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Desobediencia, siempre la desobediencia. Salón Independiente en México, por Paola Eguiluz


Enero, 2019

Escribir este texto resultó más complejo de lo que imaginaba. Pensé en iniciar con una cita sobre lo que significa la independencia en el arte, después pasó por mi mente una frase del discurso que pronuncia el presidente de los Estados Unidos en la película Independence Day (1996), también consideré contar una anécdota del tiempo que trabajé en la investigación documental y artística de esta exposición, hasta que recordé un texto de Mauricio Marcin.

En los primeros días de 2018 un grupo de artistas autonombrado los Hemocionales entró al patio del Museo Experimental El Eco, forzó las puertas y rompió un ventanal. Ante los hechos, los causantes declararon:

“Consideramos que los espacios institucionales no representan a nuestra generación ni acogen todos los discursos artísticos posibles. Creemos que es importante que existan espacios que alojen y difundan el trabajo experimental —así como el proceso de los artistas nacionales— y no sólo aquellos que se presumen como concluidos”.1

Esta acción —con todas sus reservas— sacó a la luz el descontento de un sector de la comunidad artística. Es cierto que en las instituciones no hay cabida para todos y es ingenuo pensar que el nepotismo, clasismo y otros ismos no existen en el circuito del arte. Menciono este hecho para señalar cómo cinco décadas después las inquietudes artísticas parecen ser las mismas.

En junio de 1968 el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), como parte del Programa Cultural de la XIX Olimpiada, abrió una convocatoria para participar en la Exposición Solar, 1968 en el Palacio de Bellas Artes. La muestra, de carácter oficialista, se centraba en cuatro ejes basados en la técnica: pintura, escultura, gráfica/dibujo y acuarela, dejando fuera a las nuevas prácticas.

En este tono, un grupo de artistas objetó los premios ofrecidos en la convocatoria por considerar que el gesto le daba un sentido comercial, de igual manera, cuestionó la decisión de los organizadores al encasillar en disciplinas la práctica artística. Después de dos aclaraciones por parte del INBA, la convocatoria señaló que en lugar de premios serían adquisiciones para el recién inaugurado Museo de Arte Moderno (MAM), sin embargo, las categorías fueron conservadas. Por su parte, el colectivo de artistas que se habían pronunciado en contra se mantuvieron firmes y decidieron no participar, lo que dio pie a la integración del Salón Independiente.

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El año pasado para conmemorar los cincuenta años del movimiento estudiantil, la UNAM organizó el ambicioso programa M68 Ciudadanías en Movimiento con más de cien actividades, incluida una programación expositiva repartida en sus espacios museísticos. En este marco, el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) presenta Un arte sin tutela: Salón Independiente en México, 1968-1971, exposición que se esbozó por primera vez en La era de la discrepancia. Arte y cultura visual en México 1968-1997 expuesta en MUCA Campus durante 2007.

Bajo la curaduría de Oliver Debroise, Cuauhtémoc Medina, Pilar García y Álvaro Vázquez Mantecón, La era de la discrepancia fue una revisión histórica de los momentos que transformaron la producción artística del país a través de nueve secciones, la primera de ellas articulada en torno al Salón Independiente (SI).

Doce años después, es posible conocer con mayor detalle el origen de uno de los primeros proyectos artísticos autogestivos y de pensamiento crítico en México. Un arte sin tutela, curada por Pilar García, inicia su recorrido contrastando algunas de las obras seleccionadas para la Exposición Solar frente a dos fotografías a gran escala del Mural efímero; éstas últimas acompañadas de imágenes tomadas entre 1952 y 1968 que narran la construcción de la escultura del presidente Miguel Alemán frente a Rectoría, pasando por los dos atentados contra la estatua, hasta llegar a una imagen de los Hermanos Mayo que muestra el bloque de metal en el que se convertiría la figura presidencial cuando fue cubierta por láminas acanaladas.

Como parte de las Jornadas Culturales organizadas por el Comité de Intelectuales, Artistas y Escritores en 1968, cientos de jóvenes se dieron cita en la explanada de Rectoría para participar de distintas actividades. La cubierta de la escultura de Alemán resultó ser el soporte ideal para que alrededor de 50 artistas, entre ellos Fanny Rabel, José Luis Cuevas, Manuel Felguérez, Gilberto Aceves Navarro, Benito Messeguer y Francisco Icaza, pintaran de manera conjunta una obra que se conocería como Mural efímero.

