Entrevista

Entrevista | Abraham Cruzvillegas


Por Melissa Mota | Marzo, 2016

El Museo de Arte de Zapopan (MAZ) presenta hasta el 29 de mayo Reconstrucción, un proyecto de Abraham Cruzvillegas que aborda las formas de apropiación del lenguaje. La iniciativa consistió en la invitación a artistas de Guadalajara y sus alrededores, a quienes se les asignó la tarea de reinterpretar una obra de arte que haya sido crucial para cada uno de ellos en un tiempo récord y con un mínimo de recursos. En la exposición se puede ver el resultado traducido a diferentes soportes como pintura, instalación, video y performance. Entre los artistas que participaron se encuentran Isa Carrillo, Cristian Franco y Javier Barrios.

Tuvimos la oportunidad de conversar con Abraham Cruzvillegas sobre el proceso y la naturaleza de esta muestra.

Como muchas de tus obras, esta exposición le da un peso importante al proceso. Por un lado, la conversación continua que sostuviste con los artistas y, por el otro, el proceso particular de la realización de cada pieza con un mínimo de recursos y en tiempo récord. ¿Nos puedes platicar sobre cómo se fue construyendo la exposición?

El proceso inició con la voluntad de Viviana Kuri, con quien configuré una metodología de trabajo que tomó forma solo a partir de su redacción de una lista de creadores locales, que finalmente aceptaron participar a partir de una carta que les escribí, que es un guiño de ojo acerca de lo que nos pertenece: el lenguaje. A partir de sus propuestas, la conversación con los artistas participantes fue muy breve, muy intensa y muy fructífera. Todxs improvisamos de una u otra forma, sin procurar consensos o acuerdos, decidiendo juntxs sin votaciones, ni evaluaciones autoritarias ni perniciosas. La exposición se construyó sola.

En tu quehacer artístico está siempre presente el concepto de lo “definitivamente inacabado, lo que se está construyendo a sí mismo siempre”. En Autoconstrucción evidencias aquello que se va añadiendo con el tiempo, sin planeación, con una estética improvisada, que propicia una creatividad en condiciones restrictivas, aspectos presentes también en Reconstrucción. En este ejercicio, al concebir obras emblemáticas como no terminadas, se genera una desacralización que permite continuarlas, modificarlas o entablar un diálogo de tú a tú con ellas. En este sentido, ¿cómo se entretejen los conceptos de reconstrucción y autoconstrucción en esta muestra?

Supongo que quienes tendrían que responder esta pregunta son los artistas que dan cuerpo a la muestra, pero imagino que se entretejen de maneras caprichosas, arbitrarias, subjetivas, inestables, contradictorias, precarias, sudadas, felices, comprometidas, sensuales e inconclusas, pero lo más probable es que me equivoque, de muchas maneras.

Generalmente, la historia del arte es revisada desde la teoría, sin embargo, en Reconstrucción es repensada desde la práctica y las experiencias individuales de los artistas que conforman la exposición. Al ver las obras que cada uno eligió y el resultado derivado de las apropiaciones y reinterpretaciones particulares ¿a qué conclusiones llegas en cuanto a los paradigmas del arte y su influencia en el gremio del arte contemporáneo mexicano? (Por ejemplo, es interesante que sólo dos artistas se basaron en creadores mexicanos o las técnicas hegemónicas, etc.)

En La estructura de las revoluciones científicas Thomas Kuhn analiza la manera en que los paradigmas se transforman, se trascienden o se reconsideran, son procesos que probablemente son imperceptibles o poco importantes para quienes no participan de ellos, pero que ocasionalmente pueden significar vueltas de tuerca para la humanidad; ejemplos clásicos serían dejar de pensar que la tierra es plana o que el hombre es el centro del universo. Yo no he llegado a ninguna conclusión sobre nada, mucho menos sobre mis propios paradigmas, en cambio procuro hacerme preguntas en voz alta, compartirlas, aunque suenen a estulticias improductivas, independientemente de su origen o nacionalidad.

