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El dinero en el arte, por Iván Ruiz


Febrero, 2017 

Parecería ocioso que durante “La semana del arte” (del 7 al 12 de febrero, 2017), Salón ACME haya dedicado dos mesas de debate en torno a un tema que ya de sí es polémico con respecto a la función que dicha semana cumple en la agenda cultural y política de este país. Sin embargo, no fue así. Fundamentada sobre todo en Zsona Maco, la semana del arte ha desbordado su carácter empresarial y de coleccionismo especializado en arte contemporáneo, para transformarse en una arena de exhibición pública donde se mueven indistintamente actores del medio, público aspiracional y una élite política encabezada por el propio Gobierno de la Ciudad de México, quien junto con la Secretaría de Cultura funge como patrocinador oficial de esta última edición. Frente a este panorama en donde se dibuja una clara coalición entre la industria privada y el gobierno capitalino, las mesas de debate de ACME —de reciente creación y co-organizadas por Zazil Barba y Óscar Benassini—, pusieron de manifiesto problemáticas de dos esferas que operan, de modo contrastante, en el intercambio de flujos económicos y simbólicos: la industria editorial y el arte contemporáneo en México.

Evidentemente, uno de los temas más llamativos en donde se concentró la tensión en una de las mesas fue la lógica que ha impuesto el mercado del arte tanto en la producción como en la circulación y consumo de arte contemporáneo. Algunas galerías —y de ello dio testimonio Teófilo Cohen, dueño de Proyectos Monclova— imponen a sus artistas un ritmo de producción excesivo con la finalidad de tener representación en numerosas ferias y bienales alrededor del mundo. En algunas ocasiones, el proceso creativo colapsa en la medida en que la obra de arte es tratada directamente como mercancía, dando lugar así a una pérdida de valor simbólico alentada por una lógica financiera puramente especulativa, como lo mencionó Yoshúa Okon. También este artista puso sobre la mesa la tergiversación que ha producido Zsona Maco en la percepción del arte contemporáneo: en tanto esta feria se encuentra distante de un público realmente especializado (salvo el día de su pre-inauguración en donde se congregan coleccionistas, galeristas y agentes del medio), y cada vez tiende más a la popularización del evento y a la espectacularización de las piezas, se intensifica una impresión fatua de los procesos artísticos.

Ahora bien, mientras que el sistema económico del arte contemporáneo está fuerte, y peligrosamente, influenciado por una élite empresarial que desconoce las genealogías histórico-artísticas y los posicionamientos críticos, el sistema económico del libro aún admite procesos precarios de producción que le permiten subsistir en el gran mercado editorial. Las asociaciones entre lo “caro” y lo “precioso” en un libro co-existen a la par de pequeñas operaciones cargadas de sentido de humor y de una práctica social clara. Por ejemplo, la decisión de definir el precio de una colección breve de Tumbona ediciones (Versus, cuyo precio por libro equivale al costo de un six-pack, según lo reveló Luigi Amara), es mucho más radical y operativa que el mentado “juego exponencial, excepcional e inédito” que Gabriel Orozco propuso recientemente en su instalación Oroxxo, en donde 300 productos intervenidos por el autor salieron a la venta en series individuales de 10 piezas, “reduciendo exponencialmente el precio por unidad” (información de kurimanzutto).

Frente a una clara crisis institucional, políticas fallidas y el desvío de presupuesto público hacia proyectos de iniciativa privada, para la directora del Patronato de Arte Contemporáneo (PAC) —Mariana Munguía– quedó en claro la necesidad de diseñar una Ley de Mecenazgo Cultural. A través de ella, los artistas, en forma individual o colectiva, podrían presentar sus proyectos para ser financiados, parcial o totalmente, por empresas privadas. Del mismo modo participarían instancias interesadas en apoyar económicamente la realización de dichos proyectos. Frente a un tema tan controversial e incómodo como lo representa el dinero en el arte, esta clase de propuestas fomentan una participación crítica más efectiva que aquella que busca, con insistencia, reprobar a la institución desde una exterioridad que sólo es discursiva.

Foto: Cristóbal Gracia, Galería Hilario Galguera. Facebook Salón ACME.

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Iván Ruiz es investigador en el área de arte contemporáneo del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Es ensayista y curador.