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En el recuento de los daños… de qué otra cosa podríamos hablar, por Cecilia Delgado


Marzo, 2020

El pasado domingo 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer y más que una celebración, la marcha —que superó las expectativas de muchas— respondía a la necesidad de interpelar un presente, una indignación ante lo que hoy parece ser un hábito diario que nos indigna y se traduce en la violencia de género que como un cáncer se ha ido esparciendo hasta alcanzar lo que desde diciembre de 2018, el Diccionario de la lengua española definió como feminicidio: el asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia.

La emancipación de las mujeres no es nada nuevo, basta rastrear una línea histórica en el tiempo para observar que en distintas épocas y bajo diversas circunstancias han surgido posturas e ideologías donde existe un constante reclamo que responde a una forma de organización social denominada patriarcado, que en su sentido más amplio Gerda Lerner (1986) define como la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres, niños/as de la familia y la ampliación del mismo en la sociedad en general.1 

Cabe destacar que las investigaciones de Lerner se remontan a la antigua Mesopotamia entre los años 6000 y 3000 A.C., lo que considero importante de señalar en términos de ciertas formas culturales que se mantienen y permean ejerciendo la idea de una condición de dominio y control que evade los derechos de igualdad bajo los, que en teoría, se organiza la actual noción de democracia.

La necesidad de igualdad y derechos ante la disparidad de géneros es real, basta también revisar la cantidad de denuncias que se organizaron bajo el movimiento #MeToo desde 2006 con Tarana Burke (activista social) donde la constante era la denuncia pública del abuso sexual y psicológico ejercido a mujeres, que más allá de edad, clase y raza, hacía evidente que ser mujer implicaba la condición de ser abusada sin derecho de réplica o justicia.

En 2004, ante la falta de respuestas claras ante los constantes feminicidios que desde 1993 se venían cometiendo en contra de mujeres, Rita Segato fue invitada a Ciudad Juárez por las dos organizaciones mexicanas Epikeia y Nuestras Hijas de Regreso a Casa. Durante un mes de estancia, Segato analizó y desarrolló una teoría que leyó para la presentación del libro Ciudad Juárez: De este lado del puente, de Isabel Vericat, y de la obra Lacrimosa, de Rogelio Sosa e interpretada por Lorena Glinz en el Museo Universitario del Chopo.

En 2006, esta teoría sería publicada bajo el título La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado, donde lejos de señalar que “se trata de crímenes perpetrados contra nosotros, para nosotros —las mexicanas y los mexicanos, las mujeres de otros países y toda la humanidad en su conjunto”2, Segato afirma que ésta es:

“La exhibición de un dominio discrecional sobre la vida  y la muerte de los habitantes de ese territorio límite, representada e inscrita en el cuerpo de sus mujeres como un documento, como un edicto, sanción inapelable de un decreto, […] la puesta en escena de un diálogo establecido con la ley y con todos los que en ella buscamos refugio. Esos asesinatos, destinados a la exhibición ANTE NOSOTROS de intensa capacidad de muerte, pericia para la crueldad y dominio soberano sobre un territorio, nos dicen que se trata de una jurisdicción ajena, ocupada, sobre la que no podemos interferir. Y es justamente porque no estamos de acuerdo con esto, porque pensamos que Ciudad Juárez no se encuentra fuera de México y fuera del mundo, que tenemos que hacernos cargo de la posición de interlocutores antagónicos, críticos, en desacuerdo, en que los asesinatos nos colocan”.

Si bien el argumento que desarrolla Segato en un intento por comprender y hacer legibles los feminicidios de Ciudad Juárez, es que responden a un “neoliberalismo feroz que se globalizó en los márgenes de la ‘gran frontera’ después del Tratado del Libre Comercio con América del Norte y la acumulación desreglada que se concentró en las manos de algunas familias de Ciudad Juárez”3, y que se establece en la existencia de un segundo Estado, una segunda realidad que se organiza en base a mantener la seguridad del capital que genera el crimen organizado mediante la exhibición de una “masculinidad” que ante cualquier amenaza de desobediencia aplica la “ejemplaridad” de una violencia cruel y letal.