Además de destacarse por su ejecución y temática, la trascendencia de la acción es determinada por el registro fotográfico de Héctor García, Paolo Gori y Ethel Villanueva, trabajadora de la universidad, así como por los filmes de Raúl Kamffer y Leobardo López Arretche.

Salón Independiente 68

El Mural efímero fue el aglutinante para que más artistas se sumaran al grupo desertor del INBA y organizaran una exposición perfilada como un ejercicio de absoluta libertad creativa. Después de algunas reuniones y la redacción de sus principios de acción, el 15 de octubre de 1968 se inauguró Salón Independiente 68 en el Centro Cultural Isidro Fabela con la participación de 46 artistas.

“Hoy resulta casi imposible ser revolucionario en arte, puesto que toda revolución o seudorrevolución está aceptada de antemano. Es decir, que lo que vemos en este Salón se parece bastante mucho de lo que podemos ver en la oficial Exposición Solar donde, por supuesto, los Independientes habrían sido bien recibidos, y supongo que en su mayoría fueron invitados”.1

Como señala Alaíde Foppa en su crítica, esta primera muestra no logró romper del todo con la estética oficialista e irónicamente fue incluida en la Guía de Exposiciones del Programa Cultural de la Olimpiada, pese a ello y a que el SI se declaró apolítico, en el MUAC vemos las únicas dos piezas que abiertamente tenían una postura crítica: Tremendismo (La mascota del pentágono), de Artemio Sepúlveda y Tlatelolco, de Felipe Ehrenberg.

De la misma manera que había obras del SI que podrían haber estado en la Exposición Solar, artistas que participaron en Bellas Artes como Joy Laville, Ernesto Mallard y Alan Glass pronto pasarían a formar parte del Salón Independiente en las siguientes ediciones.

Salón Independiente 69

Con la efervescencia del movimiento estudiantil menguada y con Helen Escobedo como miembro del Salón y coordinadora de exposiciones del MUCA Campus desde 1961, la UNAM fue el escenario ideal para realizar la siguiente exposición del SI. El Corredor blanco, de Escobedo —reconstruido para La era de la discrepancia con la asesoría de la artista— da pie al segundo Salón.

Tras largas reuniones y debates públicos, el grupo del SI escribió un reglamento en el que se detallaba que para la siguiente exposición las y los artistas deberían producir obra inédita y no podrían participar en proyectos del INBA o bienales internacionales donde hubiese premios de por medio. Gracias a las dimensiones del MUCA Campus y el tiempo destinado, se presentaron conjuntos de obras o series que permitían conocer con mayor profundidad su producción.

Principio y fin, tríptico de Lilia Carrillo y Canto triste por Biafra, de Gilberto Aceves Navarro —que narra la guerra civil por la que Nigeria atravesaba en esos momentos—, son algunas de las obras presentes en Un arte sin tutela. Así como la pieza de gran formato Reflejos de arquitectura futura, de Vlady y la serie Homenaje a Quevedo, de José Luis Cuevas. Dentro de las cuatro propuestas geométricas de Ricardo Regazzoni destaca Chacal, recreada y compuesta por un objeto tridimensional cubierto con peluche rosa y otro bidimensional a muro, la única obra del SI que abordaba una temática homosexual.

Vale la pena ver los diez minutos del cortometraje de Rafael Castanedo en colaboración con Felipe Cazals y Arturo Ripstein, además de ambientar y contextualizar las obras en sala, constata el acontecimiento que fue la inauguración de este segundo ejercicio, en donde se ve a David Alfaro Siqueiros y al rector Javier Barrios Sierra entre la multitud. Así, el segundo Salón logró conjuntar expresiones artísticas diversas y novedosas, lo que le valió buen recibimiento por parte del público y la crítica.

Salón Independiente 70

Afirmación. Un enorme SI enmarca la siguiente sala de Un arte sin tutela. Recreada con periódicos de la época, la mampara que abría el tercer Salón en el MUCA nos indica el carácter de esta edición. Durante un par de semanas el museo se convirtió en un laboratorio de experimentación artística, donde el trabajo colaborativo y las piezas efímeras de sitio específico tuvieron lugar. Gracias a una donación de cartón y papel de la empresa Cartonajes Estrella, la pieza del SI logró trascender y romper con las convenciones artísticas de la época.

