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Ecatepec. Sobrevivir la periferia, por Paola Eguiluz


Noviembre, 2017

La periferia es la hermana incómoda de la ciudad. Es la zona alejada, violenta e incomprendida que deviene en meme en las redes sociales. Pero más allá del estereotipo marginal y la carga kitsch que se le atribuye, la periferia es una realidad que miles de personas experimentamos día con día y que —ya sea a manera de denuncia, sensibilización o simple oportunismo— se ha convertido en un tema recurrente en la producción artística reciente.

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“¡Ya valió verga, saquen sus carteras!”

Para José Fabián Estrada (México, 1988) alias “Perro”, eso es Ecatepec: un asalto a las personas. En su libro, compuesto por catorce ilustraciones, Perro retrata la realidad de dicho municipio del Estado de México. Después de varios intentos por reunirnos acordamos, muy a nuestro pesar, vernos en el centro de la ciudad para hablar de la periferia. Una vez superada la ironía del sitio de encuentro, me platica que uno de los detonantes de la publicación fue un robo sufrido hace tres años en Ecatepec.

Al regresar de su trabajo a media noche, un par de sujetos lo despojaron de su celular junto con su mochila. “La gente no sabe lo que es bajarse del camión y tener que correr cuatro cuadras a su casa porque te pueden matar, violar o secuestrar. No imaginan lo que es correr para no morir, lo que es tener que llegar a un municipio en el que todos los días no vives, sobrevives”. La pérdida que más lamentó fue una libreta con treinta dibujos que había realizado mientras cursaba la licenciatura en diseño gráfico y la maestría en ilustración.

A principios de este año, Perro le propuso a Rodrigo Téllez, editor de Ediciones Hungría, retomar la idea del cuaderno y hacer una publicación. La portada del libro es un guiño a Llano en llamas, de Juan Rulfo. Una niña, tras ser violada, huye de su casa en plena lluvia y bajo una densa nube negra que emerge de la quema de pastizales. Una imagen recurrente de la adolescencia de Perro, en la que veía cómo realizaban las quemas controladas a lo largo de las avenidas. “Ecatepec está siempre en llamas. El Estado de México y el país siempre están ardiendo”, comenta. Ese recuerdo del fuego que no se expande es, para él, una alusión a la violencia que es controlada y dirigida por el mismo gobierno.

Todas las ilustraciones son inéditas a excepción de La ciudad y los gatos, el único dibujo que recreó de la libreta robada. La imagen es una estampa de Cuba en la que muestra las similitudes entre el país del Caribe y el municipio mexiquense. “Ecatepec va de lo micro a lo macro. Es sobre mi municipio, México y, a la vez, toda América Latina”. Recuerda que en su última noche de visita en La Habana, un cubano le dijo: “esto es el infierno, es preferible morir en cualquier otro lado que aquí”. Es curioso ver que salir de Ecatepec también es considerado como un logro.

Ha pasado un mes desde que Perro dejó Ecatepec. Ahora vive en el norte de la Ciudad de México y “es de lo más aburrido que he hecho en la vida, no hay perros muertos en las calles, las banquetas están limpias, pintadas de amarillo y tienen lucecitas”, señala. Piensa que lo que más tristeza le provocó al irse de su casa fue sentir que estaba traicionando a su realidad, “que era el que abandonó a su municipio y se fue de ahí porque le sacó. Porque no hay ni dónde cubrirse del sol, porque ni árboles tenemos”. Cuando platica esto en las presentaciones del libro la gente se ríe, “esto no es un chiste, es una realidad de la que muchos se están burlando y tomando a la ligera”.

La página central del libro, que en un inicio fue pensada como portada, aborda un tema del que es inevitable hablar y que encendió los focos rojos en Ecatepec: la violencia de género. Perro retrata una situación de la que fue testigo a sus catorce años y que lamenta por no haber actuado de otra manera más allá de llamar a la policía. Una discusión entre una pareja en un lote baldío dio lugar, minutos después, a esta escena: una mujer joven, semidesnuda, con mordidas, rasguños y con una contusión en la cabeza, abandonada en el suelo. “Años después, me di cuenta de que el primer desnudo que había visto en mi vida, era de una mujer que estaba a punto de ser asesinada por un cabrón”.

Perro reconoce que un libro no hará que los feminicidios y la violencia terminen. Por el contrario, su preocupación es que la publicación se haga atemporal: “no me deja nada tranquilo el saber que estoy haciendo un libro de este municipio y que las cosas el día de mañana, el mes o el año que viene van a seguir igual”. A pesar del panorama desalentador, el hecho de saber que la gente se siente identificada con el libro, lo comente en las redes y suba sus fotos, le da ánimos. Es una pequeña demostración de cómo es posible transformar el terreno de la precariedad en un sitio lleno de posibilidades para la creación.

Con un tiraje de apenas 300 ejemplares, Perro espera que “esos libros estén bien aprovechados y no los tengan güeyes que nada más los van a empolvar en sus libreros o a mamonear en la Roma, la Condesa o Coyoacán”. La idea es mostrar lo que está sucediendo en el municipio y las consecuencias de décadas de políticas fallidas reflejadas en cada dibujo. No debe sorprendernos el éxito que está teniendo el libro, lo que debería llamar nuestra atención es la falta de proyección de las propuestas artísticas provenientes de estas zonas.

Ecatepec es un libro que le rinde tributo al municipio más poblado de Latinoamérica, al sitio del que todos quieren escapar y nunca volver. Es una mención al penoso primer lugar de feminicidios en el país, es un homenaje a los grafiteros y a la gente que viaja más de cuatro horas al día para llegar a su trabajo o escuela. Es una publicación pensada en las personas que generan sus propias estrategias de supervivencia al interior de la periferia y que, además, tienen que lidiar con el estereotipo y las miradas de compasión o sorpresa al decirle a los demás dónde viven. Es una invitación para pensarse como parte de un todo, “es muy triste que nos vean como cosas raras, al final todos sufrimos el mismo gobierno y somos parte del mismo problema”.

Después de tres horas de charla y de pagar cuarenta pesos por un café que en Ecatepec nos costaría cinco, Perro insiste: “el libro es para que las personas lo intervengan, para que se atrevan a colorearlo, a desmadrarlo o a sacarle copias, aunque mi editor diga que no. Este libro no es mío, es de todos”. Es verdad que en la periferia se experimenta de otra forma la ciudad y tratar de explicársela a alguien que no la ha vivido es muy complejo. Sin embargo, el libro que nos presenta Perro es un fuerte ladrido a lo lejos que nos obliga a voltear hacia Ecatepec. Para él, definir la periferia sale sobrando “no sé qué signifique, solo sé que estoy al margen de todo, al borde, y estoy a punto de caer”.

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Imagen: Cortesía del autor.

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Paola Eguiluz (Ecatepec, 1986) es artista, curadora e historiadora del arte. Estudió Artes Visuales en la Universidad Autónoma de Querétaro y la maestría en Historia del Arte (Estudios Curatoriales), UNAM. Actualmente es coordinadora de exposiciones y actividades de formación en Local 21. Espacios Alternativos de Arte.