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Entrevista | Daniel Garza-Usabiaga, la implicación del Archivo Barragán / Parte II


Por Pamela Ballesteros | Agosto, 2016

Como continuación de la conversación en torno al archivo Barragán, desde su experiencia, Daniel Garza-Usabiaga precisa cuestiones extra artísticas respecto a políticas de conservación patrimonial así como de derechos de reproducción.

Temas adyacentes a The Proposal que han quedado fuera de revisión pública y con los que se desmonta el proyecto de Jill Magid.

Platícame de tu visita en el archivo Barragán, del espacio y sus condiciones de conservación, ¿puedes decir algo sobre el catálogo razonado?

Conocí la Barragan Foundation como visitante en abril del 2015. Me gustaría decir que no soy el primer mexicano en entrar a lo que se ha denominado el “bunker” [1]. Varios arquitectos, académicos y funcionarios públicos lo han hecho y creo que no tendrían problema en aseverar esto. Aunque invoque imágenes de un lugar inhóspito, el “bunker” es el espacio que ha sido acondicionado para guardar el archivo bajo condiciones ideales de conservación. Me parece que la fundación cuenta con el presupuesto para garantizar la salvaguarda de este archivo por años y me imagino que las cuestiones de conservación y restauro están cubiertas por el equipo del Vitra Design Museum, una institución que protege los archivos tridimensionales y documentos de Charles Eames, George Nelson y Verner Panton, entre otros. Muchos de los cuales no fueron adquiridos sino donados por estos personajes o sus familiares que, seguramente, sabían en dónde dejaban su legado.

Además del “bunker”, existe un área de trabajo con oficina y biblioteca. No puedo dejar de subrayar que lo que aquí se denomina como “el archivo” es en realidad un centro de estudios en activo. No es que el archivo de Barragán este guardado y cada 10 años entre una persona por algo, no es así, los investigadores están trabajando diariamente. La directora de la fundación es Federica Zanco, pero ahí han trabajado historiadores e investigadores comprometidos y cuya labor es reconocida internacionalmente, como Emilia Terragni, actualmente Directora Editorial en Phaidon Press, e Ilaria Valente, Directora de la Facultad de Arquitectura del Politécnico de Milán.

Para el proyecto Luis Barragán. La revolución callada, la Barragan Foundation aglutinó un equipo internacional de académicos que incluyó investigadores mexicanos del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, entre ellos Louise Noelle; investigadores que laboran en universidades en el extranjero, como Luis Carranza; académicos internacionales especializados en la obra de Barragán, como Keith Eggener; además de teóricos claves para el entendimiento de la arquitectura moderna y contemporánea como Kenneth Frampton. El resultado de esta colaboración fue el libro de ensayos que se publicó a la par de la exposición y que es una de las publicaciones más serias sobre el personaje en cuestión. Lo vuelvo a repetir: aunque la ficción de Magid se haya centrado en un personaje, la directora de la fundación, quien pareciera guardar el archivo en un calabozo, la Barragan Foundation es un centro de estudios serio, con resultados y productos de investigación sobresalientes y que actualmente se encuentra activo y trabajando.

En este sentido, asombra que un académico participe en lo que aparenta ser un acto poco amistoso formulado a través de una demanda de repatriación irracional. En su nota, publicada en el periódico Excélsior, Cuauhtémoc Medina prefiere omitir la colaboración de la Barragan Foundation tanto con el museo en el que labora como con el instituto de investigación al que está afiliado; en cambio, optó por participar en el proceso de desinformación alrededor del costo del derecho de reproducción del legado de Barragán. Del mismo modo, sorprende que utilice su cargo institucional para salir a la defensa de un proyecto artístico con una clara vocación comercial, especialmente cuando no ha utilizado la misma plataforma para expresarse sobre asuntos políticos y sociales realmente graves que han sucedido en el país desde que ocupa su cargo en el MUAC.

