archivo

El derecho a la desconexión digital, por Alonso Cedillo


Junio, 2020

Las nociones de trabajo y labor se han visto afectadas por la tecnología desde hace tiempo, y la crisis sanitaria actual por Covid-19 está catalizando los problemas que estas afecciones conllevan. Hemos permitido ser dominados por el desorden. Cuando miramos alrededor de nuestro gremio, vemos que como artistas carecemos de seguridad social y fondos de ahorro para el retiro, solicitar un préstamo resulta imposible porque no tenemos credibilidad crediticia suficiente y un gran porcentaje no cumple con sus obligaciones fiscales. Más grave aún resulta ver que no hay mucho interés en hacerlo. Esto es una reacción natural, pues no recibimos ninguna formación en materia.

Esto ocurre porque de lo contrario, al saber hacerlo los aportes al gobierno quedan cubiertos por el IVA pagado en los gastos y costos que genera nuestro trabajo. Si no manejamos bien el sistema de facturación tendremos que dar aportaciones mes con mes, lo cual sumado a un gobierno que busca alzar el IVA como de lugar, anula toda posibilidad de ahorro, inversión y crecimiento.

Así el gobierno gana dinero público, además de control, sobre la ciudadanía. Naturalmente uno quiere ser un rebelde fiscal. A los 20 años parece un acto de resistencia, pero en la década de los 30 años te das cuenta que más bien era y sigue siendo un obstáculo. Si no se controla, a los 40 años será una pesadilla, y a los 50 años un infierno al que solo le quedará fuego y miseria por delante. Estoy convencido que esto es un mecanismo de control, pues si uno vive al día se mantendrá siempre siendo un enano, y lo más importante, nunca podrá dejar de trabajar.

El problema principal al que nos enfrentamos es que nuestra mano de obra en el post-internet no está siendo reconocida. El ​maoísmo digital californiano genera riqueza a través de nuestra actividad en línea sin darnos nada a cambio. Al mismo tiempo, los avances tecnológicos están permitiendo que las máquinas hagan mejor ciertas labores pesadas, lo cual me parece maravilloso. No podemos luchar contra este cambio, pero sí definir los parámetros de la realidad digital.

Es precisamente por esto que el futuro será definido por cómo recibamos y controlemos lo que se denomina teletrabajo, que ya era una realidad inminente pero, ¿qué pasa cuando un desastre natural hace que no quede otra opción más que trabajar a distancia? ¿Cómo solucionamos el hecho de haber aceptado antes de la pandemia que el trabajo que realizamos fuera de una oficina, desde una computadora o un dispositivo móvil, no sea remunerado? O peor aún ¿qué pasa si aceptamos la idea de que el teletrabajo es una actividad de recreación y no un trabajo, y por lo mismo no merece ser pagado?

Se nos ofrece lo que a la distancia se ve como un oasis, pero al llegar descubrimos que sabiéndolo nos dirigieron hacia un espejismo. En evasión total la sociedad intenta beber el polvo, haciendo que las cosas cambien en apariencia para que así todo pueda seguir como siempre. Y cuando digo esto me refiero a que de 1525 a 1821 fuimos esclavizados. Para poder continuar teniendo mano de obra gratuita los criollos usaron las haciendas y tiendas de raya, mismas que desaparecieron con la llegada del capitalismo únicamente para darle su lugar a la banca y la deuda pública. El cambio que sigue va de la explotación del capitalismo (que ocurría en el lugar de trabajo) a la explotación del teletrabajo (la cual se va a quedar en casa).

En el pasado, para que personas de escasos recursos pudiera comprar cosas baratas, personas de más escasos recursos tenía que ser explotada. Hoy, las máquinas pueden hacer esas mismas labores día y noche, y cada vez podrán hacer más. Pero las personas se quedan, desempleadas, y no hemos creado conciencia suficiente para ver que todo este mal deriva de uno de los espejismos más peligrosos: lo gratuito. Este concepto de mercadotecnia es un engaño, pues todo en esta vida tiene un costo. Hablando de negocios, cuando alguien no paga directamente por algo, es porque en realidad esa persona está siendo utilizada.