Además del estado de corrupción que prevalece ante la aplicación de una justicia, que parece que no alcanza para todas; y que quizás, 7 años después sería a lo que torpemente intentaba referirse Andrés Manuel López Obrador ante el feminicidio de Ingrid Escamilla, cometido el 9 de febrero de 2020 por su pareja, así como el infanticidio de Fátima Cecilia Aldrighett Antón, quién desapareció el 11 de febrero de 2020 y 4 días después apareciera sin vida a menos de 5 km de su escuela.

Pero más allá de lo comprensible, López afirmaba la tesis de Segato: por un lado, su interés concentrado en  la rifa de un avión presidencial, donde volvemos al interés y la salvaguarda de un capital económico pese al social, y por otro, la misma construcción de ejemplaridad masculina que se traducía en lo ilegible de un ridículo decálogo que de acuerdo a la RAE 4 emulaba el conjunto de los diez mandamientos de la ley de Dios estableciendo una serie de normas o “consejos básicos” para el desarrollo de cualquier actividad.

1. Estoy en contra de la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.
2. Se debe proteger la vida de hombres y mujeres, de todos los seres humanos.
3. Es una cobardía agredir a la mujer.
4. Es un anacronismo, un acto de brutalidad, el machismo.
5. Se tiene que respetar a las mujeres.
6. No a las agresiones a mujeres.
7. No a los crímenes de odio contra las mujeres.
8. Castigo a los responsables de violencia contra las mujeres.
9. El Gobierno que represento se va a ocupar siempre de garantizar la seguridad a las mujeres.
10. Vamos a garantizar la paz y la tranquilidad en México.

Es evidente que más que ofrecer cuáles son las estrategias y cómo aplicaría las políticas de acción en contra del feminicidio —que parecen inexistentes en los protocolos de atención a las víctimas— lo que López mostró fue una postura personal y mediocre, presentándose en una suerte de falso profeta que transita entre los evangelistas y los masones que en su ignorancia, olvida que son grupos antagónicos.

No obstante al temido Coronavirus COVID-19 que el 11 de marzo fuera declarado pandemia, de las diferentes posturas que existen en torno al feminismo, de algunos oportunistas —cada vez más prolíficos— que intentaban subirse al tren con fines partidistas, de las diferencias de raza, edad y clase; la marcha acompañando a las familiares de las víctimas de feminicidio se llevó a cabo, en un ejercicio de sororidad y ejerciendo una demanda política y colectiva por la urgencia de respuestas y justicia para esas ausencias que parecían acompañarnos con las jacarandas, con la rabia que implica la demanda #niunamas y #niunamenos, donde su cuota de género ya no es tolerable #abajoelpatriarcado #sevaacaer porque este presente nos compete y estamos trabajando en la re-invención de una emancipación social.

El pasado miércoles 10 de marzo se reportaron 21 feminicidios en México, nuevamente vuelvo a Segato y parafraseo “¿Podemos conformarnos con que los asesinatos de mujeres en México y el mundo un día, simplemente, acaben y se vayan transformando lentamente en pasado, sin que nunca se llegue a hacer justicia?

Foto: Cortesía de Delia Martínez.

Collage y dibujos: Cortesía de Sofía Probert.

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1 Lerner, Gerda. La creación del patriarcado, Editorial Crítica, 1990.

2 Segato, Rita Laura. La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado. Buenos Aires: Tinta Limón, 2013 pp. 46-47

3 Op. cit. p. 14

4 Decálogo de acuerdo a la Real Academía Española.

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Cecilia Delgado Masse (México,1971) es Historiadora del arte con una especialización en Museología. Desde 1996 ha trabajado en museos realizando diversas actividades que van desde la investigación, coordinación y gestión de procesos curatoriales, hasta la curaduría. Desde 2016 es directora de muca-Roma, UNAM. Fue curadora asociada en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), miembro de CURARE Espacio Crítico para las Artes, curadora asociada del Museo Universitario de Ciencias y Arte, coordinadora de MUCA Campus, UNAM y jefe del departamento de investigación del Museo Nacional de Arte, MUNAL, INBA.