Debido a su ausencia en la ciudad, algunos artistas enviaron obras en otros formatos como la pintura Ritmo No. 7, de Myra Landau; la pieza de arte correo Arriba y adelante, de Felipe Ehrenberg; la litografía De la transformación de Sansón y Dalila en Judith y Holofernes; de Leonel Góngora; así como tres pinturas de la artista guatemalteca Margot Fanjul.

Durante la producción de las piezas, la fotógrafa Ursula Bernath documentó parte del proceso. Las imágenes nos entregan momentos de artistas en actitudes desenfadadas alrededor de materiales. De igual manera, la película de Jaime Aldana da cuenta del trabajo experimental que les permitió ir más allá de su producción habitual, no solo en soportes y dimensiones, sino en temáticas.

Una de las grandes aportaciones de Un arte sin tutela son las réplicas de las obras del tercer Salón. La pieza de arte cinético de Manuel Felguérez, reproducida ahora en metal, da constancia de las inquietudes de la época, así como el ambiente hecho por Hersúa con carretes de hilos que encontró en la cartonera, indicios de lo que haría más adelante en su producción.

Por su parte, Aceves Navarro con un acto provocativo sale de la bidimensionalidad y quema parte de la pieza como crítica hacia la manipulación periodística. La obra de Tomás Parra que situó sobre las mamparas del MUCA juega con el movimiento y la espacialidad, mientras que La autoviuda, instalación de Brian Nissen, emplea recortes de nota roja sobre mujeres que asesinaron a sus esposos.

Otras piezas que se exhiben y que fueron reconstruidas en 2007 son Ambiente gráfico, de Helen Escobedo y Ambientación alquímica, de Marta Palau, instalación que actúa como talismán pero que por cuestiones de conservación lamentablemente no puede ser activada por el público como originalmente fue concebida.

Pese a la iniciativa y atención que había logrado el SI, tanto la prensa como los críticos no vieron con buenos ojos la exposición. Por otra parte, Vlady que había renunciado antes de la inauguración del tercer Salón, colocó a manera contestataria un dibujo sobre papel de gran tamaño bajo el título Independencia en la entrada del MUCA. Gesto con el que cuestionaba la congruencia y propósitos del grupo “¿Independientes de qué?” y que dejó en evidencia los desacuerdos y tensiones dentro del Salón.

Descentralización y disolución

Un arte sin tutela cierra con una sección dedicada al grupo Cine Independiente y a los sitios fuera de la Ciudad de México donde el SI estuvo presente: Toluca, Guadalajara, Colombia y Texas. Con la intención de reunir fondos para el cuarto Salón, el grupo artístico decidió organizar una subasta en la Galería Pecanins con pinturas ex profeso que obedecían al tema La mujer 50 x 50.

Miguel Aldana, promotor cultural y director del Centro de Arte Moderno (CAM) en Guadalajara, adquirió todas las piezas e invitó al SI a intervenir con murales el exterior del CAM. Del proceso y las obras resultantes queda registro en un catálogo publicado por el CAM, así como diapositivas y algunos fragmentos de una película que el propio Aldana grabó mientras trabajaban en los murales.

Además de Guadalajara, el Salón Independiente expuso en dos ocasiones en la Casa de la Cultura de Toluca, Estado de México. Plástica 70 fue la primera muestra con algunas piezas del segundo Salón. Al año siguiente, en marzo de 1971, inauguraron III Salón Independiente donde expusieron las obras que produjeron con papel. Ambas fueron un acontecimiento para el grupo y las autoridades de la Casa de Cultura, quienes decidieron continuar con un programa de exposiciones con artistas locales.

Al respecto, una nota de El Heraldo de Toluca señaló: “La obra monumental, realizada fundamentalmente con sobreposiciones de figuras y recortes de periódicos, ha llamado poderosamente la atención por el mensaje que encierra y que los propios jóvenes así han interpretado: el repudio hacia el periodismo corrupto en México”.

