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Economía Feminista, una revisión por Andrea Bravo


Marzo, 2019

“[…] dónde comienza y termina nuestro trabajo, dónde comienzan y acaban nuestros deseos”.

La teoría y literatura feminista más reciente habla de la necesidad de dinamitar el mundo como lo conocemos e imaginar nuevas formas de construir relaciones, valores y modos de organización social. El feminismo de hoy, se dice, quiere transformar todo.

A ese todo, hiperbólico y un tanto romántico, hace falta inflamarlo de contenido, apuntar pormenores enumerados y notas al pie con porcentajes, estadísticas y gráficas para mapear el paisaje que se ha de desmantelar. Economía feminista: Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour), de la economista Mercedes D’Alessandro (Argentina, 1978), es un libro que funciona precisamente como un compendio de recursos, datos y análisis que ilustran la muy mentada desigualdad. A su vez, la publicación cuantifica los obstáculos a los que nos enfrentamos las mujeres en las actividades contemporáneas.

Economía feminista teje y desteje desde la filosofía, la cultura pop y la teoría económica, desigualdades medibles en brechas salariales, trabajo doméstico no remunerado, precarización de la maternidad en el sistema, el techo de cristal y otros micromachismos que salpican la experiencia profesional y económica de las mujeres. Cifras y tablas que aisladas son una representación indignante, pero conectadas entre sí arman una trama compleja que abruma por su obviedad.

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No es novedad que las mujeres ganan en promedio 25% menos que los hombres por hacer el mismo trabajo a pesar de que a nivel global ellas han superado a los varones en las tasas de asistencia y graduación de las universidades. Es menos sabido que los números indican que las mujeres, por razones que van desde lo psicológico a lo filosófico, tienden a elegir carreras peor pagadas que las que eligen los hombres (prefieren ser maestras o literatas que ingenieras o programadoras).

Aunque es obvio, tampoco se analiza demasiado que aunque las mujeres tienen una gran participación en cargos bajos y medianos, su presencia disminuye significativamente al escalar en puestos laborales. En el mundo de la publicidad, por ejemplo, las mujeres ocupan el 30% de los cargos más altos, al mismo tiempo, ocupan más del 70% de las personas que toman las decisiones de compras en general en todo el mundo.

Para explicar esta situación D’Alessandro indaga en el techo de cristal (o de hierro para las latinoamericanas) cimentado en estereotipos, prejuicios y necedades empresariales con el que las mujeres topan al no lograr crecer profesionalmente a la par de sus colegas varones. Un estudio del Latin Trade Ranking indica que en Latinoamérica sólo el 5.6% de cargos de dirección son ocupados por mujeres y sólo el 1.8% de las empresas más importantes tiene a una mujer como presidenta.

Este nivel de desigualdad, además de ser frustrante, perpetúa el dominio de valores e intereses masculinos al momento de tomar decisiones que sustentan el orden patriarcal.

Para D’Alessandro una de las contribuciones más importantes de la economía con enfoque de género —una que se le escapó hasta al socialismo más utópico— es haber puesto foco en la invisibilización del tiempo, talento y energía dedicados al trabajo doméstico, labor que por ser asociada a la naturaleza femenina, no se paga.

Economía feminista echa mano de la filosofía marxista de Silvia Federici para ilustrar cómo el actual sistema omite de su contabilidad las tareas referentes al trabajo de cuidados (sin las cuales ese mismo sistema no podría funcionar) que las mujeres hacen en casa sin cobrar: “[…] el hecho de que el trabajo doméstico aparezca como un atributo de la feminidad lo convierte en un trabajo que se hace por amor”.1

El olvido cuesta más caro si se toma en cuenta que hoy muchas mujeres además de realizar las tareas domésticas también cubren jornadas laborales, duplicando así su trabajo sin empatar el sueldo de sus parejas (si se suma el trabajo pagado más el no pagado se estima que las mujeres trabajan diariamente entre 2 y 3 horas más que los hombres).

La trama toma otros bríos y se complejiza al sumar el factor de la maternidad. En un sistema en que el mercado promueve políticas laborales rígidas, la cultura reproduce ideas tradicionalistas como la aptitud biológica de las mujeres para ocuparse de la crianza de los hijos y el Estado favorece una división sexual y tajante, ser madre representa un obstáculo para las aspiraciones profesionales de muchas mujeres: las madres, más que los padres, se ven obligadas a jugar al tetris tratando de encajar horarios de hijos y trabajo para cumplir con ambas labores.

Un alto porcentaje de madres que por decisión o por necesidad cumplen jornadas de trabajo doméstico y productivo al mismo tiempo se enfrentan a situaciones de precarización tan comunes que parecen normales. Licencias de maternidad pagada, estancias infantiles, espacios para lactancia o licencias de paternidad, a nuestros ojos tercermundistas, parecen beneficios exóticos. Sumado a esto, la maternidad es castigada económicamente en muchas empresas: una mujer con hijos gana 11% menos que un hombre con hijos.

Este libro al buen estilo de la literatura de aprendizaje general es preciso en la medida en que sus estadísticas derraman denominaciones, conceptos y categorías que permiten socializar y poner en perspectiva experiencias individuales jodidas e injustas que por ser cotidianas, mujeres y hombres, hemos normalizado.

Si tenemos un diagnóstico claro y calificativos para cada uno de los males que aquejan, podemos imaginar otras formas de organizar el sistema de producción y consumo que estén a la altura de la transformación que deseamos.

*Para profundizar el tema y abrir la conversación preparamos un glosario en el que se abren conductas de desigualdad de género en espacios económicos y profesionales. Además de una encuesta perfilada a la dinámica artística en México y Argentina. El ejercicio permitirá hacer visible el panorama en torno a los temas sugeridos en la publicación. Pronto podrás aplicar tu participación.

Foto: Imagen tomada del blog Política de lo personal, ilustración sin crédito.

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1 Mercedes D’Alessandro, Economía Feminista, p. 108

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Andrea Bravo es editora y gestora cultural. Su trabajo se centra en los espacios de cruce y diálogo entre arte, diseño, moda y artesanía en Latinoamérica. Actualmente cursa el posgrado en Sociología del diseño en la Universidad de Buenos Aires.