Si en verdad existiera cierto interés patrimonial en el trabajo en Barragán, antes de pedir la repatriación del archivo a través de un anillo, se pudo haber invitado de manera cordial a alguno de los investigadores de la fundación para hablar de lo que han hecho desde 1996. Que platicaran, por ejemplo, de los resultados del proyecto Luis Barragán. La revolución callada o de los proyectos de exposiciones con los que han colaborado en distintos museos alrededor del mundo, entre los más recientes se encuentra Latin America in Construction: Architecture 1955–1980 en el MoMA de Nueva York. Esto pudo haber sido una solución razonable, pero el proyecto de Magid no tiene mucho de razón. Aquí valdría la pena preguntar a todas las instituciones que han estado involucradas, en México y Estados Unidos, en los últimos años, ¿por qué optaron por la psicomagia en vez de entablar un diálogo con un centro de investigación con historiadores profesionales?, ¿por qué se optó por la desinformación sistematizada? Esta actividad también compete a la prensa. Por ejemplo, Alice Gregory en el artículo que escribió para la revista The New Yorker enfatiza y propaga la duda sobre que el catálogo comentado de la obra del arquitecto que prepara la Barragan Foundation no existe; algo que demuestra que su ejercicio periodístico se encuentra completamente sesgado. De nueva cuenta, si se quiere saber sobre el estado de esta investigación se invita a la fundación en cuestión a hablar sobre el desarrollo del proyecto y no se rumora, se siembra la duda o se inventa.

Como una nota sobre lo que puede representar un catálogo razonado: Este tipo de investigación sienta las bases para un correcto entendimiento del archivo, garantizando su adecuado estudio no sólo para nosotros, sino para las generaciones de nuevos investigadores. Es un trabajo muy minucioso y exhaustivo que, en lo personal, no se me antojaría hacer. Hay investigadores que dedican toda su vida y carrera académica a desarrollar un catálogo razonado, y éste no es una publicación acelerada que se tiene que mandar a imprenta porque “bajaron” los recursos para su impresión, porque se tiene que tener antes de que salga el presidente, secretario, director, rector en turno o porque es un regalo corporativo de navidad.

En contraste, la presión e indignación mediáticas por su regreso me resultan una contradicción porque aquí son ausentes muchas políticas concretas de carácter patrimonial y que se han reflejado en otros campos, como la arquitectura y el arte público. En el caso de Barragán tampoco han existido movilizaciones efectivas que impidan el deterioro o derribo de sus obras.

Pensemos en un escenario en el que el archivo encuentra posibilidades de regresar al país, ¿qué sucedería, en consecuencia, ante la falta de estas responsabilidades? 

Obviamente se le debe preguntar a Jill Magid, así como a sus colaboradores, si tenían todo listo para recibir el archivo en caso de que la fantasía se hubiera vuelto realidad. Si no es así, esto demuestra la irracionalidad de la demanda. ¿Por qué? Porque ningún académico o institución serios que tengan bajo su custodia un archivo o legado lo entregarían si las nuevas condiciones de resguardo no fueran, como mínimo, las mismas. ¿O acaso la lógica era pedirlo y ya luego, si nos lo dan, veríamos qué hacer con él? Como sabemos, esto es una fórmula conocida en este país que siempre equivale a desastre. Adquirir un archivo no es simplemente el método de intercambio —ya sea un anillo o miles de millones de dólares—, es contar con suficiente presupuesto para garantizar su resguardo y conservación por años, tener una política clara en cuanto a derechos de reproducción de imágenes, entre otras cosas. Adquirir un archivo sin contar con un mínimo de garantía es un tanto irresponsable. Ante esto, las preocupaciones patrimoniales que supuestamente motivan éticamente este proyecto parecieran ser más una simulación, una farsa o un fraude.

Si el proyecto de Magid fuera serio en este aspecto, no se hubiera limitado a transformar las cenizas de Barragán en un diamante y ofrecerlo como prenda a cambio del regreso del archivo a México. Hubiera contemplado, antes de hacer esto, un espacio adecuado que cumpliera con las condiciones de resguardo y conservación que tiene actualmente en Suiza, un presupuesto para garantizar su salvaguarda por mucho tiempo —digamos 20 años que es lo que tiene, hasta la fecha, en la Barragan Foundation— y presentar una política clara sobre derechos de reproducción. Menciono estas tres cuestiones porque no tenerlas es problemático en más de un sentido. El inmueble acondicionado es lo más evidente y no merece explicación, sin archivo físico no se puede resguardar un archivo documental. No tener presupuesto para garantizar su conservación a largo plazo también pone en riesgo su integridad, existen instituciones en el país que adquirieron archivos en épocas de bonanza y que posteriormente dejaron de tener los mismos ingresos, imposibilitando la conservación y conduciendo al deterioro de documentos. Finalmente, contar con una política de derechos de reproducción clara también es fundamental, en especial si se trata de un personaje como Barragán, que ha gozado de una visibilidad trepidante en los últimos años a nivel global.

