Otras disciplinas

EL GRAN CONTINENTAL ¡OTRA VEZ!


Por Ximena Flores / @matitatierna

 

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Reunir a un grupo de gente numerosa en una plaza pública para bailar al compás de música popular, era un fenómeno relacionado con el mass media y la cultura pop. Sin embargo, de un tiempo para acá, varios artistas del medio —incluso de otras disciplinas, como el caso de Marina Abramovic— utilizan lo popular para difundir y promover la formación de nuevos públicos. Tal es el caso de Sylvain Émard, coreógrafo canadiense que se aventuró en 2009 a crear una coreografía que combinaba la danza en línea y las exploraciones del lenguaje dancístico en un espacio limitado e invadido por otros cuerpos.  Para Émard tal ejercicio le otorgó el premio “Jacqueline Lemieux” del Consejo de las Artes de Canadá y la preferencia del público por los siguientes años.

En 2011, por invitación del Festival de la Ciudad de México montó —en colaboración con Mariana Arteaga y el Instituto Mexicano del Sonido— la misma obra con bailarines y voluntarios mexicanos, misma que se presentó en distintos espacios públicos de la Ciudad de México.

Para 2013 y gracias al Estímulo a la Producción de Danza Nacional (EPRO DANZA) Mariana Arteaga convocó de nuevo al artista, a los bailarines y a los voluntarios para re-construir la obra.

La pieza evoca la mayor particularidad de la danza: su capacidad para transitar entre lo “popular” y lo “culto” si es que dichos adjetivo aún contienen algún significado. Más allá de eso, la pieza de Émard permite acercarse a públicos no especializados a las exploraciones de la danza contemporánea, a sus distintos lenguajes y expresiones desde un punto de vista alejado del prejuicio y la crítica especializada.  Este tipo de ejercicios (más en el contexto actual de la danza mexicana) re-valoran el estatuto del espectador como una parte imprescindible de la obra: la de co-creador. Posibilitan la promoción y la difusión de una disciplina que no termina de encajar en los contextos actuales, a las que el público no se acerca (por diversos factores) y no se convierten en espectadores cautivos, cosa que sí funciona con la danza clásica y folklórica. La gran pregunta sigue siendo, ¿por qué si los mexicanos son bailarines natos, no son espectadores de la disciplina?