archivo

En manos de un organismo centralista, por Alonso Cedillo


Mayo, 2020

Uno pensaría que el hecho de recaer en personajes como Sergio Mayer y Alejandra Frausto es un argumento suficiente para desconfiar del manejo de la cultura en la 4T. La reciente desaparición de fideicomisos públicos es más preocupante de lo que parece, pues elimina la descentralización de recursos en materia de cultura, ciencia y energéticos.

En un hilo en Facebook, debatiendo en torno a esta situación, un colega (beneficiario en dos ocasiones del Fonca) me argumentó que el dinero de los extintos fideicomisos públicos era suficiente para construir la Refinería Dos Bocas dos veces y media. Y es justo aquí donde está el problema, esos fideicomisos existieron precisamente para evitar que alguien llegue y diga «me llevo este dinero para hacer este proyecto».

No niego que durante las administraciones pasadas se les haya dado mal uso, pero eso es otro cuento. ¿Por qué desaparecer en lugar de controlar o someter a la Unidad de Inteligencia Financiera?1 ¿Por qué rechazar la poca protección disponible para poner todo en manos de un organismo centralista?

Los fideicomisos no son una figura financiera inventada por el PRI que tiene como fin robar dinero. Se usan en escala global, y principalmente son una excelente herramienta para administrar recursos. Si al gobierno le interesa controlar el desvío de fondos y lavado de dinero, ¿por qué no se están observando los fideicomisos públicos y privados? Por una parte, el banco debe vigilar las operaciones que realizan sus clientes, sean personas físicas, morales, o fideicomisos, reportando ante la UIF las operaciones inusuales, relevantes, con dólares en efectivo, con cheques de caja, o transferencias internacionales que se pudieran estar realizando.

Los fideicomisos no son instituciones de crédito, y no realizan las operaciones a las que se refiere el artículo 46º de la Ley de Instituciones de Crédito. Por lo mismo, no deben cumplir con el artículo 115ª de la misma. Los únicos fideicomisos que están siendo controlados son los que se relacionan al sector inmobiliario, pero no por ser dicha figura, sino por operar una actividad vulnerable.

Un fideicomiso solo realiza las operaciones específicas para las cuales fue constituido, por eso cuando administra y renta inmuebles, o bien los construye y vende, se está haciendo una actividad vulnerable de acuerdo a la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita (LFPIORPI). Lo que hace que este tipo de fideicomisos estén sometidos constantemente a una revisión rigurosa, enviando mes con mes información a la UIF.

¿No podría entonces, así como se hizo con las operaciones con activos virtuales, declarar como actividad vulnerable las operaciones realizadas a través de fideicomisos, incluyendo aquellos que maneja el sector público? Yo pienso que sí, pero si alguien sabe por qué no, por favor contácteme y explíqueme.

La popularidad y funcionalidad de los fideicomisos en el sector inmobiliario se debe a que al ser constituidos para construir un desarrollo, se garantiza que el fideicomisario solo puede emplear los recursos para el desarrollo que se especifica en el mismo, y no, digamos, para embarcarse una temporada en un crucero. Lo mismo ocurría con el antiguo Fonca, cuyos recursos, independientemente de quién estuviera en el poder o quién fuese el administrador, debían cumplir con lo dictado en su constitución.

Y aunque al hablar de este organismo se piensa en los estímulos al cine y a la comunidad artística apoyada por Jóvenes Creadores, no olvidemos que su función va más allá. Tenemos, entre muchas cosas, co-inversiones, becas, concursos, estímulos para las empresas culturales y apoyo a publicaciones independientes. También, precisamente esa estructura, era la que garantizaba que los apoyos se repartieran de manera «democrática». Hoy nada asegura que los recursos para lenguas indígenas no se utilicen para limpiar el Ángel de la Independencia o llevar a un grupo de artistas a Basilea.

