Entrevista

Entrevista | Daniel Aguilar Ruvalcaba, ¿Por qué no fui tu amigo?


Por Alejandro Gómez Escorcia / @stalkkkkkker | Octubre, 2015

Daniel Aguilar Ruvalcaba (León, 1988) es parte de la 4ª edición del Programa BBVA Bancomer-MACG Arte Actual 2014-2016. Su proyecto para esta beca consiste en “invertir la inversión” que esta institución bancaria hace en él para cuestionar los modos de producción del sistema artístico.

En la exposición ¿Por qué no fui tu amigo?, que presenta en kurimanzutto con la curaduría de Chris Sharp hasta el 24 de octubre, se detiene a pensar de qué manera llevar a términos materiales sus intenciones conceptuales. En esta conversación, el artista habla sobre el título de la muestra, del pasaje de su proyecto por la galería y de sus procesos de trabajo.

¿De qué se trata tu exposición, qué es lo que podemos ver en la sala?

La exposición es parte de un proyecto que estoy haciendo con el apoyo del Programa Bancomer. Consiste en pagarle la deuda a alguien que le deba a Bancomer con el apoyo de este programa. Invertir las inversiones. Lo que se muestra son tres piezas, y cada una representa un momento distinto del proyecto.

La primera es un anuncio del periódico que publiqué en León el 31 de diciembre de 2014 y el 2 y 3 de enero de 2015 que dice “Te llamas Juan Manuel Aguilar y le debes dinero a Bancomer? Te puedo ayudar a pagar tu adeudo márcame! Daniel”. Ese fue el primer intento por buscar a un señor que se llamara Juan Manuel Aguilar para interpretar los fracasos financieros de mi papá en un video dirigido por él. Gracias a Chantal Peñalosa es que me encontré a alguien llamado Juan Manuel Aguilar, que tiene dos deudas, una grande y una chica. La chica, equivalente a unos 12 mil 300 pesos, se va a pagar con la venta por Mercado Libre de los aparatos tecnológicos que conseguí con el apoyo de la beca: una computadora, un tripié, unas cámaras GoPro, discos duros, una impresora, una grabadora, pilas recargables.

Por último se presentan dos poemarios, uno de Sor Juana Inés de la Cruz y otro de Nezahualcóyotl. Imprimí 400 ejemplares de cada edición y cada una se vende en lo que representa, es decir $100 y $200 (los poemarios son fotografías de los billetes mexicanos correspondientes a estas denominaciones) y le vendí toda la serie a uno de los herederos de Manuel Espinosa Yglesias, el fundador de Bancomer. Él va a comprar esta representación de 120 mil pesos, que es el adeudo de mi papá falso, que adquirió por el financiamiento de un carro Atos.

En este proceso por “invertir las inversiones” has hecho toda una travesía en donde los detalles parecen tener significado. No estás dejando ningún resquicio para que esto se salga de control. ¿No crees que esta misma obsesión por evitar fisuras de algún modo invierte el sentido de la obra misma? Al final del día estás produciendo lo que Bancomer busca.

Es una de las cosas con las que estoy batallando ahora, todavía no sé cómo resolverlo. Tengo una forma ya más o menos clara, cierta parte del proyecto, pero me falta saber cómo es que esto se hace público o cómo es que esto funciona y hasta qué punto puedo llegar. Estoy pensando mucho sobre la relación que tengo con la fundación y el programa en sí mismo.

¿Por qué hacer todo este embrollo si tu intención es invertir o negar la beca? ¿Esto tiene que ver con alguna actitud ante el sistema artístico? ¿Es una postura reaccionaria? ¿Una forma de ocupar tu tiempo?

Me gusta eso de ocupar el tiempo, es una forma muy inútil de ocuparlo. Pero también creo que a lo mejor es mi educación católica que me hace pensar que esta vida es prestada. Me interesó mucho un término que desarrolló Cristina Rivera Garza que se llama “desapropiación”. Proviene de un primer momento, el de “apropiación”, en el que alguien se aproxima a algo y lo nombra; luego, cuando lo pone a circular o lo suelta, queda “desapropiado”. Eso es precisamente lo que me interesa: de qué forma desapropiarse de cosas. Quizás es algo personal o hasta patológico, tratar de no tener muchas cosas.

