Arte

Cine en vivo y en tiempo real


Por Abel Cervantes

La primera edición del Festival de Cine de Aguascalientes —que se llevó a cabo del 11 al 18 de abril— presentó un programa interesante conformado por cintas nacionales y extranjeras, entre ellas una serie dedicada al director japonés Hayao Miyazaki a manera de homenaje, incluyendo su película más reciente, El viento se levanta.

Una de las propuestas más arriesgadas del certamen fue Experimentags, donde se exhibieron tres trabajos: El gusto es mío, de Jaime Ruiz; Tiempo muerto, de Iván Ávila; y Ucany o El espejo, de Ivonne Fuentes. Los cortometrajes de alrededor de 30 minutos eran grabados en diferentes calles de Aguascalientes y proyectados en vivo en el Teatro Morelos. El auditorio miraba las imágenes con una emotividad inusual porque muchas de las escenas se producían y editaban en ese momento.

En primera instancia, los resultados fueron asombrosos. La coordinación y habilidad técnica que requiere un ejercicio como éste sobrepasa las exigencias de otros filmes. Sin embargo, vale la pena detenerse en los resultados. ¿Qué valores adquiere una película que se proyecta en el mismo instante que se graba? Salvo una transmisión en vivo, como un encuentro deportivo, donde el público experimenta la sensación de presenciar un evento que puede cambiar su curso subrepticiamente, los trabajos audiovisuales pocas veces adquieren cualidades estéticas al ser proyectadas en tiempo real.

El cine es una disciplina conformada por filmes que tienen la capacidad de permanecer vivos eternamente: cada vez que se exhiben emulan un tiempo presente, como si los acontecimientos que se desarrollan en la pantalla ocurrieran por primera ocasión. (Una característica inquietante, si se piensa: al ser registradas por una cámara las personas pierden un halo que incluso seguirá oscilando cuando éstas hayan desaparecido.) De esta manera, efectuar un ejercicio en vivo no representa un riesgo formal trascendente. Por el contrario, reduce al cine a un espectáculo de efectos especiales donde el espectador experimenta sensaciones parecidas a las que advierte cuando se sube a un juego mecánico.

Es interesante señalar que algunas de las propuestas del cine actual transitan el mismo camino. Otro ejemplo similar es el de las salas 4D, que presumen de crear movimientos en el asiento del espectador o aromatizar su entorno para hacerlo sentir nuevas experiencias. El cine es más que eso.