Arte

Crónica | Lost Property: un ruido de fondo


Por Silverio Orduña Cruz | Agosto, 2018

El silencio del domingo, la quietud de la ciudad. Un bar en la colonia Escandón abierto casi al medio día. Cervezas en el refrigerador que son latencia de un hecho artístico o solamente un pretexto para conversar. El espacio del arte entre los cuerpos, alrededor de ellos y sus relaciones. Lost Property es un proyecto para producir conexiones a través del tiempo, entre sus momentos de pausa y aceleración.

Pensado como un generador de experiencias, este bar/obra de arte/espacio de exhibición reunió a once artistas para construir un set o ambientación que se relaciona con aquellos lugares que abre el campo del arte en situaciones “especiales”, como los cocteles de las inauguraciones o las reuniones entre agentes propiciados para el pensamiento, la discusión o la “simple” construcción de una escena. La escena como concepto, la escena como instante.

Esta iniciativa tiene sus orígenes en Ámsterdam y se trata de una plataforma de exhibición y un dispositivo para generar encuentros sociales. Del 21 de junio al 15 de julio tuvo lugar en la Ciudad de México, en la galería Héctor, colonia Escandón. Durante esta edición, el motivo fue el silencio. ¿Qué posibilidades suscita el aislamiento del sonido, la calma, la “ausencia” sonora, la aparente inmovilidad? De acuerdo con el músico contemporáneo Lê Quan Ninh, el silencio no existe, sino que la vida cotidiana posee un ruido de fondo que se acerca a ese estado que tomamos como silencioso.

Lost Property provocó dirigir la escucha a ese ruido de fondo derivado de las prácticas sociales del campo del arte. Dicha misión, explícita o no, fue posible con la participación de artistas que propusieron el emplazamiento de objetos —entre cuchillos, vasos, libros y decoración— acompañados por video, sonido y performances en vivo y a distancia, éstos últimos transmitidos vía electrónica.

Las sesiones sucedieron los jueves y domingos, lo que dio pauta a dos versiones diferentes de Lost Property, pues el horario también influye en el mood que se sugiere, aunque el bar sea una obra escultórica. Los jueves, de 19:00 a 23:00 horas, el ánimo se tornaba en fiesta. El ruido de fondo hacía más evidentes las conversaciones de los visitantes, quienes se aglomeraban en el espacio reducido de Héctor, que antes de ser galería fue taller mecánico. Así, las charlas de los próximos planes, las opiniones sobre la situación política e, incluso, la pretensión de quedar bien frente al otro, sobrevinieron silencio y se combinaron con la compra de cervezas en la barra y las demás piezas desperdigadas por el lugar.

En cambio, los domingos, de 13:00 a 16:00 horas, el ambiente dio para paseo. La sala/bar/arquitectura focalizaba imágenes: las etiquetas de cerveza intervenidas, los cuchillos y sus materiales “toscos”, un reloj-video puesto en la parte superior de la entrada del baño, la lectura de un libro, la transformación de un performer en el espíritu de Natasha Fuentes Lemus. El ruido de fondo, la desaceleración, permitía que el sonido del barrio se colara y la cantidad de visitantes, excepto la de los jueves, semejaba más bien una reunión de amigos que se juntaban en la banqueta.

En Lost Property participaron los susurros de Ricardo Alzati, Iván Martínez, Silvestre Martínez, Jajem, Sands Murray-Wassink, Isaac Olvera, Benjamin Thorell, Monica Tormell, Radna Rumping, Felicia von Zweigbergk y Will Holder.

Imagen: mariafusco.net