Me gustaría que hablaras del proyecto y su pasaje por la galería. Tuviste que hacer una serie de adaptaciones y negociaciones para el momento de la exposición, ¿Por qué aceptaste tener esta incisión? ¿De qué manera la galería es parte del proyecto?

Acepté porque Chris ya sabía un poco del proyecto. Afortunadamente cuando él me invitó ya había encontrado a Juan Manuel y ya había empezado a pensar en todas las limitaciones con las que me he enfrentado: que es un apoyo en especie, que hay que usar el apoyo para producción, otro para formación, que no todo se puede ir en pagar una deuda. Ya empezaba a visualizar de qué forma yo podría pagar un adeudo con las condiciones del apoyo. Y fue que empecé a pensar de qué forma invertir las inversiones. Cuando Chris me invitó me sorprendió mucho, primero por el lugar, porque es un lugar muy intimidante y también porque es la galería de arte contemporáneo más importante de México. Pero dentro del proyecto me parecía necesario porque lo que quería realizar eran transacciones que tuvieran que ver con el circuito mismo del arte para pagar el adeudo de alguien.

Me pareció muy afortunado. Si algo ha definido este proyecto es que he tenido mucha suerte. Por un lado que Chantal Peñalosa esté en el mismo grupo que yo, que su maestro se llame Juan Manuel Aguilar, que sea maestro de museografía, que dirija una sala de arte en Tijuana, que sea más o menos de la edad de mi papá, que tenga mucha disponibilidad, que no esté casado, que no tenga hijos. Y por otro lado encontrar a un heredero del fundador de Bancomer que esté interesado por esta pieza. Hay momentos del proyecto que hasta parece que son mentira. A veces pienso que estoy soñando.

Cuando planteas que hay un enemigo, éste es político. ¿Por qué ves este apoyo de Bancomer como un mecanismo que hay que desmontar?

A mí lo que me interesa es la manera en que se produce arte, cuáles son las condiciones de producción, bajo qué términos se están produciendo experiencias estéticas y saber cuáles son las formas de producción para artistas jóvenes. Me llama la atención que Coppel, Jumex, marcas que tú ves en la calle, tuvieran colección de arte. Jamás te imaginas que los dueños o los socios de estas marcas estén interesados por el arte. Esa es una de las formas en que funciona la cultura bajo el neoliberalismo. Ciertas lógicas que no son necesariamente reguladas por el Estado, sino por el capital privado. ¿Cómo es que se puede producir algo bajo estas regulaciones?

Me llamó mucho la atención el libro de Maurizio Lazzarato, The making of the indebted man, que habla de la deuda como una condición de existencia. Para él ya no hay dos agentes históricos como el proletario y el burgués sino su actualización, el deudor y el acreedor. Hay toda una configuración de la subjetividad a partir de la deuda. Eso muchas veces viene del catolicismo. ‘Deuda’ viene de pecado y de culpa. El mismo dinero también es un acto de fe. Para existir frente a los ojos del capital hay que contraer deuda, ser un sujeto de crédito, como los bancos lo llaman. El proyecto explora de qué forma trabajan estas cosas a un nivel muy general pero también particular.

Hace unos años en Animal Político se mencionó que tu padre fue bajista del grupo musical Los Astros, que en los setenta tuvo el éxito “Por qué no fui tu amigo”. En la hoja de sala no se menciona esto. ¿Fue una decisión no explicarlo y abrir el sentido de la pregunta?

“¿Por qué no fui tu amigo?” Me gusta la pregunta, es muy extraña. Esta canción me ha acompañado durante mucho tiempo. Me parece que es de purgatorio, de culpa, como de una deuda, un pecado, o un deseo que no está totalmente resuelto. Así fue que decidí utilizar la canción como título. Esa pregunta se la pudo haber hecho mi papá con el banco o yo con la fundación Bancomer. Todavía estoy pensando cuál va a ser el curso de todo esto. Va a la mitad, no sé exactamente qué va a suceder, pero sí puedo decirte que me sigo haciendo esa pregunta.

Foto: Alejandro Gómez Escorcia.