Entrevista

Entrevista | Antonio Caro


Por Aline Hernández / @AlineHnndz | Junio, 2016

Hace unos meses la galería de arte contemporáneo en México, kurimanzutto, impulsó un proyecto llamado Sonora 128 el cual consiste en un espacio de exhibición que se encuentra sobre un edificio localizado en la misma calle y número y cuyo soporte es una cartelera publicitaria.

En colaboración con Bree Zucker, quien funge como programadora del proyecto, Sonora 128 estará exhibiendo proyectos a partir de este año y hasta el 2018. El primero estuvo a cargo del artista alemán Wolfgang Tillmans (1968) quien presentó ¿dónde estamos? (2016) y hace unos días, se inauguró el segundo proyecto, que corrió a cargo del artista conceptual de origen colombiano Antonio Caro (1950) quien presentó Achiote (2002).

Se trata de una pieza que forma parte de un proceso más amplio que dio inicio después de que Caro [2] recibiera en 1990 un papel amate como presente. Dos años después, tras las presentaciones de Proyecto 500, Caro concibió la posibilidad de dar salida material a muchos de los temas que ahí se abordaron. Así que partiendo, como menciona líneas abajo, de una frase que de niño le repetían en el colegio: “Los indios se pintaban con achiote” decidió pintar sobre el papel amate con el pigmento que lleva en México el mismo nombre. A partir de ese momento, sus procesos han encontrado diferentes salidas y el proyecto que hoy se presenta forma parte de éste.

Sobre la intervención que llevaron a cabo en el Parque España, en la colonia Condesa, muy cerca de donde está situado el espectacular, entiendo que forma parte de la exhibición y ha sido una de las salidas que diste a este proceso.

Sí, en esta estadía en México, me he dado cuenta que la mejor manera de hablar de mis cosas no es desde la teoría ni desde la historia sino desde las anécdotas: pregunta que no lleve a una anécdota es una pregunta que no contesto. Un día hacia 1989-1990 Santiago Rebolledo, un amigo que ha sido como mi enlace y puente con México, joven artista y pintor que llegó a comienzos de los años 70 a México y se quedó, me llevó a Bogotá como regalo una pieza de amate, —conste que digo pieza porque creo que es un pleonasmo decir papel amate, o hasta un insulto—. Entonces, me cuestioné: “¿con qué la pinto?” Y me decía: “¿con productos como Windsor and Newton?” Y pensé: “No”, esto no puede ser tocado por productos artificiales, debe ser tocado por productos naturales, natural con natural como el amate —ahora que he estado en México creo que pudo haber sido la cochinilla que aquí también está vigente, porque en Colombia es algo demasiado exótico—.

Pensando con qué pintarlo, recordé esta frase que nos decían en el colegio “Los indios se pintaban con achiote”. Entonces voy a pintarla con achiote, pensé. Así comencé así a realizar pequeñas búsquedas, pequeñas pruebas. Ojalá nunca diga como artista “investigaciones”, las investigaciones se las dejo a los científicos, los artistas no investigamos nada. Finalmente logré hacer una especie de pigmento con achiote que utilicé muchos años con la intención de posicionarme, como dicen los publicistas, como el “pintor del achiote”. Un buen día, metafóricamente, el achiote me dijo: “Estoy cansado que me utilices, solamente me usas me usas y me usas, yo quiero que en tu telenovela yo sea el galán principal, hazme un trabajo sobre mí, sobre el achiote”.

Eso fue en 2000 o 1999. Por ahí comencé a pensar que el achiote era un buen tema, lo tenía en mente hasta que de pronto, algún día afortunado, me topé con una cajita de chicles. Mira yo soy bastante tonto y pensé: “Chicles y achiote, chicles y achiote”, que son casi las mismas letras. Sin embargo, pensé que el chiste está en escribir achiote con la palabra de chicles, con las letras de chicles y la pregunta del millón que no me contestaron el sábado es: ¿De dónde salió la ‘a’ que no está en chicles?

Finalmente lo hice, presenté al señor Achiote escrito con la tipografía de chicles. Casualmente, como decías en tu pregunta, son productos endógenos, de América tropical, entonces son extrañamente primos —una cosa que da consistencia y discurso el hecho de que sean primos— y presenté al señor Achiote. Presenté su variante venezolana que es Onoto y brasileña que es Urucu y en algún momento después de estar presentando al señor Achiote en varias partes, en cierta ocasión se forzaron las circunstancias y con base en aquella primera frase (los indios se pintaban con achiote) que aún se pintan en Colombia, comencé a pintar a la gente con achiote, una especie de juego, digamos, es arte interactivo que finalmente es un juego, un momento de comunicación muy bonito [1].

En relación al proyecto que presentas, éste también tiene relación con el Proyecto 500. En este sentido sería interesante que hablaras de los antecedentes, ¿en qué consistió este proyecto? Porque llevas tiempo trabajando en él y Achiote es precisamente una de las salidas ‘concretas’ de estas pláticas.