A la par de sus disputas internas, en 1970 el grupo fue invitado al X Festival de Arte en Cali, Colombia y al año siguiente en la misma ciudad participó en la Primera Bienal Americana de Artes Gráficas en el Museo de La Tertulia, rechazando —como sus lineamientos indicaban— los premios y limitándose únicamente a exponer su obra. En el catálogo de la bienal sus semblanzas fueron acompañadas de la leyenda: “Pertenece al Salón Independiente de México. Participa sin concursar”.

Posteriormente, diez artistas del SI integraron la exposición inaugural del Instituto Norteamericano-Mexicano del Intercambio Cultural, que previamente había recibido al Pabellón Mexicano durante la exposición internacional HemisFair ’68 en San Antonio, Texas. Estas itinerancias fueron parteaguas en la circulación internacional del arte mexicano porque ya no quedaba en manos exclusivas del INBA.

A pesar de la proyección que estaban teniendo, las discrepancias seguían en aumento. Desde Londres, Felipe Ehrenberg interpelaba por la indefinición política del grupo, pero no obtuvo una respuesta positiva. Finalmente, ante la falta de consenso en cuanto a la postura que tomarían, en julio de 1971 Aceves Navarro, Lilia Carrillo, Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Fernando García Ponce, Brian Nissen, Marta Palau, Gabriel Ramírez, Ricardo Regazzoni, Vicente Rojo, Kazuya Sakai y Roger von Gunten presentan su renuncia masiva, poniéndole fin al Salón Independiente.

Durante su corta existencia, el SI amplió las posibilidades de creación al recurrir a la experimentación y autogestión. La flexibilidad que tenían les permitió incursionar en otras áreas como la moda, que aunque no lograron hacer el desfile que tenían previsto, las ideas y proyecciones quedaron en sus bocetos. A pesar de algunos detalles del Salón Independiente que son cuestionables —como la poca participación de mujeres o la adhesión de integrantes a la Galería Pecanins pese haberse declarado en contra de galerías y su mafia comercial—, éste sentó las bases para los Grupos de los años 70 y los espacios alternativos que surgirían en la década de 1990.

Un arte sin tutela: Salón Independiente en México, 1968-1971 es para mirarse con detenimiento. Si bien algunas obras se han presentado en distintos contextos y en diálogo con otras temáticas, la exposición permite verlas en conjunto y rodeadas del entorno en el que fueron ideadas. Para percibir la esencia de la época, junto a las cédulas se encuentran fotografías del registro que hizo Brian Nissen del segundo y tercer Salón.

Revisiones históricas de largo aliento, como la presente, permiten conocer de lo general a lo particular la producción de artistas ahora reconocidos. Quisiera hablar de la exposición desde una postura imparcial y crítica, pero hay afectos de por medio que son difíciles de negar. Sugiero entonces que adoptemos la simpatía, el entusiasmo y las memorias que nos dan sus miembros Tomás Parra, Artemio Sepúlveda, Ricardo Regazzoni, Philip Bragar, Roger von Gunten, Ernesto Mallard, Hersúa, Gilberto Aceves Navarro, Manuel Felguérez, Sebastián, Vicente Rojo y Brian Nissen.

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Como señala Marcin, para extender realmente los horizontes institucionales y alterar sus estructuras no es suficiente oponerse o representar un acto subversivo, para lo que retomo la cita del activista Gustavo Esteva: “el NO necesita estar acompañado de una afirmación, del acto creativo que muestra no solamente por qué se resiste, sino cuál es el sentido de la resistencia”. El SI es la aseveración a la negativa del Estado por modificar su ideología y metodología, es la pulsión que transforma el descontento en las múltiples posibilidades de operación que conocemos hoy en día.

Fotos: Fondo Brian Nissen/ Salón Independiente, Centro de documentación Arkheia, MUAC, UNAM.

Texto: ¿En qué puede consistir la experimentación?, por Mauricio Marcin

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Alaíde Foppa, Los independientes, en Diorama de la cultura, 03 de noviembre de 1968.

Valiosa exposición en la Casa de Cultura, en El Heraldo Toluca 24 de marzo de 1971.

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Paola Eguiluz (Ecatepec, 1986) es artista, curadora e historiadora de arte. Estudió Artes Visuales en la Universidad Autónoma de Querétaro y la maestría en Historia del Arte (Estudios Curatoriales), UNAM. Recientemente se desempeñó como Coordinadora de exposiciones en el Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano.