Arte

¿A qué público están dirigidas las películas infantiles?


Por Abel Cervantes

El fenómeno no es reciente: desde hace algunos años ha habido un boom del cine de animación para niños. Probablemente una de las películas que inauguraron esta tendencia fue Shrek (2001), dirigida por Andrew Adamson y Vicky Jenson, y producida por PDI/DreamWorks. Desde entonces se pueden mencionar un sinnúmero de ejemplos: Madagascar, Kung Fu Panda, Megamente, Up, una aventura de altura, Los increíbles… El caso más reciente es La Lego película, que cuenta la historia de un muñeco de Lego común y corriente que debe hallar un método para combatir al Presidente negocios, cuya finalidad es acabar con el mundo de Lego. La cinta es divertida y está producida estupendamente. No obstante, el guión está dirigido a un público adulto.

Muchos de estos trabajos sustentan su éxito en las referencias que hacen a otros filmes o incluso a eventos sociopolíticos de la realidad. En La Lego película se pueden encontrar citas a Matrix, Batman, La guerra de las galaxias, pero también a la NBA, las políticas públicas de ciertos gobiernos o los programas de televisión de entretenimiento. La pregunta es enmarañada: ¿con qué finalidad se utilizan películas animadas, supuestamente dirigidas para niños, pero que en realidad cuentan historias que solamente un adulto puede comprender? No es mi intención acertar una respuesta. Pero me gustaría ensayar algunas perspectivas. ¿Acaso la maquinaria ideológica hollywoodense ha entendido que el público adulto actual se comporta como niño y por ello ha aumentado la producción de este tipo de formatos? En los tiempos actuales no es extraño ver a un adulto jugando videojuegos, vistiéndose como lo hacen los adolescentes o, peor aún, comportándose como uno de ellos. La sociedad ha fomentado esta condición. Los adultos tienen pocas probabilidades de comprar una casa, incluso muchos de ellos no pueden siquiera rentar un departamento y están obligados por la falta de oportunidades económicas a vivir con sus padres. En suma, están condenados a subsistir como eternos jóvenes, sin responsabilidades. La industria cinematográfica ha observado esta situación con especial interés e intenta atraer la atención de este nuevo sector social. Los fines: perpetuar el consumismo.