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Brecha: Karen Cordero Reiman


Por Violeta Horcasitas 

Marzo, 2018

Esta es la primera de una serie de conversaciones con mujeres integrantes del campo artístico, quienes desde distintos escenarios activan el desarrollo intelectual, creativo y curatorial en México. Brecha es una colaboración entre Satélite y GASTV que parte de revisar prácticas que irrumpieron paradigmas y que hoy apuntan las condiciones que posibilitan, o no, el ejercicio de un presente inclusivo y por tanto, equitativo.

Karen Cordero Reiman (Nueva York, 1957) es historiadora, critica de arte, curadora,​ traductora, gestora y feminista. Trabajó durante 32 años como catedrática de tiempo completo del Departamento de Arte de la Universidad Iberoamericana, hasta su jubilación en agosto de 2017. Es profesora de asignatura del posgrado en historia del arte de la UNAM desde 1986 hasta 2017. En México, Cordero Reiman es una de las voces más comprometidas con la investigación de las diversas problemáticas de género dentro del arte.

Ninguna nace feminista, se asume la postura a partir de repensar no sólo el lugar que nos da el otro, sino también, el que decidimos representar. Es plantearnos desde un antes y un después. Karen, ¿te asumes como feminista y por qué?, ¿en qué momento dudaste de la narrativa “impuesta” sobre los roles de género?

Sí me asumo como feminista porque me parece importante subrayar la necesidad de cuestionar las relaciones de poder desiguales que existen en nuestras sociedades y culturas con base en criterios de género, por supuesto entrecruzadas con otros criterios (clase, raza, etc.); visibilizar y analizar esta desigualdad es una parte importante de mi vida cotidiana, mi trabajo profesional y mi compromiso político.

No recuerdo un único momento de epifanía o revelación en este sentido —me acuerdo de haber leído la autobiografía de Simone de Beauvoir desde muy joven, creo que en preparatoria—, pero una experiencia clave que agudizó mi conciencia de la problemática de género fue cuando fui a estudiar en Madrid en el segundo año de la universidad (era 1977, apenas había muerto Franco). De un lado la vivencia en la calle: “piropos”, modos de vestir, etc. me hizo consciente de la rabia que me provocaba ser tratada como objeto, lo que catalizó mi acercamiento a la teoría feminista, y de otro, la convivencia cercana con un grupo de compañeras puertorriqueñas y cubanas me permitió pensar mi país natal (EEUU) y su historia desde nuevas perspectivas, no necesariamente directamente relacionadas con el feminismo, pero sí con la necesidad de analizar críticamente las narrativas dominantes que se nos transmiten como doxa y la manera en que se naturaliza la opresión.

¿Cuáles han sido los principales retos desde la academia como mujer investigadora y curadora en México? 

Son varios:

1. Dentro de una estructura jerárquica, autoritaria y patriarcal que privilegia el “mérito” cuantitativo individual, buscar mantener y nutrir una trayectoria de trabajo y estrategias docentes que se basan en criterios distintos, fundados en el diálogo y el trabajo colectivo interdisciplinario, desde una perspectiva crítica y con un enfoque feminista.

2. Desarrollar en mi práctica un ir y venir entre la universidad y el museo, en el que el trabajo con públicos más amplios y a partir de discursos multisensoriales entra en diálogo y forma parte de mi campo de reflexión y acción en el ámbito primordialmente verbal y racionalista de la universidad, introduciendo así una consciencia del cuerpo como lugar de enunciación y experiencia en el ámbito del arte;

3. Participar poco a poco, con la complicidad de colegas afines, en la creación de una infraestructura y un espacio de visibilidad para la presencia de una perspectiva crítica feminista en los espacios de formación y acción profesional de la historia del arte y del sistema artístico en México.

Si pudiéramos medir el avance hacia una sociedad incluyente, al menos en el campo artístico mexicano, ¿qué lugar ocupamos?, ¿qué se ha logrado o qué hace falta? 

Los movimientos de derechos civiles y luchas para igualdad y visibilidad entablados desde los años setenta han logrado poco a poco dar cierta visibilidad al movimiento feminista, además de una perspectiva crítica feminista en la sociedad y en las políticas públicas. Sin embargo, en el ámbito específico del arte en México, queda mucho por hacer: la presencia de obra de mujeres en los museos y galerías sigue siendo muchísimo menor que la de hombres y la presencia de una perspectiva feminista, minúscula. A pesar de la presencia de mujeres en posiciones importantes dentro de la infraestructura cultural, éstas no se han caracterizado —en la gran mayoría de los casos— por ejercer una consciencia ante esta problemática, parece, incluso, que hay una introyección de criterios patriarcales y hasta un autoboicoteo de las mujeres en el sistema artístico, incluso mucho mayor de lo que ocurre en campos como la literatura y el teatro, por ejemplo.

Desde tu perspectiva, ¿Desde dónde deberían plantearse los parámetros de inclusión no sólo en los espacios de exhibición, sino también en la práctica artística y curatorial? 

Creo que debe haber un análisis crítico transversal del sistema artístico desde una perspectiva de género y feminista, que tome en cuenta las relaciones de poder y criterios epistemológicos en los que están fundados, para plantear estructuras y modos de relación y representación alternativos.

He escuchado en múltiples ocasiones que el término “cuota” como estrategia de inclusión impositiva, no apela al trabajo sino al género, y que ensancha la brecha creada por el separatismo, que si bien es una práctica abrazada por un sector feminista no es asumida por todas. ¿Qué opinas sobre las cuotas de género en exhibiciones?

