Arte

BERBERIAN SOUND STUDIO


 

Intentar vender “Berberian Sound Studio”, segundo largometraje del británico Peter Strickland, con descripciones rimbombantes como “homenaje al giallo”, mientras se regurgitan los delirios psicogénicos y opresivos lynchianos (como más de un catálogo festivalero lo ha hecho), puede, en contra de su voluntad, frustrar a más de uno.

 

Berberian Sound Studio 04

 

Gilderoy un apocado ingeniero de sonido inglés, es contratado por el estudio del título en Italia a mediados de los setentas para trabajar, con el equipo análogo que se tiene a la mano, en el diseño auditivo de “Il Vortice Equestre”, el nuevo producto (s) exploitation de Giancarlo Santini (cuya disparatada obra está saturada de satanismo, brujería, orgías y muertes femeninas). Acostumbrado a realizar su labor al servicio de insípidos documentales de maravillas naturales esta será, pues, una invitación imposible de rechazar por parte de Gilderoy.

Empero, más allá del obstáculo que representa el idioma, la escasa compaginación con sus nuevos compañeros (incluyendo a un productor autoritario, un grupo de actrices esquivas o una recepcionista arrogante), la tensión que se genera en la cabina de grabación por el deadline, o cierto mal entendido con el reembolso de un boleto de avión; el deterioro mental y emocional que Gilderoy gradualmente padecerá provendrá de esas perturbadoras imágenes que ve en pantalla.

 

Berberian Sound Studio 03

 

¿De qué manera confrontamos como espectador aquello que nos es ignoto? ¿Hasta qué punto nuestras preconcepciones alteran la experiencia del visionado de una obra? ¿Cómo reaccionamos cuando nuestros miedos primigenios se reflejan a cuadro? Gilderoy lo descubre cuando, ya con la post-producción de “Il Vortice Equestre” naufragando por problemas extra-fílmicos, le sea imposible no fundirse en uno solo junto con esas escenas de sexo y sangre, dentro de ese final en puntos suspensivos.

 

– Alberto Acuña