Es interesante este tercer punto sobre las políticas de derechos, que trasciende los valores artísticos, es decir, el legado de Barragán cobra interés ya no en el terreno simbólico sino como marca.

La Barragan Foundation tiene exactamente eso, una política puntual que no da pie a dudas ni discrecionalidad y cuyas estipulaciones se pueden consultar en línea, como se indica en su página a través de ProLitteris, la sociedad de derechos de autor de gran prestigio internacional que los representa. Las políticas estipulan detalladamente cómo funcionan los derechos de reproducción. La Barragan Foundation, por ejemplo, no acepta compromisos comerciales —como sería el uso de la obra de Barragán en parte de publicidad— de manera determinante y ha sido coherente con esta postura durante 20 años. La propuesta de Magid, en relación a esto, no ofrece nada ¿O la idea detrás de su “propuesta” era que una vez que el archivo estuviera en México se liberarían los derechos de reproducción del legado de Barragán? ¿En verdad? Si este es el caso resulta un sinsentido ya que una buena parte de los recursos para mantener y conservar el archivo tendrían que venir exactamente de esto: de los derechos. Al menos que Magid ya tuviera listo un mecenas que financiara su mantenimiento y operación de por vida, que es justo con lo que cuenta ahora el legado del arquitecto bajo el resguardo de la fundación suiza. Sin derechos, también, no puede haber un control sobre los usos que se le pueda dar al legado del arquitecto. Si es posible hacer cualquier cosa con sus cenizas ¿Qué no se podría hacer con su legado?

¿Por qué deben de existir este tipo de estipulaciones? Muy sencillo, porque de otra manera el archivo es una carta abierta para los malos manejos patrimoniales, la discrecionalidad y otros vicios legales. De nuevo, esto es particularmente delicado en relación a Barragán que, como mencioné, es actualmente un referente global, una situación muy distinta a lo que era el arquitecto tapatío en 1996 cuando el archivo fue adquirido por la fundación suiza. Las recientes campañas publicitarias de empresas como Nine West o Louis Vuitton, realizadas en la Cuadra San Cristóbal, demuestran otro tipo de interés por el trabajo de Barragán que resulta antitético a los principios de un centro de estudios: la arquitectura como escenario ideal para la promoción de mercancías. El proceso legal emprendido por la Barragan Foundation, a través de la Sociedad de Derechos de Autor ADGP (afiliada a ProLitteris) en contra de Louis Vuitton, por ejemplo, demuestra una política clara y una acción determinante a favor de un buen manejo patrimonial del legado del arquitecto, mismo que evita su comercialización banal. Esta postura es piedra angular de cualquier fundación respetable. Pensemos, por ejemplo, en la Fondation Le Corbusier, ¿cuándo se ha visto que alguna de las construcciones de este arquitecto sirva como fondo para publicidad de alguna mercancía desde que fue constituida? Nunca, así de simple, aquí no puede existir discrecionalidad. El interés de compañías como Louis Vuitton en la imagen de Barragán delata un hecho ante el cual no se puede mostrar ingenuidad.

Básicamente, este archivo puede ser altamente redituable al tener el potencial de operar como una máquina para hacer dinero. No tener una política clara sobre los derechos de reproducción así como de la imagen del arquitecto y su legado, bajo este panorama, resulta muy problemático y se anticipa como desastre. Especialmente en un país que es considerado internacionalmente como severamente corrupto. Esta carencia de un marco legal, representa una incongruencia en relación a los intereses patrimoniales que supuestamente acongojan a Magid y, además, permite que todo su proyecto se preste para generar una serie de malentendidos. De acuerdo a la artista, ¿quién sería el beneficiario de los ingresos del archivo de Barragán? ¿Su galería? ¿Alguna institución en específico? Estaría muy bien que comentara qué pensó acerca de esto.

Carecer de estos factores: un edificio, presupuesto y política de derechos, demuestra cómo el proyecto de la artista, en relación a su interés por lo patrimonial, es un fraude. Puede ser que yo esté completamente equivocado. Si este es el caso, sería fantástico que Jill Magid ofreciera una visita guiada a las instalaciones de la próxima Fundación Barragán en México, acompañada de sus colaboradores, y nos mostrara los sistemas de conservación de los documentos, nos explicara un poco de su fideicomiso, su programa de estudio, la manera en la que se aplicará el presupuesto, etc.