Con un poquito de pretensión pero también con un poquito de verdad, creo que yo debería haber sido periodista, porque le acierto a temas que cobran vigencia, me explico. En 1987, cinco años antes de los famosos eventos del Quinto Centenario dije: “Voy a hacer una propuesta artística llamada Charla de Presentación del Proyecto 500charla porque no podía decir conferencia y Proyecto 500 era una cosa ambigua. Comencé el proyecto que consistía en una serie de pláticas que yo hacía en diversos sitios. Después se pudo catalogar como todas esas formas, disque no objetuales, pero en esencia eran pequeñas pláticas sobre el proyecto.

Partí desde cero, poco a poco fui estudiando la misma interacción con las personas que escuchaban la charla y fueron cuajando, donde uno de los ejes era lo exógeno y lo endógeno, y subyacía el problema de la identidad, problemática que para los que somos de países que fueron colonizados por España o Portugal, nos toca mucho. En estas charlas se generaron interacciones muy simpáticas. Me acuerdo que al final de una de esas charlas un señor aplaudió y se acercó a mí para felicitarme y me dijo: “Lo felicito, la cantidad de estupideces y tonterías que usted acaba de decir yo no podría hacerlas, yo soy un médico, soy un científico y para decir una frase tengo que tener una hipótesis, una teoría confirmada y datos. Yo no puedo decir todas las barbaridades que usted dijo, lo felicito por poder decir tanta estupidez junta”.

Para mí era un piropo en algún sentido. Me fogueé con mucho público pero de pronto pensaba que todo eso era tan bonito pero al mismo tiempo no iba a quedar ningún objeto, no iba a quedar nada concreto. Yo soñaba con lograr hacer algún objeto que tuviera que ver con esa práctica que yo llamaba Proyecto 500. Ahí fue cuando llegó el amate y se me ocurrió pintarlo con achiote y dibujé un número 500. Entonces es el producto de una expectativa, digamos, muy vernácula. Claro que terminé haciéndola con números arábigos pero eso es a parte.

¿Y cómo funcionaban las pláticas?

Yo daba una especie de pequeña conferencia y de pronto después habían comentarios o diálogos pero lo que hacía era dar una especie de pequeños discursos.

Me gustaría pensar esto de una forma crítica. Me interesa cómo concibes ese proceso en Colombia respecto a los 500 años de colonización y el problema de identidad y mestizaje. Porque ahora que mencionas la cuestión de las anécdotas, lo primero que yo pienso cuando dices 500 años de conquista son 500 años de dominación, si bien los medios y las formas han cambiado, lo que permanece es la dominación. Pienso mucho en lo que dicen los Zapatistas, para mí tienen muchos ecos y en cuanto a Colombia también hay muchos ecos en el sentido de que también tienen conflictos muy fuertes por la tierra con las multinacionales y la venta del territorio y también con los caciques, así que me interesa saber ¿qué piensas sobre eso?

Me molesta pero me toca comenzar a responder desde la historia reciente del arte latinoamericano, con lo ambiguo que puede ser ese término, pero la etiqueta ya existe y es conceptualismo latinoamericano que es un término acuñado entre otras personas por Mari Cruz Ramírez, la teórica puertorriqueña radicada en Houston. Cuando se dio el movimiento del arte conceptual en el mundo, tal vez por primera vez con algunas excepciones, los artistas de Latinoamérica, volviendo al mismo concepto dudoso, actuaron sincrónicamente con los artistas del primer mundo, que también es otro concepto dudoso. El que fuera sincrónicamente, tal vez debió ser por dos cosas: porque habían evolucionado mucho los medios de comunicación y porque el arte conceptual se basaba mucho en ellos, entonces se juntaba mucho lo uno con lo otro. Por primera vez es algo más ideológico que teórico; por primera vez el arte conceptual nos permitió a los artistas latinoamericanos estar al mismo tiempo y en la misma corriente artística que se estaba produciendo en otros sitios del mundo.

Pero casual, extraña o particularmente, el giro que se le dio no fue hacia la estructura del mensaje, sino al contenido del mensaje. El arte conceptual latinoamericano, con raras excepciones, es de contenidos. No sé porqué sucedió pero es un hecho que los teóricos e historiadores reconocen, que el arte conceptual latinoamericano, dio un giro hacia el contenido y generalmente muy político y por eso se le llama generalmente conceptualismo latinoamericano, esa es la parte astuta de la respuesta.

Ahora, sobre ese caballito, digamos que de batalla. Pues yo era un joven que no sabía para dónde iba pero fui haciendo trabajos que tenían que ver con mi contexto, los pocos que hice fueron muy afortunados.

Ahora ya no soy tan ingenuo para pensar en el factor de cambio que mi discurso artístico pueda hacer en la sociedad, simplemente son testimonios desde el arte de una sociedad, como ha sido siempre el arte, son testimonios de un momento. En mi caso he tenido encuentros muy afortunados como la figura del líder indígena colombiano Manuel Quintín Lame (Cauca, 1880-1967) que tuvo su mayor resonancia política justo en la época de la Primera Guerra Mundial y que luchó mucho por la tierra en el Cauca y atacó ese latifundismo caucano que casi era un regreso…. A ver, es muy paradójico, Colombia quiso entrar en la modernidad y tomó herramientas casi que feudales para aumentar la productividad. Como dije una vez “Mi mejor obra es mi homenaje a Manuel Quintín” pero no por mí, por él, porque no es lo que yo hago sino él mismo da importancia a ese trabajo de homenaje.

