Música

El libro del infierno: the truth about Richard Hell


36 años después de la salida del Blank Generation, el disco de la banda de punk rock de Nueva York Richard Hell and The Voidoids, el también vocalista de Television presenta una autobiografía honesta sobre su juventud y su época en una de las mejores bandas de punk de aquella escena. 

 

Richard Hell

 

Usualmente, las autobiografías escritas por los propios músicos resultan en textos impersonales y decididamente aburridos. El libro de memorias de Richard Hell es una de las piezas más emocionantes en el género. Con la distancia que otorgan los años, Hell emprende una búsqueda en sus recuerdos, aclarando siempre que no son objetivos (¿qué recuerdos lo son, realmente?) y que trata de recomponer la historia de su vida como músico, no como el escritor en que luego se convirtió.

Pocos lo saben, pero la corta carrera como músico de Hell se vio interrumpida por su descenso a las drogas y por su decisión de dedicarse a la literatura, terreno en el que siempre sintió que podía hacer un mejor papel. Una historia de invención, de personalidad arrolladora, de forjar la propia vida de la nada, con los elementos que uno va encontrándose en el camino por casualidad o por destino, esa es la historia de Richard Meyers, el niño de Kentucky que se convirtió lentamente en el hombre que propulsó la estética punk de Nueva York para el resto del mundo.

La intelectualidad elegante y sin concesiones de Hell y sus compañeros es una que no podrá ser reproducida jamás por nadie. Su búsqueda personal obtuvo una conclusión imposible de refutar: el nihilismo por sí mismo no es suficiente para sostenerse como artista.  El que sus memorias se detengan justo cuando decide abandonar la música es quizá su último acto de subversión, explicado en el capítulo final y que produce el cierre angustioso de un libro escrito desde la voz de un proscrito con suficiente sentido del humor y sensibilidad agridulce para entregar una visión coherente y sagaz de su propia vida y del Nueva York de los 70 que ya conocíamos en voz femenina (la de Patti Smith). Es un absoluto privilegio leer la contraparte masculina de esos turbulentos y bellos años en que la historia de la música sufrió transformaciones encarnizadas y reales, donde el arte inundaba cada rincón de Manhattan y el peligro impulsaba a la creación, no a la retracción. Imperdible.

 

-Luli Serrano Eguiluz