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DESOBEDIENCIA DANCÍSTICA


Por María Cano Chanez / @maríacanochanez

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El alza en el precio del Transporte Colectivo Metro ha generado una diversidad de reacciones entre los usuarios de dicho transporte. Entre ellas se encuentra la iniciativa de #PosMeSalto, donde las personas conscientemente se brincan los torniquetes del metro en forma de protesta por la irracional y poco meditada alza en el mencionado transporte público. Es difícil pensar en una estética dentro de estas situaciones, sin embargo diversos bailarines de danza contemporánea aprovecharon esta circunstancia para crear, por así decirlo, una estética de la desobediencia. Es decir, decidieron saltarse los torniquetes del metro al mismo tiempo que creaban una figura estética a través de sus cuerpos. ¿Es posible crear activismo a través de la danza?

Estas acciones, lejos de ser activistas, son mejor dicho, una manera de aprovecharse de una reacción colectiva para promover una forma estética de ver la vida.  A pesar de esto, creo que la idea de estos bailarines fue genial y cargada de astucia —ya que no sólo están cayendo en la desobediencia civil colectiva, sino también crean una estética alrededor de esto—.  Es necesario contar con este tipo de acciones con más frecuencia porque de esta manera el arte no se estanca tras los telones de los foros. El arte vive en nuestra cotidianeidad y no sólo como una pieza más, sino como la rabia, ira e inconformidad que plaga en cada salto de torniquete.

No sólo se trata de sacar el arte a las calles como una mera forma de aproximación o gestión propagandística del mismo arte, sino como una revelación para la acción de propulsar; de catalizador de pensamiento en los espectadores. En notas anteriores había mencionado la inquietud de diversas compañías de danza por deshacerse del foro para presentarse en vías públicas. No obstante, en ocasiones estas propuestas resultan bastante pobres ya que en vez realizar la creación de algo nuevo que pueda conjuntarse con el quehacer cotidiano de la urbanidad, y que al mismo tiempo resulte como un motor para el pensamiento crítico; se quedan en tan sólo representar obras que ya conocemos. En otras palabras, se mantiene en una mímesis del teatro, es la misma producción pero en una locación distinta.

Por las razones anteriores, las acciones de los bailarines ejecutadas en el Metro, tienen mucho mayor peso porque no sólo están logrando innovar en cuanto el uso de la estética en un evento cotidiano sino que también logran colocarse hasta cierto nivel un una acción provocadora en contra de un sistema coercitivo. Habría que generar, una danza urbana que fomente este tipo de propuestas, que la danza de las calles no sólo se quede en la reinterpretación, contrariamente que devenga como un movimiento agitador  y que esté relacionada con las problemáticas que conciernen al país.