Continuando con el proyecto de Magid, el protagonismo del anillo puso en duda pública el trabajo de la Barragan Foundation como institución académica, además de señalar y condenar severamente el trabajo de una persona —su directora— respecto al control del archivo y sus derechos. Sin embargo, es un objeto que se desprende de un cuerpo de obra mayor que también revisaste en Suiza, ¿cómo funcionan las demás piezas que integran The Proposal?

Aunque el anillo de compromiso es una especie de pieza culmen dentro del proyecto, que actualmente se exhibe en St. Gallen, existen otras piezas que se exhiben en esta muestra. En el Kunts Halle Sankt Gallen también se exhibe un tapete hecho con flores similar al que se muestra en Ex Voto en LABOR, así como el video de la exhumación de las cenizas que también se proyecta en esta galería. En éste, se ve como se abre la cripta, se toman las cenizas y, a cambio, se deposita un caballito de plata que corresponde al peso del material que se ha retirado. La artista recurre a la estrategia del juego de equivalencias que se ha vuelto prácticamente un lugar común o cliché en algunos proyectos de arte contemporáneo, donde se intercambian pesos, nombres, identidades, etc. La alusión a los muertos, especialmente a un mexicano, a través de la ofrenda de flores y a Barragán con un caballo es de un simplismo que produce escozor. Posteriormente, hay una sala donde se exhiben varios documentos en vitrinas y finalmente el espacio en el que se muestra el anillo a la par de la carta que la artista escribió a Zanco detallando su propuesta de intercambio. El acceso entre estos dos ambientes replica una de las puertas de la casa particular del arquitecto cuya altura, según se dice, corresponde a la altura de Barragán; un dato que además de ocioso es falso. Esto lo digo desconociendo la altura del arquitecto, algo irrelevante para cualquier historiador, pero pensando que es ilógico que un arquitecto diseñe una puerta que, para cruzarla cada vez, es necesario agacharse.

Algunas piezas pueden ser utilizadas para demostrar problemáticas del proyecto de Magid, de su proceso de producción y de los argumentos que lo sustentan. El video, por ejemplo, sirve para ver cómo este proyecto, y sus defensores, imaginan consensos. Uno es “la familia”, Barragán no formó una familia, es decir, no se casó ni procreó. Su familia, sus padres y hermanos, están muertos. Los que sobreviven, por lo tanto, son los descendientes de su familia. Aunque esto es muy evidente parece que necesita clarificación. Desconozco el número de descendientes de la familia Barragán Morfín pero puedo imaginar que suman varias decenas. En el video, y en esta trama, parece que la “familia” se resume en una persona: el sobrino Hugo Barragán. En las imágenes no aparece una “familia” sino él, un señor de edad avanzada y visiblemente enfermo. Aunque un gran número de otros descendientes de Barragán han reprobado públicamente lo acontecido con las cenizas del arquitecto, los defensores e ideólogos de este proyecto siguen sosteniendo la fantasía de la “familia”, sorprendentemente y con el mismo afán con el que reclaman, se crea otro consenso imaginado que justificó y sustenta el trabajo de Magid: el de una nación que reclama el archivo de su único galardonado con el premio Pritzker. Hay que repetir mentiras todas las veces que sea posible hasta que se vuelvan verdad. Este proceso se vuelve particularmente fácil en un país con una cultura de medios que no se preocupa, al parecer, en revisar y analizar críticamente sus fuentes.

La sala que exhibe documentos emitidos tanto en Suiza como en México también sirve para discutir un escenario problemático. El valor de exhibición de los objetos —desde arte hasta mercancías— se basa, en gran medida, en la desaparición de su proceso de producción, es decir, en el espacio de exhibición o el aparador de una tienda no hay lugar para la historia de los objetos. En este sentido, en la sala opera una extraña homologación entre documentos legales y contractuales elaborados tanto en México —exhumación— como en Suiza —la producción del diamante—, como si los dos casos fueran lo mismo o hubieran representado lo mismo. Según datos de Transparencia Internacional, por ejemplo, México cumple con el 44% de las medidas destinadas en control de corrupción mientras que Suiza cunple el 96%. La realización de procesos legales en México, como sabemos, puede durar de uno a mil días dependiendo del poder, el dinero o las influencias con las que se cuente. Ante este contexto local, y considerando que Magid es una artista interesada en sistemas de poder y procesos legales, creo que sería oportuno solicitar claridad sobre el ejercicio del financiamiento, especialmente si proviene de instituciones o de centros de estudios en el extranjero, para la realización de este proyecto que involucró trámites poco convencionales. Opino que este es el tipo de asunto que en verdad nos debería de interesar y no tanto la repatriación de un archivo que se encuentra en Suiza.