Lo gratuito es el anzuelo más simple y eficiente, pero si alguien más pagó para que nosotros tengamos algo, es porque hay un interés detrás. Así el consumidor deja de ser tal para entonces convertirse en el producto. Siguiendo este esquema, podemos ver entonces que usar Facebook de manera gratuita es posible porque la compañía, con el fin de vender la información que generan sus trabajadores suscritos con su actividad diaria sin darles utilidades, lo está financiando. No hay vuelta atrás, le dimos derecho a Facebook y al resto de sitios maoístas digitales al estar de acuerdo con sus ​términos y condiciones (que nadie leyó).

Hay un límite que ya se ha cruzado pero confío en que lo podemos revertir. Las fronteras entre casa y trabajo se han disuelto por completo, y comienzan a verse síntomas de explotación. Vivimos en una sociedad económica que busca que las personas rindan lo más posible, incluso si esto significa tener que trabajar por necesidad durante toda la vejez.

La compañía que apuesta por el desarrollo personal tanto como por el profesional de sus trabajadores hoy en día es casi inexistente. Quien hoy tenga un trabajo con prestaciones, incluso si son parciales, es una persona privilegiada. Estamos ante un momento crítico, en el 2019 se reformó la ​Ley Federal del Trabajo (LFT) ​para agregar el Capítulo XII, que habla del trabajo a domicilio, definiéndolo como aquel que se ejecuta habitualmente para un patrón en el domicilio del trabajador o en un local libremente elegido por él, sin vigilancia o dirección inmediata y utilizando tecnologías de la información y comunicación. Así mismo, señala que los patrones deberán inscribirse previamente en el ​Registro de Patrones del Trabajo a Domicilio ante la Inspección del Trabajo (del cual hasta la fecha se desconoce su existencia), donde se deberán asentar las condiciones laborales por escrito de cada empleado.

En estas reformas se establece la obligación del patrón a otorgar seguridad social, facilitar herramientas de trabajo (sin que la falta de éstas sea un obstáculo para que no se perfeccione el vínculo laboral), vacaciones, aguinaldo, respetar los derechos escalafónicos, mantener una igualdad salarial y otorgar todas las demás obligaciones que contiene la ​LFT​. Sin embargo, la idea de un ​derecho a la desconexión digital sigue siendo casi inexistente.

En febrero de este año, se pospuso adicionar el a​rtículo 68 BIS a la ​LFT​, el cual establece el derecho al trabajador a desconectase digitalmente de sus labores, garantizándole un descanso, permisos, vacaciones e intimidad en familia. Para ello, los patrones deberán elaborar una política interna donde se explique la modalidad para ejercer tal derecho. Por lo mismo, de no llevarse en la dirección correcta la barrera que separe la vida íntima de la profesional será inexistente.

La LFT fue reformada hace un par de semanas, pero el derecho a la desconexión digital fue de nuevo un espejismo disfrazado de oasis. La reforma distingue entre el teletrabajo y el freelance, es decir, da una excusa para que alguien que trabaja a distancia se considere freelance y pierda su derecho a toda prestación. El artículo 68, sigue apuntando que “los trabajadores no están obligados a prestar sus servicios por un tiempo mayor del permitido de este capítulo. La prolongación del tiempo extraordinario que exceda de nueve horas a la semana obliga al patrón a pagar al trabajador el tiempo excedente con un doscientos por ciento más del salario que corresponda a las horas de la jornada, sin perjuicio de las sanciones establecidas en esta Ley”.

Lo que significa que al trabajador se le puede dar una instrucción a las 2:00 hrs. am y deberá cumplirla en cuanto comience su jornada, pues en ningún momento se ha especificado que el empleador no puede contactar a su empleado en horas no laborales.

De esta manera, se promueve que los trabajadores tengan que pagar para empezar a trabajar, aportando sus propias herramientas laborales y asumiendo los riesgos inherentes al modelo, algo que carece totalmente de sentido en una nación llena de desempleo y pobreza. Además, las víctimas de este tipo de explotación a distancia no son solo las que trabajan desde casa, están quienes desempeñan su trabajando en un coche, una bici o cualquier sitio conectado a internet.