¿Podrías hablarnos de obras más recientes, en qué estás trabajando?

Mi última obra hace alusión al problema de la minería en Colombia, un problema bastante crudo. Casualmente llegué a él porque me comenzaron a inquietar ciertos indicadores en Colombia. Le daba vueltas y vueltas durante muchos años a algunos indicadores y me preguntaba: “¿pero porqué estos indicadores?”

¿Pero indicadores económicos de qué en específico? Creo que esto tiene precisamente relación con la pregunta que antes le hice, sobre el proyecto de dominación después de las supuestas independencias, porque habría que ver independencia de qué o quién porque al final, el poder sólo cambio de manos, las formas de dominación cambiaron pero persisten y el grandísimo problema de la minería da cuenta de esto.

Por ejemplo el más concreto es la tasa de cambio del dólar, es decir ¿por qué se dan tan poquitos pesos colombianos por un dólar? (Yo soy el más neoliberal de todos los analistas economistas.) Entonces, descubrí que esto ocurría en el mercado formal porque en el mercado informal de divisas es otra cosa. Debo mencionar que nosotros en Colombia tenemos un mercado de divisas informal bastante especial. Esto es importante, por ejemplo, ya que hasta hace poco nosotros éramos los mejores falsificadores del mundo. En serio, llegaban a Colombia billetes de uno y diez dólares recién sacados de la reserva federal, los lavaban y los convertían en de billetes de cien.

Entonces, hablando del mercado formal de divisas, yo me preguntaba por qué, hasta que descubrí que llegaba mucho dinero a Colombia, muchas divisas y si llegan muchas pues hay más oferta que demanda y por eso con muy pocos pesos se podían comprar muchos dólares, pero entonces uno se pregunta: “¿Porque llegan tantos dólares a Colombia en la economía formal?” Descubrí que era por el dinero que las compañías multinacionales, especialmente las canadienses, que son la peores de todas, si tan “gentiles, tan abiertos” y son los peores del mundo. Esos dineros de la minería hacían que, con pocos pesos, se pudieran comprar bastantes dólares. Y entonces llegué ahí y entendí que quien causa este fenómeno y disturbio económico es la minería y es un problema radical en Colombia y tiene muchos ángulos.

¿Y este proceso de encuentros tiene que ver con el proyecto Minería?

Yo llegué desde mi pequeña capacidad de análisis económico. Hace cuatro años trabajo sobre ese proyecto llamado Minería. Desde entonces empecé a informarme del tema que había tocado. Sí, siempre sucede así: tocó el tema y después me empiezo a informar sobre éste. Con la minería estamos volviendo en Colombia a la época de la Conquista, ni siquiera de la Colonia sino la Conquista, cuando el caballero español pagaba un diezmo sobre el oro que extraía; en este momento la economía colombiana está replicando el modelo de 1500 y es una cosa absurda. En este sentido, nuestros presidentes son pseudo-virreyes, que viven de los diezmos que le dan las personas que van a expoliar el territorio. Es absurdo, después de la Colonia y después de la supuesta Independencia, en estos momentos tenemos un modelo económico igual al de la Conquista, igual que el de hace 510 años.

Finalmente quiero preguntar algo que subyace en algunas de las respuestas que haz dado. En una de las preguntas que formulé, contestaste: “Ya no soy tan ingenuo para pensar en el factor de cambio que tu discurso pueda tener en la sociedad, sino que es simplemente un testimonio desde el arte de una sociedad”. Quisiera que ahondara un poco más en esta reflexión. 

Una pequeña anécdota. Mis primas tienen en Bogotá un colegio muy fresa y después de mucho chiste terminé haciendo un pequeño taller para los alumnos de esta preparatoria colombiana. Me divirtió ir; relativamente me trataron bien pero comprobé que sea cual sea el nivel sociopolítico económico, lo artístico en la prepa se asimila como relax, como terapia, como manualidades y no pasa de ahí. Varias veces mi actividad fue más relegada porque había actividades más importantes en el colegio. No sé tiene o no se valora el arte como manera de conocimiento, se valora lo científico, lo social porque se ha disfrazado de científico, pero no se valora el arte como posibilidad en sí de conocimiento. Tú haces arte, te quedarás ignorante, es muy profundo y se da mucho entre los educadores.

Notas

1. La acción que presentó el artista en el parque España en la Colonia Condesa consistía en eso, en pintar a la gente con achiote.

2. Antonio Caro es un artista de larga trayectoria, considerado fundador del arte conceptual en Colombia. Entre sus trabajos se encuentran instalaciones con objetos e imágenes gráficas donde emplea estrategias de la publicidad. Desde principios de los años 70 ha presentado numerosas exposiciones individuales en Colombia e internacionalmente.