Las aproximaciones y formas de apropiación de las obras por parte de los artistas es variada; hay piezas que son una extensión del referente, como Caminamos de manera exagerada alrededor del perímetro de un cuadrado de Claudia Cisneros; otras las modifican o deconstruyen; algunas, como la de Daniel Guzmán, son una reactivación de una acción, y varias insertan el discurso original al contexto político local como Pemex arde de Luis Alfonso Villalobos o Sin título (21 de diciembre- 4 de enero) de Héctor Jiménez. ¿Cómo dialogan en el espacio estos diferentes acercamientos y qué generan conjuntamente?

En su diversidad —fincada en lo individual, de lo que se compone cualquier comunidad, que no la masa— esta muestra habrá de ser construida por los espectadores, más que por los creadores, quienes han ofrecido de las maneras más sinceras a la convocatoria interpretaciones que devienen obras nuevas, frescas y nutritivas. Esto generan conjuntamente la institución, el público y los artistas, literalmente, a virotazos.

Otro aspecto interesante de la muestra es que las obras elegidas como referentes van desde las primeras manifestaciones artísticas, como Sin título de Héctor Rentería, quien se basa en las pinturas rupestres de la Cueva de Chauvet, pasando por representantes del modernismo (como Kazimir Malévich, Yves Klein, José Clemente Orozco), así como por artistas contemporáneos, pertenecientes a diferentes corrientes y activos en las últimas décadas (como Jean Michel Basquiat, John Baldessari, Bruce Nauman o Vito Acconci), hasta creadores con práctica vigente como Olafur Eliasson, Oscar Tuazon, Roman Ondak, Mona Hatoum o Paul McCarthy. ¿Cómo convergen todos estos tiempos en el presente?

Yo más bien preguntaría ¿cómo hacer que no converjan todos los tiempos en el presente? Incluyendo al futuro, pues en la carta de invitación a los participantes no se excluía la posibilidad de referir a una obra que no ha sido realizada, como son todas las que se presentan en la muestra, son en su totalidad obras inéditas y sus autores son los que están, no sus referentes…

¿Qué ventajas te da tu experiencia como artista y tu conocimiento pedagógico en la práctica curatorial?

No tengo ningún conocimiento pedagógico en la práctica curatorial, ni en ningún otro campo: haber estudiado pedagogía me da más desventajas que lo contrario, pues a diferencia de los demás no estudié arte, ni arquitectura, ni diseño. Mi experiencia como artista, en todo caso, me da herramientas para aprender de los participantes en este proyecto, ahí reside —desde cualquier perspectiva— lo pedagógico de esta aventura.

¿Qué obra fue la que a ti te cambió la vida y por la que decidiste seguir el camino del arte?

Mi tía abuela Amalia Vera Medina trabajó años cocinando y lavando ropa en diversas casas de las Lomas de Chapultepec, en el ex Distrito Federal, sus ancianas y expertas manos, deformes y atrofiadas por detergentes, cloro, amoniaco y otros productos de limpieza, habían perdido casi toda la sensibilidad y podían sostener pocillos candentes sin percibir calor ninguno. En su larga experiencia, logró domeñar recetas y platos varios, que en su convencionalidad aparecen injustamente como carentes de méritos o destreza ninguna: arroz a la jardinera, caldo de pollo, bisteces encebollados, frijoles charros, ensaladilla rusa, espaguetis al horno. Su gran éxito era la sopa de letras. Un día, cuando tenía como ocho años, dispuesto a embuchacarme una cucharada de aquel brebaje malnutriente que mi malhumorada tía preparaba cada fin de semana, cuando nos visitaba desde la lejana y mítica Tacubaya, entre los hervores que emanaba el cuenco enfrente de mí, leí claramente —sin faltas de ortografía ni de redacción— ‘SÍGUELE’. Y aquí sigo, en el camino.

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Foto: La Tempestad.