Tener consciencia en las exposiciones y programas de exhibición de la representación desigual en términos de género, y buscar remediar y mejorar las estadísticas respectivas, es un punto de partida útil para hacer visible una problemática sistémica y así buscar atender una de sus consecuencias. Sin embargo, aplicada de forma aislada no logra abordar a profundidad las implicaciones estructurales ni epistemológicas del sistema patriarcal en el ámbito del arte así como tampoco los discursos que produce y reproduce.

A lo largo de tu práctica, ¿cuáles han sido los momentos, espacios, artistas o exhibiciones importantes para el desarrollo de una escena con una perspectiva de mayor inclusión?

Creo que la presencia desde los años ochenta de grupos de arte feminista (Polvo de Gallina Negra, Tlacuilas y Retrateras, BioArte) fue una pauta fundamental, así como la presencia persistente de algunas artistas con perspectiva feminista como Mónica Mayer y Maris Bustamante en el ámbito cultural, no sólo con su obra, sino también con un trabajo paralelo en la educación formal e informal así como en los medios del periodismo, radio y televisión.

Asimismo, la existencia de revistas con perspectiva feminista que incluyen algunos elementos relacionados con arte (Fem, Debate feminista, etc.) y algunas exposiciones que ensayan planteamientos alternativos en este sentido, tanto en el ámbito universitario como en museos públicos y galerías. La creación de MUMA: museo virtual de mujeres artistas mexicanas, por iniciativa de Lucero González, también es una pauta fundamental.

A nivel institucional, durante la gestión de Consuelo Saizar en Conaculta se organizaron foros de análisis sobre el papel de la mujer en la cultura y diversas acciones para favorecer una consciencia crítica al respecto, mismas que arrojaron algunos resultados interesantes pero que desgraciadamente no tuvieron continuidad. La muestra Si tiene dudas pregunte… una exposición retrocolectiva de Mónica Mayer en el MUAC en 2016, que realizamos con una perspectiva curatorial con programas públicos y de mediación planteados desde el feminismo también fue una pauta importante, y el año pasado la exposición Radical Women: Latin American Art 1960-1985 en el Hammer Museum de UCLA en Los Ángeles, organizada por Cecilia Fajardo-Hill y Andrea Giunta, fue un detonante fundamental a nivel internacional.

La antología que realizaste con Inda Sáenz y que contiene textos de Linda Nochlin, Griselda Pollock, Rosalind Krauss, Mónica Mayer y Magali Lara, por mencionar algunas, es sin duda uno de los trabajos de investigación imprescindibles para entender la historia del arte y, sobre todo, las omisiones en ésta. Al respecto, ¿qué textos quedaron fuera o te gustaría incluir en una segunda edición? 

Bueno, hay muchísimos: desborda las posibilidades de este formato dar cuenta de ellos, aún de manera resumida. El libro se planteó alrededor de 2000/2001 para dar respuesta a la falta de material bibliográfico en español ante un público interesado por una perspectiva feminista en la teoría e historia del arte, y toma en cuenta una selección de textos teóricos y ejemplos de aplicación a la historia y crítica del arte que abarcan desde los años setenta (con el texto parteaguas de Linda Nochlin, “¿Por qué no hay grandes mujeres artistas”) hasta finales del siglo XX.

Asimismo, con la excepción de dos textos escritos por artistas mexicanas (Mónica Mayer y Magali Lara), son textos traducidos del inglés, publicados originalmente en Estados Unidos e Inglaterra; hicimos la selección a partir del ámbito que conocíamos con suficiente profundidad para hacer una selección coherente. Tratamos de incluir una gama de perspectivas teóricas y dar cuenta de su desarrollo, así como incluir ejemplos de diferentes periodos históricos desde el Renacimiento hasta finales del siglo XX. Evidentemente, muchas cosas quedaron fuera de esos parámetros por la necesidad de delimitación: otros ámbitos geográficos, idiomas, etc. Hoy en día habría que hacer otro libro adicional, o varios, para dar cuenta de lo que se ha llamado “feminismo global”, tomando en cuenta obra artística y escritos generados desde otros entornos geográficos —también se podría hacer un libro enfocado sólo a América Latina— y habría que dar cuenta de la diversidad de perspectivas teóricas que han poblado el campo de estudios de género en la historia del arte en las últimas décadas, incluyendo los desarrollos en la crítica feminista, los estudios queer, los estudios trans, etc.

¿Qué mujeres te han inspirado y por qué? 

Uff… han sido muchas, mencionaré algunas: Mi abuela materna, Erna Engle, por ser una mujer muy inteligente, reflexiva, cariñosa y crítica con quien tuve una relación muy cercana a lo largo de mi vida y quien fue un ejemplo para mí en muchos sentidos. Virginia Woolf, por plantear una crítica contundente y un modelo alternativo a la escritura patriarcal en la forma y contenido de sus libros y ensayos, desde inicios del siglo XX. Griselda Pollock, por la amplitud y profundidad de sus propuestas teóricas y sus aplicaciones prácticas de una historia del arte feminista en escritos y exposiciones, así como en su práctica directa como docente y conferencista. Mónica Mayer, también por la amplitud y profundidad de sus propuestas teóricas y aplicaciones prácticas en el ámbito del arte feminista, mismas que ha incluido como actividad integral en la creación artística, la escritura, la gestión, la formación y la vida.

Imagen: Carla Rippey, 1979. Fotografía: Adolfo Patiño | Masdemx.

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Violeta Horcasitas (Ciudad de México, 1979) es curadora independiente de arte contemporáneo. Su trabajo tiene como principal interés la investigación sobre procesos colaborativos, proyectos online y nuevos formatos de exhibición. Desde 2015 dirige Satélite, iniciativa curatorial que reflexiona sobre la institución del museo como espacio de exhibición desde diferentes disciplinas.