Arte

Arte y rock


Por Andrés Reyes / @MrIntra

 

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La música ha tenido una relación estrecha con las artes visuales desde siempre. Está relación interdisciplinaria ha llevado tanto a los músicos y como a los artistas pictóricos, a adoptar concepciones estéticas ajenas para reinterpretarlas a partir de sus prácticas artísticas. Un caso icónico de este intercambio conceptual es el del compositor John Cage y su 4:33, quien retomó la idea según la cual la obra de arte trasciende de su carácter objetual, enfatizando su conceptualidad como fuente de la genialidad estética de la obra. 4:33 fue interpretada el 29 de agosto de 1952 por David Tudor en el Maverick Concert Hall de la ciudad de Nueva York.

Sin embargo, cuando un artista visual decide retomar planteamientos musicales para establecer una obra de arte pictórica, todo puede pasar. Tal es el caso de la obra del artista británico Tim Bavington, quien ha intentado recrear pictóricamente la experiencia sensorial que es propia de la música. Ha retomando lo que ya habían hecho algunos artistas que padecían de experiencias sinestésicas como Kandinsky. Asignó colores particulares a las distintas notas que conforman las escalas musicales que estructuran las distintas canciones que él pinta. Por lo que para Bavington, las intensas y psicodélicas franjas características de sus obras, representan el sonido de bandas como los Rolling Stones, Oasis, The Who y Jimi Hendrix entre otros iconos del rock. Sin embargo hay que preguntarnos hasta que punto las referencias musicales de su obra tienen un carácter universal. Es decir, en verdad sus pinturas pueden referir a experiencias musicales por sí mismas y sin la influencias de elementos paratextuales ajenos a la obra? —No lo creo— Me parece que en comparación con la base teórica de las composiciones e improvisaciones de Kandinsky, la obra de Bavington podría parecer pobre y superficial. No obstante, la historia determinará las trascendencia estética de su propuesta artística.