archivo

Después del museo tomado, por Brenda J. Caro Cocotle


Enero, 2018

En estos tiempos de movilización y opinión a la velocidad de la viralización y virtualidad operante, este texto pudiera no tener ya sentido: Los Hemocionales ya “tomaron” el museo, ya lo dejaron; reportaron, tuiteamos, posteamos… Y a otra cosa mariposa porque, bueno, los minutos vuelan, el time line sigue su curso hacia abajo. Pensar requiere calma y compromiso (y qué pereza, es cosa de reaccionarios, de viejos, de críticos de ocasión y de desocupados amargados).

Mas si el texto carece de vigencia, no así la discusión de fondo; que no radica en si se condena o aplaude la denominada acción artística y simbólica del colectivo como si se tratase de la porra del América contra la del Pumas,[1] sino en la coyuntura que en teoría sustentó la acción y bajo la cual ésta fue recibida.

Tomemos la premisa de los artistas involucrados: la toma buscaba ejercer un rechazo a la institución museística y a su falta de pluralidad a través de determinados mecanismos de inclusión / exclusión; una denuncia al “compadrazgo” entre curadores y artistas, además de evidenciar cómo el museo se convierte en un dispositivo político sobre la base de hacer visibles determinados discursos en detrimento de otros.

Sería tener muy poca vergüenza negar que en efecto, eso es el día a día en los museos en México y por lo cual, toda demanda referente a cuestionarla debiera ser acogida. Pero también, lo sería el ignorar que: 1) Es una problemática cuya raíz radica en la racionalidad propia del museo, es decir, está en su base institucional y constituye su pecado original; 2) Que los males señalados no son exclusivos de aquel, sino son parte del sistema artístico contemporáneo, de modo que el problema no se agota en las políticas de exhibición o la programación de un recinto, sino en la forma en cómo se genera el valor del arte y las políticas derivadas de ello. Así, considerado un ejercicio crítico, y en particular uno que quiere ejercerse desde la práctica artística, obliga a un trabajo conceptual, formal y de ejecución detallado y reflexivo; implica una responsabilidad y exige una coherencia entre el discurso y el hecho.

El gesto puede ser la forma más incisiva de la acción, y por ello, también la de mayor riesgo. La impericia de lo realizado por Los hemocionales radica menos en lo fallido de los marcos conceptuales y operaciones metafóricas —la relación entre ocupación y temporalidad y la referencia a los movimientos estudiantiles; un “diálogo” solicitado con el interlocutor en vacaciones, la crítica a una oferta programática bajo el olvido de que se ha formado parte de ella, la lectura reducida del manifiesto de Goeritz y el posterior de Los hartos;[2] la elección del Eco que no del MUAC—, que en los no-alcances del gesto: un vidrio roto que no cimbró ni un ápice el techo de cristal de la escena del arte, el “escándalo” en una nota en el periódico, en redes y un par de sendos comunicados que dejarán testimonio del anecdotario. Y hasta ahí.

El statu quo no se mueve porque en realidad no interesa moverlo ni del lado de los profesionales del arte ni del de las autoridades y encargados de las instituciones culturales. Que el compromiso del artista sólo alcanza una hora puede ser censurable, mas debería llevar a preguntarnos por qué: ¿Por qué si hablamos de prácticas de exclusión, no abordamos también las del networking al interior de colectivos, espacios independientes y las que se fijan entre éstos y los recintos de exhibición pública? ¿Por qué si hablamos de apertura y espíritu crítico no revisamos también una política museal centralizada, que descansa en demasía sobre un perfil curatorial en concreto? ¿Por qué si se declara un rechazo y hartazgo hacia la forma en cómo operan los museos en México no se plantea una propuesta de trabajo real con acciones claras? ¿Por qué si se habla de compromiso para con el pensamiento reflexivo y de vanguardia no se han revisado las implicaciones del modelo del museo universitario en la escena del arte en México y el tipo de política cultural que está configurando?

El statu quo no se mueve porque tampoco nos interesa moverlo. Si se tuviera una respuesta semejante en redes respecto a las acciones gubernamentales, problemáticas institucionales y prácticas colectivas que están devorando el arte y la cultura en México, tal vez hubiéramos podido concertar acciones mínimas para intentar dar frente a varias de ellas, en vez de patadas de ahogado. Hacer arte siempre ha sido tarea complicada en Latinoamérica, y en nuestro país se va remando contra la corriente desde el fin del sueño de la modernidad y la gloria revolucionaria. Sin embargo, en estos años de despojo descarado, precariedad legalizada y violencia sistemática, la corriente parece desbordarnos. El enojo, en última instancia, es que lo hecho por Los hemocionales nos refleja a todos nosotros como realidad ineludible de nuestra propia frivolidad. Porque antes de que nos demos cuenta, habremos de mirar hacia el nuevo escándalo del arte contemporáneo y nos estaremos preparando para la temporada de ferias con el ladrillo en una mano, la sonrisa y la tarjeta de presentación en la otra.

Imagen: Archdaily

— —

[1] Una toma de posición que la autora de este texto hizo pública de la forma señalada en el párrafo inicial: “posteo”, tuiteo y rechazó la acción del colectivo. Aquí no hay baños de pureza: también uno se sube al “tren del mame”.

[2] Mathias Goeritz firmó en 1960 un manifiesto que comenzaba con la frase “Estoy harto”; en 1961, sería retomado por Cuevas, Friedberg, Horna, Goeritz y otros, en una exposición realizada en la Galería Antonio Souza.

——

bc1

Brenda J. Caro Cocotle es Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas y Maestra en Museos. Es Doctora en Estudios en Museos por la University of Leicester, Leicester, Inglaterra.