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Cédric Andrieux, ser humano antes que bailarín


Detrás de la escenificación de una coreografía y la solemnidad de estar sobre el escenario de un teatro, los bailarines esconden historias de entrenamientos cansadísimos, frustración por no alcanzar el nivel técnico exigido y las razones que los impulsan a seguir bailando y no huir de las inclemencias de la danza. Tradicionalmente, durante la escena lo importante es el aquí y el ahora. Los límites que rompe el movimiento.

 

Bajo el concepto creativo del coreógrafo francés Jérôme Bel, se presentó en el Teatro de la Danza el pasado 31 de julio una única función de Cédric Andrieux, un monólogo interpretado por un bailarín de 36 años que hace evidente lo que se trata de ocultar en el hecho dancístico. Los ejecutantes no solo son instrumentos del arte sino, antes que nada, son seres humanos.

Cédric Andrieux, quien actualmente forma parte del elenco del Lyon Opera Ballet, rememora durante la pieza su paso por el arte, desde el gusto de su madre por la libertad que inspira la danza contemporánea hasta el momento en el que decide convertirse en un bailarín profesional, su formación inicial en la ciudad de Brest y el Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de París, además de su participación en compañías tan connotadas como la que dirigió Merce Cunningham en Nueva York.

 

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Vestido con una playera y un pantalón deportivo, Andrieux rompe desde el primer momento las convenciones del glamour y la espectacularidad de la escena. Con un tono irónico, toma la palabra para relatar momentos importantes de su trayectoria, tanto amorosa como profesional, y para derrumbar algunos mitos de su profesión. Por ejemplo, pone énfasis en lo aburrido y cansado de ciertos ejercicios de entrenamiento y confiesa ante los espectadores algunas de sus limitaciones técnicas.

Conforme va avanzando en el monólogo, Andrieux ofrece fragmentos de las piezas de Philippe Tréhet, Merce Cunningham y Trisha Brown para ejemplificar la forma de trabajo de los coreógrafos. La obra deviene en una especie de documental o historia de la danza y el espectador puede acceder a información privilegiada, como los métodos y las visiones estéticas de dichos personajes representativos del arte dancístico. Cédric Andrieux es danza y documento.

 

 

Andrieux también interpreta un fragmento de The show must go on, coreografía de Jérôme Bel. Al filo del escenario se pone a mirar las butacas mientas suena su canción favorita: Every breath you take, de la banda de rock The Police. Dicho acto es totalmente trascendental: los bailarines no suelen observar, sino ser observados. En esta perspectiva honesta sobre la danza contemporánea, la experiencia resulta fascinante.

 

– Silverio Orduña