Ahora que la Secretaría de Cultura absorbió el Fonca, ¿qué cambia si es administrado por el Sistema Nacional de Creadores? Pues nada, todo seguirá igual, el jurado y tutores del Fonca siempre han sido sus miembros. Así que el grupo que tiene tomada esta instancia desde hace años ahí se queda. Lo único que cambia es que ahora al Fonca se le pueden quitar sus recursos y pareciera que este selecto grupo, en el cual por supuesto hay grandes artistas, no se ha dado cuenta que firmaron la condena de todo el gremio.

Vuelvo a la pregunta inicial de este texto: se desaparecen los fideicomisos en lugar de controlarlos porque a la administración actual simplemente no le interesa tener control, quiere poder utilizar todo como le dé la gana. Esto es algo totalmente antidemocrático, y que velará solo por los intereses propios de la administración en curso. Es una destrucción muy bien disfrazada de «apoyo».

Si pensamos en cómo se han tomado decisiones trascendentales, como fue la cancelación del Aeropuerto de Texcoco o la cervecera Constellation Brands (mismos que se festejaron como el fin de la corrupción a pesar de haber sido votaciones que no juntaron la cantidad mínima del padrón electoral para considerarlas legítimas), nada nos garantiza que las decisiones se estén tomando con base en lo que quiere la mayoría.

¿El Fonca salinista nació para controlar a los rebeldes y premiar a los compadres? Sin duda. ¿Hay intención de que esto cambie? En lo absoluto. ¿Por qué? Porque el Fonca y el Sistema Nacional de Creadores no funcionan como estímulo o ayuda para la comunidad artística, funcionan como una subvención, que ni en el plan de los gobiernos anteriores ni en el actual, contempla promover el desarrollo artístico.

Al contrario, busca establecerse como una necesidad: si dejas de necesitar el Fonca estás teniendo independencia y puedes volverte un peligro, pero si lo necesitas para producir eres dependiente y buscarás mantenerlo. ¿Qué mayor mecanismo de control puede existir tras el hecho de que la Secretaría de Cultura tenga el poder de decidir qué apoya el fondo y qué no?

López Obrador no es pionero en estas andanzas. La semilla de este mal es priista y se plantó durante el sexenio de Peña Nieto cuando transformó al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) en Secretaría de Cultura, poniendo al gremio cultural-artístico en manos del gobierno federal. Mientras la 4T legitima el uso del recurso económico a consideración de la centralización y a criterio de un líder.

Hoy a la transformación del Fonca y la extinción de muchos otros fideicomisos se suma la propuesta de Morena para extinguir el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine), nuevamente en pro de una austeridad necesaria por la crisis que ha traído el Covid-19. Lo que olvidan mencionar es que los planes para desaparecer estos fideicomisos, así como las reformas a la ley, vienen de tiempos pre-Covid, con lo que es inevitable no pensar que la pandemia se está usando para vestir estas reformas.

En todo caso, el dinero podría redistribuirse durante el periodo de la misma y regresar a la normalidad, junto con nosotros. Pero el retorno a lo descentralizado no figura en el panorama.

Así, es incierto saber si la agenda cultural responderá a las necesidades de la comunidad artística en toda su extensión y de su público, o más bien, a la de un puñado de senadores junto a la Secretaría de Cultura. La pregunta es simple, ¿Sergio Mayer o Alejandra Frausto apoyarían mi obra si la consideran buena, o me darían una beca después de este texto en el que no comparto sus ideas? ¿El comité de tutores evaluarían mi trabajo sin tomar a consideración mi posición política?

De no ser así, entonces en este nuevo Fonca tampoco hay lugar para quienes piensen diferente. Así que podríamos comprobar que nunca salimos del hoyo, solo le dimos la vuelta.

1 La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) es una instancia de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de México, encargada de prevenir y combatir los delitos de operaciones con recursos de procedencia ilícita y del financiamiento al terrorismo.​

— —

La obra de Alonso Cedillo (n.1988) se desarrolla en distintos medios como pintura, escultura, video, gráfica y programación. Su producción explora las relaciones que establecemos al conectarnos a internet, de manera diaria, a través de computadoras y dispositivos móviles. Su trabajo se ha presentado en el donaufestival en Krems, Austria; Transitio_MX en la Ciudad de México; y el festival NRML en Monterrey.