Música

DEL NIRVANA AL OLIMPO: NIRVANA EN EL SALÓN DE LA FAMA


Por Pablo Cordero / @sugarskull12

25 años después de la publicación de su primera grabación (el sencillo “Love Buzz”), Nirvana, icónica banda de Aberdeen, Washington, que puso de cabeza el panorama musical a inicios de la década de los noventa, ha ingresado al Salón de la Fama del Rock’N’Roll, en una ceremonia que tuvo lugar el 10 de abril.

Nirvana fue uno de los siete artistas que ingresaron en este año, tan variados en estilo y calidad que subrayan la poca lógica que hay detrás de la selección anual de candidatos que acceden a la institución. El reconocimiento a Peter Gabriel y Bruce Springsteen es acertado y merecidísimo, pues los dos figuran entre los compositores esenciales del último medio siglo además de que representan un virtual yin-yang del rock, siendo Springsteen americano, crudo y visceral donde Gabriel es británico, flemático y sofisticado.

Cat Stevens, Hall & Oates y Linda Ronstand también son sin duda impecables y respetables representantes del mundo del pop y el folk, aunque el que hayan cambiado el mundo de la música popular lo suficiente para formar parte de un Salón de la Fama es cuestionable. El caso de Kiss nos habla de una banda elegida más por su potencial comercial e icónica imaginería que por su muy discreta capacidad musical, aunque irónicamente fue uno de sus integrantes, Paul Stanley, quien en esta ocasión hizo las más acertadas críticas a la aburguesada institución del Salón de la Fama, llamándoles “un grupo reducido de burócratas eligiendo a quién quieren en su pequeño club”.

Más allá de lo que pueda decirse sobre el Salón de la Fama, la relevancia de Nirvana a 20 años de la desaparición de Kurt Cobain es incuestionable. Su música se ha mantenido tan presente durante las últimas dos décadas que es fácil dar por sentada la habilidad de Cobain como compositor, e incluso existe una importante reacción contra ellos en muchos sectores, el inevitable backlash que le ocurre a todo artista que logra un éxito comercial y crítico excepcional. “Había grupos de grunge mejores que Nirvana” es un lugar común tan habitual como “Los Beatles no eran tan buenos”. Sin embargo, la realidad es que obras como Nevermind e In Utero no han perdido un ápice de fuerza y nos recuerdan que Cobain siempre expresó una visión personal, única, influida por muchos pero deudora de nadie, y lo hizo con una claridad y potencia que resuena hasta nuestros días.

Dave Grohl y Krist Novoselic, miembros supervivientes del power trio, tomaron la inspirada decisión de suplir a Kurt Cobain para la ceremonia con cuatro mujeres, representantes de cuatro generaciones de música rock. Joan Jett, Kim Gordon, St. Vincent y Lorde (quien, por cierto, había ofrecido un concierto en la capital mexicana la noche anterior), cuyas edades oscilan entre los 61 y los 17 años, ofrecieron emocionantes interpretaciones de “Smells Like Teen Spirit”, “Aneurysm”, “Lithium” y “All Apologies”, respectivamente.

 

“All Apologies”, cantada por Lorde

 

Después de la ceremonia, Nirvana ofreció un show no anunciado en un pequeño local de Brooklyn (Saint Vitus, con capacidad para 350 personas), tocando un set completo con Jett, Gordon, St. Vincent, el líder de Dinosaur Jr. J. Mascis, y otros.

 

Annie Clark de St. Vincent canta “Heart-Shaped Box”

 

Escuchar estas canciones en vivo genera una sensación agridulce al pensar en la prematura e innecesaria muerte de Kurt Cobain, pero las canciones son lo suficientemente atemporales para seguir siendo dignas de escucharse aunque sea por milésima vez. El ingreso de Nirvana al Salón de la Fama es tan merecido como irrelevante; ellos ya eran inmortales desde mucho antes.