Entrevista

Entrevista | Ana Bidart & Primal Studio


Por Vera Castillo | Marzo, 2020

El pasado 05 de marzo Sala de Arte Público Siqueiros inauguró Murales para un cubo blanco, exposición colectiva que integra cuatro obras comisionadas en diálogo con el escenario pictórico integral y el sentido social del arte, legado de Siqueiros.

Las piezas se despliegan en investigaciones pictóricas, escultóricas, espaciales y de instalación, que se yuxtaponen a las obras murales de las salas. Es el caso de Jogo, cómo se juega un mural, de Ana Bidart (Montevideo, 1985) y Primal Studio, colectivo integrado por Paola Sánchez (México, 1982) y Héctor Juárez (México, 1982).

A distancia, los tres creadores platican sobre la dinámica de re-activar próximamente Jogo, cómo se juega un mural en la fachada del museo.

Me entusiasma mucho su propuesta colectiva porque se trata de un mural que se construye a partir del juego. ¿Cómo funciona?

Héctor: Jogo es una palabra en portugués y hace referencia a la frase jogo bonito. Jogo, cómo se juega un mural es una pieza-juego en el que hay espacio para el azar. Hay dos comodines: uno de fama y otro de oficio. En principio debes elegir uno y, posteriormente, tiras los dados. Tienes oportunidad de tirar hasta tres veces. En los dados sale un resultado que te permite ver en qué parte de la fachada vas a tirar (las bombas de polvo de color). Y también es azaroso ver si le atinas a la parte que te toca.

Es interesante hablar sobre el azar y que lo místico se inserte en un museo, cuya apariencia suele percibirse rígida con el único propósito de resguardar conocimiento.

Ana: A nosotros nos encantaba la idea de que tirar los dados fuera una especie precisamente de Tarot. El primer juego que realizamos fue con el equipo del museo y tomamos fotos de las tiradas de cada uno, como si se tratara de una carta astral. Cabe aclarar que todo el proceso de la pieza fue hecho durante mercurio retrógrado.

Héctor: Esto es importante, lo humano es mágico y tiene esa necesidad. La fuerza que tiene la ciencia y lo comprobable le ha quitado una parte muy humana al conocimiento. Esto en particular nos interesa mucho, generar una transdisciplina que permita una reunión de conocimientos, volver a pensar en que es posible una ciencia del todo.

La idea de que el juego favorece la creación de una pieza colectiva parte de un manual de trabajo siqueiriano que sucede a través del juego con los visitantes. ¿Cómo se les ocurrió este juego?

Ana: La pregunta inicial que nos hicimos fue, ¿cómo vamos a hacer un mural colectivo? Nos basamos en el libro Cómo se pinta un mural, de David Alfaro Siqueiros y los tres sentimos que había muchas cosas vigentes y otras que sería bueno reformular. Entonces pensábamos cómo hacer un mural hoy día, siendo conscientes de que lo haríamos en el epicentro de la institución.

En el libro, Siqueiros habla sobre las fuerzas espaciales que definen la composición del mural, introduce conceptos como la poliangularidad, habla de proporciones concretas, espacialidad, cómo hay que dividir el plano del mural marcando los ángulos para que quede bien compuesto. La especialidad seguía siendo pertinente, pero pensamos mucho en la producción artística actual y las “fuerzas” invisibles que la definen, como situaciones laborales, fuerzas políticas, en fin, cosas que ponen en jaque al artista. Para nosotros era importante sacar esto a relucir.

Héctor: Nosotros ahora que estuvimos leyendo sobre la historia de La Tallera nos dimos cuenta que estas fuerzas de las que habla Ana han estado desde antes, por ejemplo, con la relación laboral Suárez-Siqueiros. No ha cambiado mucho esta dinámica. De cualquier manera no queríamos hacer una caricatura del libro, sino pensar cuáles eran las situaciones con las cuales lidia el artista hoy en día.

Estas situaciones son evidentes en las palabras y conceptos escritas en los dados del juego: gentrificación, hijo de político, fascista… que plantean problemas sociales en la actualidad. ¿Por qué deciden esta selección de ideas?

Ana: Para nosotros era importante poner una cuota de humor y el tipo de lenguaje que usamos es en ocasiones muy institucional, pero en otras no tanto. Por ejemplo, “al chile” o “chayotero”.

Paola: Parte de la selección de palabras fue un proceso muy natural pues las fuimos obteniendo a partir de experiencias compartidas. Ocurrió naturalmente que empezaban las palabras negativas y había que tener un contrapeso con conceptos positivos. Fueron muchos días dedicados al lenguaje, de ver la manera de esconder lo que no se puede decir o evidenciar lo que sí se puede, luego se tradujeron las palabras a una simbología que nos abrió muchas puertas.

Héctor: Este proceso fue una cosa medio catártica porque había que enunciar cosas a las que nos habíamos enfrentado todo el tiempo durante el proceso de nuestro trabajo profesional, nos dimos cuenta de que hay violencias sistémicas que son más detectables como “sin contrato”, “oportunista”, “macho”, “gandalla”. Pero luego también reflexionamos que no queríamos que se convirtiera en una cosa de queja, de señalamiento o linchamiento, en algo lapidario.

Habrá que esperar a que la exposición reabra para ver cómo el mural se irá activando y pintando. ¿Cómo piensan que será la participación de los públicos?

Ana: Si bien el juego tiene cierta complejidad, muchas personas se animaron a jugar durante la inauguración, el primer contacto es amigable. Creo que eso fue fundamental para favorecer la participación, que sea una pieza fácil de abordar.

Paola: Esta cuestión de la participación pudimos observarla durante un recorrido que tuvimos con el equipo de la SAPS en donde vimos que todos estaban muy interesados. Es de las pocas veces que las personas de los museos participan tan naturalmente en este tipo de actividades. Eso activa algo que nos importaba mucho: la cuestión de cómo activar la pieza. Hemos hablado de que las piezas, aunque parezcan estáticas, siempre están activas, así que no había que diseñar nada extra para activar Jogo, cómo se juega un mural.

Ana: Exacto, queríamos que la pieza fuera un dispositivo que no solo se activara físicamente, sino que pudiera estar operando siempre a nivel visual, conceptual, pedagógico. Hay un momento de participación en la acción.

Héctor: En términos del público hablábamos sobre la pertinencia de la mediación, que en realidad el arte debería ser un mediador del mundo. Para nosotros, la pieza es una mediación de un evento de la vida, una forma de mediar con la realidad. En este sentido, creemos que la mejor forma de hacerlo es jugando.

Murales para un cubo blanco también integra propuestas de Antonio Bravo, Iván Krassoievitch y Lucía Vidales. Próximamente abierta al público.

Foto: Cortesía SAPS.

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Vera Castillo (Ciudad de México, 1991) es Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, investigadora independiente de fotografía del siglo XX. Su trabajo ha sido publicado en la revista Alquimia del Sistema Nacional de Fototecas, Tierra Adentro, así como en el suplemento El Tlacuache del Centro INAH Morelos. Trabajó en investigación y catalogación de la Fototeca Juan Dubernard. Es colaboradora del proyecto PICS del Centro de la Imagen, ha realizado programas educativos y públicos en el INAH Morelos y en la Sala de Arte Público Siqueiros.