No soy enemigo de las empresas, al contrario, creo que son el rumbo. Y creo que el hecho de que a los trabajadores les vaya bien hace que a las empresas les vaya mejor. Pero el camino es largo, necesitamos sostener una conciencia que permita generar trabajos socialmente responsables​​. Esto es que además de seguridad social, los trabajadores tengan derecho a ser felices, principalmente con tiempo para sus parejas y/o hijos y familiares.

Busquemos el balance, el camino ético no debe ser interrumpido por preocupaciones personales, de lo contrario, ¿el que el trabajadores esté en casa justifica el derecho a vigilarlo de manera remota? ¿El patrón tendría derecho a reclamar información que ha sido hecha y está alojada en los dispositivos comprados con otros fines por sus trabajadores? ¿O será el home office la solución para cubrir el hueco que dejará el ​outsourcing?​

La conclusión sigue siendo la misma: Debemos encargarnos de que la LFT sea justa para empleadores y empleados, a través de la generación de trabajos dignos de acuerdo a las prestaciones de ley.

*

Las nuevas reformas a la LFT protegen más a las empresas que a los trabajadores. No se establece derecho a la desconexión digital como MORENA había dicho que lo haría. Como expresa el dictamen de la reforma, uno de los objetivos es “conciliar la vida personal y el trabajo de la persona trabajadora”. Un error, pues la vida personal debe de permanecer siempre separada de la laboral.

El artículo 313 establece que el trabajador a domicilio es la persona que trabaja personalmente o con la ayuda de miembros de su familia para un patrón. Es decir, le permite al patrón utilizar a una o más personas, pagando el sueldo de una sola.

Este artículo define que para el trabajo a domicilio el empleador suministre los útiles o materiales de trabajo sin importar la forma de remuneración. Aunque en apariencia da seguridad en cuanto al reconocimiento del teletrabajo como un empleo formal, nada nos protege de tener que adquirir tecnologías, software o herramientas para ejecutar nuestro trabajo, sin que sea el patrón quien pague por los objetos o licencias. Eso sí, en caso de dañar o deteriorar algo que de el patrón, según el artículo 326, se le debe indemnizar.

El artículo 318 establece que se debe fijar un lugar de trabajo. Entonces, si uno debe salir de su lugar de residencia por cualquier razón, a pesar de estar en plenas posibilidades de cumplir con el trabajo, estará incumpliendo con la ley por no estar en su casa al momento de trabajar. Así uno podría ser despedido bajo el argumento de desconexión laboral, o bien por conectarse desde otra ubicación.

El artículo 322 establece que el teletrabajo tendrá su propio salario mínimo. Al no requerir transporte, nada garantiza que no será menor.

Finalmente, el artículo 330 le permite a los patrones inspeccionar el lugar de trabajo de sus empleados, es decir, entrar a revisar la casa de sus trabajadores.

La Secretaría de Hacienda busca incluir a los servicios digitales dentro del marco tributario. El Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, informó sobre las modificaciones sobre la economía fiscal en 2020: “el nuevo marco tributario grava 4 rubros: 1) Descarga o acceso a contenido multimedia; 2) Intermediación entre terceros oferentes de bienes o servicios y los demandantes de los mismos; 3) Clubes en línea y aplicaciones de citas; 4) Enseñanza a distancia o páginas de test”.

Así como ocurrió entre otros con Netflix, HBO, y Prime Video, ahora pagaremos más por nuestros servicios en línea. Mientras las fronteras entre teletrabajo y freelance se disuelven en dirección del segundo —con el fin de no reconocer formalmente los empleos para evitar generar obligaciones patronales—, nuestro rol en el teletrabajo permanecerá siendo el de explotados.

Foto: Naturaleza muerta con Macbook Pro & iPad Air (2019), de Alonso Cedillo | Cortesía del artista.

— —

La obra de Alonso Cedillo (México, 1988) se desarrolla en distintos medios como pintura, escultura, video, gráfica y programación. Su producción explora las relaciones que establecemos al conectarnos a internet, de manera diaria, a través de computadoras y dispositivos móviles. Su trabajo se ha presentado en el donaufestival en Krems, Austria; Transitio_MX en la Ciudad de México; y el festival NRML en Monterrey.