Arte

Divergente


Por Alejandro Vazquez / @aerodiolesi

 

 

Esta película del director Neil Burger nos da un motivo más para detestarlo, en 2011 lanzó el thriller con tintes de ciencia ficción Limitless, que más que ser una decepción es casi una ofensa al gremio de los escritores, se trató de una historia en apariencia atractiva donde un novelista frustrado descubre una droga que lo vuelve extraordinariamente inteligente, hecho que lo lleva a enfrentar un mundo plagado de peligros y que al superarlos lo llevan a ser un autor best-seller y a ser senador de EEUU, en síntesis pasa de ser un don nadie a ser un hombre con fama y mucho poder. Al final de la película él está por hacer una campaña para la presidencia de EEUU. Si no bastaba con las caracterizaciones estereotipadas en torno al  fracaso y al éxito, también se abusa de un elemento casi mágico (‘la droga de la lucidez’ por llamarla de algún modo o el ‘soma’ por suponer otro nombre) que opera la transformación fantástica del personaje que lo lleva a realizarse. Es decir, una mercancía más dentro de la producción en masa de tragicomedias de Hollywood.

En su momento Limitless recaudó 18 millones de dólares en taquilla y este nuevo producto de Burger pinta para un éxito taquillero similar, igual que casi todas las películas que contaminan la mente de la humanidad en una dimensión incalculable.

Divergent es la historia de una joven que vive en una sociedad de castas futura. Y un acierto está en el planteamiento de una distopía totalitaria en un mundo ya devastado por la guerra donde Tris (Shailene Woodley) tiene que enfrentar al momento de su vida donde debe atender una especie de llamado vocacional basado en los patrones mentales que definen su carácter para integrarse a la sociedad como un ser independiente. Otro acierto está en que la mente de esta joven es tipificada como divergente y no puede integrarse completamente a una sola facción, hecho que la hace entablar una relación romántica con su mentor Cuatro (Theo James), otro divergente. El detonante dramático permanece velado hasta el final de la historia.

Una vez que ha elegido una de las cinco cinco facciones de labor y virtud, que habitan esa inverosímil ficción, la integración consiste en superar una serie de pruebas iniciáticas que llevará a los jóvenes a integrarse a la sociedad. Estas virtudes son Verdad (observación de la ley), Abnegación (gobierno y seguridad social), Osadía (policía y ejército), Cordialidad (agricultura) y Erudición (tecnología), cada una caracterizada por un color, en el mismo orden: blanco, gris, negro, café y azul. Tris obtiene como resultado de su prueba de afinidad el resultado de Divergente que es considerado como un factor de caos en ese limitado mundo perfecto.

Para aclarar un poco esta carencia debo referirme a que la trama se centra en narrar el conflicto individual de carácter formativo de Tris. Y no se puede negar que esté resuelto en cierto modo audaz. Pero yo pienso que hubiera sido una buena película de ciencia ficción si en vez de concentrarse en el segmento de la historia donde ella asume esta particular de su carácter (el sí mismo jungiano) y se encuentra con una pareja que la acompañe en una aventura hacia lo desconocido con todo en su contra.

Otro punto interesante de la historia está en que en esta versión del futuro la tecnología para acceder al mundo de las fantasías de forma colectiva ya es disponible, lo cual sugiere una comprensión y aceptación de la importancia que tienen el miedo y el subconsciente en el descubrimiento de la identidad. Recurso que sería interesante si no hubiese sido tratado ya de una mejor manera argumental en Inception (2010) de Cristopher Nolan.

Aspectos buenos de este estilo de narración son la agilidad y el presupuesto de inversión con que recrean estos mundos. Aspectos negativos son la pobreza de los diálogos y la esquemática trama del viaje del héroe, que se ha desvirtuado como una fórmula para convertir la mierda en oro, en el sentido mundano y no en el sentido trascendente y esencial que la teoría del monomito pretendía.