Arte

Capricho cumplido: Gaudí y la Villa Quijano


Laura Aguilar/ @laluflow

Si todos tuviéramos el privilegio de ordenar o construir casi cualquier cosa que hayamos imaginado (hablando estrictamente en el plano arquitectónico), tal vez el mundo de la construcción sería un caos o quizás nos encontraríamos con propuestas totalmente diferentes e interesantes. Pero por fortuna existen arquitectos que pueden guiarnos.

Máximo Díaz de Quijano se dio el lujo de mandar a construir un anexo al Palacio de Sobrellano, ubicado en Cantabria (España.) Un día decidió que sería buena idea tener una casa de verano de estilo oriental, que fuera independiente al recinto que habitaba su cuñado, el Marqués de Comillas, así que encomendó a Antoni Gaudí que diseñara el proyecto.

Gaudí fue asistente de Joan Martorell durante la construcción del Palacio de Sobrellano, también fue quien diseñó el mobiliario interior tanto de la capilla como del palacio, por lo que Díaz de Quijano no dudó en confiarle el proyecto.

La construcción se llevó a cabo entre 1883 y 1885, la obra fue dirigida por el arquitecto Cascante Colom, siguiendo estrictamente los planos hechos por Gaudí. La pieza es una mezcla de estilos, pues incorporan tendencias modernistas de la época, combinadas  con elementos de estilo neomudéjar.

El nombre original de la obra es Villa Quijano pero se conoce popularmente como Capricho, debido a que su construcción fue realizada sólo por complacencia. El recinto cuenta con una planta bastante amplia, con un sótano y desván además de tener una torre cilíndrica en forma de alminar persa que se encuentra totalmente cubierta de cerámica.

Muchos son los atractivos de esta construcción, pues se encuentra llena de detalles que conquistan a cualquiera. No es necesario haber visitado este lugar para conseguir sorprenderse  con la majestuosidad y belleza que alberga, evidentemente estar ahí tiene una magia especial, pero sin duda alguna es una pieza que podemos apreciar a distancia.

Creo que uno de los objetivos de la arquitectura es transmitir la intención de cada obra sin importar el medio en el que sea observada, eso no quiere decir que no se aprecie adecuadamente. Así que la próxima vez  que un amigo o familiar te obsequie una postal de alguna obra arquitectónica, no la menosprecies, mejor obsérvala con detenimiento y te darás cuenta que te han regalado parte de la esencia de esa obra.