Arte

¡No me cuentes el final de la película!


Por Abel Cervantes

¿Cuántas veces hemos participado en una conversación que concluye con un: “no me cuentes el final porque me echarás a perder la película”? Observar un filme es radicalmente distinto a escucharlo en la voz de alguien. Por lo demás, una cinta no puede ser reducida a su historia. Oír la trama como si se tratara de un cuento no tiene nada que ver con presenciar un discurso audiovisual donde los lenguajes de la literatura, la escritura, el teatro, la música, entre otros, se relacionan para ofrecer múltiples y, en ocasiones, complejas interpretaciones. Por mi parte, cualquier persona podría contarme una película completa y seguiría teniendo el mismo interés en ella. Incluso podría acrecentar mis deseos de verla.

En el ensayo Seis paseos por los bosques narrativos Umberto Eco explica su fascinación por Sylvie. Para el semiólogo italiano leerla una y otra vez engrandece la capacidad narrativa de Gérard de Nerval, porque en cada ocasión degusta los recursos formales que el escritor francés utiliza para crear ambientes o suscitar atmósferas inquietantes. Conocer la historia de una cinta permite observar sus cualidades estéticas y, en todo caso, juzgarlas y disfrutarlas desde un punto de vista crítico.

En una de las entrevistas incluidas en el formidable libro Las grandes entrevistas de la historia, selección a cargo de Christopher Silvester, Alfred Hitchcock explica su método preferido para mantener el suspenso. Digamos, comenta el director inglés, que tenemos una escena donde aparecen dos hombres conversando en un restaurante. De pronto estalla una bomba. El espectador experimentará una sorpresa que le durará algunos segundos. Ahora supongamos la misma situación, pero pensemos que el director le muestra al espectador que en el lugar hay una bomba. La tensión en el auditorio será mayor, pues tendrá los pelos de punta a lo largo de toda la secuencia sabiendo que en cualquier instante ésta puede detonar.

Reducir las cualidades de una película a su final demuestra que como público estamos todavía lejos de entender el lenguaje cinematográfico. ¿Hace menos interesante a Psicosis conocer que el asesino es Norman Bates travestido de su mamá? Por el contrario, la narrativa de Hitchcock adquiere mayor relevancia, a tal grado que uno puede disfrutar de este atemorizante relato una y otra vez. Y este ejemplo se puede aplicar a cualquier otro filme. Dejemos de asustarnos cuando escuchemos el final de una película que aún no hayamos visto.