Otras disciplinas

AKRAM DANCE COMPANY


Por Ximena Flores / @matitatierna

 

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A primera vista, Akram Khan (Londres, 1974) es famoso por su extraordinaria capacidad de adaptarse a distintos medios y disciplinas; o tal vez, por su relación con artistas del massmedia (entre los que destacan, particularmente, Kyle Minogue y Juliet Binoche). Si se explora más a fondo el trabajo de este extraordinario coreógrafo, se observarán algunas de las pautas por las cuales su trabajo ha transcendido, colocando su trayectoria en una más de las más prestigiosas actualmente. Uno de los ejes principales de la experimentación dancística de Khan es el tema de la inmigración, ésta no es más que un fenómeno de movimiento de distintas poblaciones en diferentes fronteras. La analogía es simple: Inmigración-Movimiento-Danza.

¿Por qué la inmigración? Khan pertenece a una familia hindú que se asentó en la Inglaterra a mediados de los sesenta, su familia a la vez, forma parte de los primeros grupos asiáticos que inmigraron al país luego de los movimientos independentistas de India y Pakistán. Estas comunidades, cerradas hacia los habitantes del Londres oriental, luchaban entre una identidad amalgamada entre la cultura hindú de la época colonial y el ferviente “deseo” de pertenecer a su nuevo país. Khan a sus escasos catorce años, peleaba también entre esas dos fuerzas, sus maestros del Kathak (una de las más antiguas tradiciones dancísticas del mundo) le criticaban por sus gustos “contemporáneos”, y sus maestros de danza moderna no llegaban entender su apego a esas tradiciones.

La historia de Khan en la danza es importante para entender la adaptación de su trabajo a estas dos corrientes confluyentes. El éxito de Khan radica en la aceptación de una cultura a  que no pertenece del todo, pero que es suya, y a su vez a las exploraciones del lenguaje como mecanismo de tolerancia y respeto a lo diferente.

Para Khan, la danza es un lenguaje unificador entre el uno mismo y el diferente. Su lenguaje proviene de estas distintas voces históricas, políticas y sociales que convergen en su cotidianidad. Ese lenguaje —la danza y el arte en general— no son excluyentes y exclusivos de otra disciplina o pensamiento, son uno mismo: representación de la naturaleza humana.