contra de esto!— , pero la convocatoria de la #00Bienal no se realizó para esta manera de entender el arte, sino para un espacio de creación cuyos objetos pudieran resultar desechables, haciendo trascender lo más importante: el gesto.

Hablamos de que imprimimos fotos, textos, carteles o lo que fuera, con una fuerte carga discursiva, con los recursos más precarios o con lo que teníamos al alcance. Y no necesariamente la obra había sido pensada para ser producida de esa forma, pero los artistas se adecuaron a las condicionantes del evento.

El arte en su devenir ha utilizado materiales buenos y perdurables no por la calidad estética de la obra, sino por la propia vida del objeto en el tiempo y el valor de cambio que su trascendencia genere. En la #00Bienal la perdurabilidad o la posible venta de las obras —amén de que todo estaba disponible comercialmente hablando— no eran nuestras primicias, sino cuestionar el aquí y el ahora, aunque esto no quita que los artistas hayan participado por el deseo perenne de reconocimiento.

Por otro lado, hubo una posición de rechazo hacia la #00Bienal en la que se le juzgó de entorpecer y manipular la gestión oficial de la XIII Bienal de La Habana, de ser un ataque a la política cultural. Si bien la iniciativa independiente busca su emancipación de la institución, también es un hecho que las instituciones son parte del ecosistema cultural, ¿desde qué postura puede existir una cohesión operante entre ambas partes?

El ecosistema cultural es todo lo que nos rodea, desde la canción cursi hasta la obra de arte más radical. La institución es súper importante en un mundo normal, es un organismo que trasciende al individuo para erigirse a través de los tiempos, evolucionando y conservando lo mejor para sus hijos del futuro. El problema es que cuando en un país la institución está regida por un solo sistema de pensamiento que no permite el diálogo, se convierte en una dictadura y eso es una aberración humana.

Pienso que en la Cuba de hoy la cohesión no se podrá lograr desde la negociación tradicional, se logrará si los cubanos de todas las ramas salen de sus espacios de confort y se ponen a trabajar para presionar al gobierno.

La institución cultural cubana se encarga de reprimir no de generar espacios culturales, es una oficina más de la Fuerzas Armadas Revolucionarias, y con los militares no se dialoga se va a la guerra. Pero yo soy pacifista y mientras siga así seguiré apostando por los artistas e intelectuales independientes para salvar la cultura cubana.

¿Qué le da el carácter de revolucionaria a una obra artística?

Para mí, una obra revolucionaria, partiendo del contexto particular de Cuba, es un gesto que más allá de la forma o la manifestación que sea, remueva algo en su contexto; que trascienda la mera contemplación que una muestra de viernes por la tarde, para mover, cuestionar, dejar un camino trazado para que alguien que lo retome después.

Los grandes artistas han trascendido porque utilizando la herramienta del arte han aportado al mundo desde nuevos cuestionamientos estéticos y éticos, hasta verdaderas revoluciones sociales.

¿Cuál es el margen para que un movimiento artístico antihegemónico sea válido sin que se adhiera a un discurso demagógico?

Todo movimiento, tanto social como político o artístico, no está separado del individuo, es lo que diferencia a un movimiento de una institución. Las instituciones con bases democráticas trascienden al hombre, los movimientos responden a los cambios de la personas que los lideran. Hoy eres de una forma mañana de otra y el cambio puede ocurrir por distintos motivos: la economía, la vejez, el proyecto de vida, etc.

Pienso que los movimientos válidos, que aporten cosas en el momento histórico en el que viven son importantes porque mueven el listón hacia espacios de mayor libertad para que alguien venga detrás y los continúe. Si luego este movimiento se vuelve viejo es algo que no me interesa mucho, lo que no puede es convertirse en represor y definir la vida de alguien, si es así, lo critico y lo combato.

Te escribo desde México, aquí no existe una represión evidente contra la libertad de creación, sin embargo, se opera desde la precariedad y desde burocracias gubernamentales que ponen siempre en desventaja al gremio cultural. Si lo político es personal, ¿cómo trasladarlo al arte?, ¿qué detiene y qué detona la acción desde el quehacer artístico?

El arte es un eslabón más del organismo que es la sociedad. Un artista es un ente poderoso ya que está entrenado y domina la visualidad, las emociones, la ética y la estética; y luego todo este saber se usa en la dirección que decida el ser humano artista.

Lo que es revolucionario o plegado no es el arte, es el hombre, pues el único que puede orientar su miedo, su valentía, su preocupación por el otro o su oportunismo hacia un beneficio social o hacia uno personal.

El arte es un perro que obedece a su dueño.

Imagen: Estadística, de Tania Bruguera.

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[1] La pieza consistió en la donación de 3 80o.oo cuc a la #00Bienal, producto de la venta de su obra No me guardes si me muero, comprada recientemente por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas.

[2] Signos 36 es un concepto de publicación que germina en la oscuridad provocada por ese número perdido de la revista Signos que editó y dirigió, entre 1969 y 1985, el poeta, artista, editor y folclorista cubano Samuel Feijóo. “La edición presentada para la #00Bienal emula, a modo de estructura mnemotécnica, el último estado de la publicación inédita, es decir: una bolsa llena de hojas sueltas y de otros elementos que, quizás, compartían espacio en su interior”.