Arte

CORDIOX de Ariel Guzik


Por Pamela Ballesteros / @apoteosis_ 

Cordiox, la compleja máquina de Ariel Guzik describe sonoramente el entorno donde se ubica, muestra aquello que los sentidos no pueden percibir. El instrumento monumental de cuatro metros de altura es el resultado de tres décadas de investigación y estudio, lo que conlleva a su perfeccionamiento sonoro.

Esta pieza cuya estructura figura a un gigantesco órgano, está formada por dos elementos complementarios: el primero es el centro de la pieza, un cilindro hueco de cuarzo fino, único en el mundo manufacturado ex profeso en Alemania, el que cumple la función de tímpano que percibe hasta la señal vibratoria más sutil del ambiente; y segundo, ciento ochenta cuerdas repartidas en tres arpas. Éstas, a diferencia de los instrumentos musicales tradicionales, funcionan con entropía, es decir, son estimuladas por fuerzas magnéticas no visibles. En conjunto con estos dos componentes (sin bocinas ni amplificadores) todo tipo de vibraciones y energías en el ambiente son susceptibles de ser capturadas por su mecanismo y propician una experiencia de escucha excepcional.

Se trata de una experiencia en la que se conjuga la música, el arte y la ciencia, que describe sonoramente el espacio y entorno donde se ubica, propagando notas únicas que crean un fenómeno y experimento auditivo el cual reverbera a la naturaleza por su simplicidad. Ariel Guzik quien también es músico y científico, ha tenido como elementos clave de su trabajo la acústica, la armonía y la resonancia por lo que propone visitar la pieza en solitario ya que la obra “produce emociones cuando se escucha en la intimidad y se aprecia la sutileza de su sonido”.

Cordiox representó al Pabellón mexicano durante la 55 Bienal de Venecia. Ahora llega al Laboratorio Arte Alameda, un espacio que ofrece una excelente acústica, idónea para experimentar este recorrido sensorial.