Arte

El espectacular desplazado


Por Sandra Sánchez / @phiopsia 

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La violencia pura es irrepresentable.

Se ofrece como el negativo absoluto de la representación, 

pues al hacerse presente, como totalidad, arrasa no sólo con 

la posibilidad de la metáfora, sino con toda determinación.

Jorge Torres Sáenz

Imaginemos viajar por las grandes ciudades a una velocidad de 100 km/h con un tráfico casi nulo. Es inevitable encontrarse con manchas de color y concreto. Una de las principales fuentes de las manchas es la publicidad; las ciudades son espectaculares. Al recorrer el espacio urbano, nuestra mente se va llenando de deseos, de eso que no soy, pero que es posible que sea mediante el desplazamiento (aún hacia arriba) que trae consigo el objeto de deseo. Torres Sáenz reflexiona, como muchos, al respecto, y vuelve a enunciar cómo el consumismo contiene la necesidad del porvenir:

“Si dentro del templo, la religión, en tanto relectura de los textos sagrados, ostentaba como promesa la salvación, afuera, es la textualidad publicitaria la que desplaza esa promesa hacia el ejercicio continuado e improrrogable del gasto, como urgencia inaplazable de la felicidad que demanda nuestra cultura consumista”1

¿Qué sucede cuando el anuncio publicitario se encuentra vacío? La ausencia del pasaporte de la imagen/marca hacia un futuro mejor resulta extraño, casi imposible. En 2010 Jorge Alberto Arreola  realiza la serie Daño colateral-espacio vacío. Algunas de las fotografías formaron parte de la exposición CRÓNICAS. Seven Contemporary Mexican Artists Confront the Drug War, que se llevó a cabo durante 2013 en el marco de FOTOFEST, una bienal de fotografía con sede en Houston, Texas. La constante de la serie son anuncios publicitarios en blanco; los daños colaterales de la violencia vivida en Ciudad Juárez han desestabilizado el modo de producción, en grado tal, que hasta la plataforma de deseo sobre “lo necesario” se ha suspendido. El hecho que sea una serie es fundamental, pues la repetición nos lleva a recorrer la ciudad en su vacuidad; la mancha saturada de color se ha ido, pero no por una reflexión crítica de lo que realmente necesitamos para vivir, sino por una violencia que atraviesa al ciudadano común situándolo en un estado de excepción.

Aunque Torres Sáenz advierte que “[n]o hay fotografía, por atroz que sea, que dé cuenta de la violencia pura y su valor absoluto [pues e]lla se encuentra por sobre todas las contingencias, por sobre todas las determinaciones en una pared blanca de ruido oscuro”2, lo que sí puede hacer una fotografía – dentro del campo del arte, es enunciar y evidenciar “lo que nos sucede” desde la singularidad de una mirada otra. Pareciera que hemos naturalizado la sangre y la carne violentada como una situación en constante aparición; en este tono, el ejercicio fotográfico de Arreola se desplaza hacia el territorio como fantasma de sí mismo. No hay metáfora, se ve lo que hay.

En 2012 Cecilia Barreto presentó Visualidad Simultánea en la Galería José María Velasco. La exposición consistió en una serie de 14 imágenes hechas a partir de pintura, procesos mecánicos y digitales, donde el espectacular también se encuentra en primer plano. En palabras de la artista, el título refiere a “lo que sucede cuando abres varias capas, varias pantallas en el internet”3.  Si bien las imágenes no están generando, como en las fotos de Arreola, un registro sobre el territorio, eso no significa que la construcción y la reflexión sobre la situación que atraviesa México no esté presente: el enmarcado del espectacular presenta momentos cumbre de la historia y del mercado del arte; helicópteros gubernamentales que ostentan el poder del Estado, al tiempo que recuerdan su caída; espacios en blanco que reclaman la ausencia… ¿de qué?

Regresamos. “La violencia pura es irrepresentable”, he ahí el límite del arte, pero también su posibilidad. Pensamos que la política debe ser acción con consecuencia inmediata: un cambio en la ley, una revolución, un golpe certero. Sí qué es eso, pero también se encuentra en la forma en que vamos moldeando el imaginario, el horizonte de comprensión en el que vivimos y nos desenvolvemos. El trabajo de Barreto y de Arreola se encuentran en esa brecha, son un par de manos que mueven los ojos hacia lo que los atraviesan como miembros de una comunidad compartida. La responsabilidad es mutua, mientras estemos vivos.

1 Torres Sáenz, Jorge. “Ventanas blancas, nichos vacíos: una geometría del silencio” en Violencia y cultura en México. Gerardo Covarrubias, coord. México, Conaculta, 200-, p. 137.

2 Ibid, p. 148.

http://arteenlared.com/latinoamerica/mexico/visualidad-simultanea-de-cecilia-barreto-en-la-galeria-velasco.html