En relación a esto último, al proyecto se le ha dado valía por evidenciar dichos “sistemas de poder”, pero ¿esto le da el carácter de radical?

Desconozco cuál sea el fin del proyecto de Magid, me imagino que eso se verá en la exposición que se presentará en el San Francisco Art Institute, por lo pronto sólo se puede especular. Me cuesta trabajo creer que un centro de estudios serio, aquí o en el extranjero, represente un sistema de poder al que hay que vencer cueste lo que cueste —históricamente esto sólo sucede durante periodos muy críticos de un país donde lo que impera y se busca fomentar es la desinformación y la ignorancia por todos los medios—, sobre todo si se considera que la Barragan Foundation funciona de manera muy similar a cualquier otro instituto con una vocación parecida, es decir, que guarda e investiga archivos de artistas o arquitectos locales o internacionales. Si un centro de estudios de este tipo puede ser visto como un sistema de poder pues entonces hay decenas esparcidos por el mundo, muchos de ellos en Estados Unidos. Bajo este escenario, la pregunta que hay que formular sería ¿por qué se escogió a Barragán más allá de una infantil historia sobre compromisos entre distintas personas?

También desconozco si el proyecto de Magid guarde un revés inesperado y la película que se estrenará tenga como última intención documentar y estudiar un “sistema de poder” local, que permite y consigue resultados que para la mayoría de las personas parecen inverosímiles o imposibles, como la transformación de la cenizas de Barragán en un anillo o, como ha sucedido en la historia reciente de México, la aparición y desaparición de cadáveres por medios mágicos o espiritistas, por ejemplo con Francisca Zetina “La Paca” en 1997 o con la niña Paulette en el 2010. A diferencia de los dos últimos casos, el “sistema de poder” al que aludiría The Proposal no sólo involucraría funcionarios públicos, sino también galeristas, curadores y directores de museos tanto en México como en el extranjero. Si este fuera el contenido del documental, sí se me antojaría verlo. Pero no creo que éste sea el objetivo del proyecto de Magid.

Independientemente del fin que pueda tener el proyecto de Jill Magid, creo que los medios que se han empleado para conseguirlo —ya sea la repatriación de un archivo, una película reveladora o una pieza de arte contemporáneo— no han sido adecuados. No creo que la esfera del arte deba considerarse libre de implicaciones éticas, esto sería un error, obviamente. La ficción que sostiene el cuento de hadas de la artista, la historia de un anillo mágico a través del cual nos regresarán un archivo, asunto que creo sólo importa a un porcentaje ínfimo de personas en este país, esconde en el fondo mucho oscurantismo, mucha opacidad, una misoginia muy particular ejercida tanto por hombres como por —muchas— mujeres, una postura anti-intelectual aguda, poca sensibilidad y mucha banalidad, además de demasiada desinformación y mentiras. Yo no veo nada de radical en todo esto, más bien lo opuesto. The Proposal de Jill Magid, además de ser un completo fraude en sus intenciones patrimoniales se sustenta y contiene una propuesta regresiva y reaccionaria disfrazada de cuento de hadas.

Imagen: The Dinner, Museo de Arte de Zapopan, Guadalajara, México, 19 de julio de 2014 | San Francisco Art Institute. 

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[1] El denominado “bunker” es en realidad un Luftschutzraum, un espacio que es obligatorio construir por ley en Suiza en cualquier edificación (casas, escuelas, empresas, fábricas) a partir de la posguerra y que por lo general se utiliza como bodega.

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Daniel Garza-Usabiaga cursó una maestría y doctorado en Historia del Arte en la Universidad de Essex, Inglaterra. Posteriormente realizó un postdoctorado en el Instituto de Investigaciones Estéticas de UNAM. Se desempeñó como curador en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México y como curador en jefe en el Museo Universitario del Chopo. Recientemente estuvo a cargo de la dirección artística de Zona Maco, además de ser curador independiente.

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Pamela Ballesteros es periodista y gestora cultural. Se desempeñó en las áreas de comunicación y difusión en el Antiguo Colegio de San Ildefonso y el Museo Universitario del Chopo. Actualmente escribe en diversas publicaciones digitales e impresas y es editora de la revista digital de arte contemporáneo GASTV.