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2018: Destejer la historia. Los hilos de la memoria, por Andrea Bravo


Diciembre, 2018

Durante octubre y noviembre el Centro de Arte Contemporáneo de Quito presentó Destejer la historia. Los hilos de la memoria, exposición curada por Leyla Dunia en el marco de la tercera edición del proyecto curatorial Encuentro Arte Mujeres Ecuador (AME) que organiza La Emancipada,colectivo integrado por las artistas ecuatorianas Ibeth Lara, Tania Lombeida y Pamela Pazmiño.

En palabras de Dunia, el objetivo de la muestra fue repensar la historia del textil dentro de los cánones del arte, abriendo un espacio democrático y flexible para visibilizar obras que utilizan técnicas textiles como lugar de resistencia, mismas que con frecuencia son olvidadas u omitidas de la escena artística contemporánea.

En este marco, la muestra se propuso cuestionar con procesos de selección, metodologías y estrategias curatoriales disidentes, la historiografía clásica del arte que se comenzó a escribir con Vasari y se sostiene hasta la Historia Del Arte (con H y A mayúsculas) de Gombrich:una historia masculina, jerárquica y burguesa en la que el arte de tejer se despachó al espacio doméstico o los escenarios indígenas.

En contraposición a la macrohistoria de genios creadores, Destejer la historia integraba 43 piezas que se valen de hilos y de la destreza de las manos de mujeres para contar con minuciosidad historias mínimas de la experiencia femenina en estas latitudes. Una pluralidad de universos relatados a través del bordado, el macramé y la pinganilla (en la lengua de los habitantes nativos del Guayas quiere decir quilting) para tejer subjetividades propias, al mismo tiempo de liarse entre sí en un esfuerzo por catalogarse dentro un patrimonio cultural más inclinado a registrar un repertorio colonial, republicano y moderno, o en su defecto, internacional.

Algunas de las historias incluidas se susurran con hilos y esmero, otras se cuentan a los gritos de un performance. Todas, a su manera, reniegan del silencio impuesto y evidencian actos intrépidos de paciencia y precisión. Los relatos cuentan desde la intimidad de un orgasmo hasta la vanidad de un vestido. En medio, una miríada de narraciones sobre el amor, la maternidad, los abusos, deseos, rezos, besos, fantasías y tabús traman, de apoco, una historia oblicua y múltiple que desborda la lógica de volúmenes académicos para centrarse en memorias íntimas que reclaman un espacio en el escenario estético contemporáneo.

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Cuatro tapices de Cecilia Benítez (Ecuador, 1937-2010) hechos a base de soga, fibras de hoja, lanas crudas, seda y piedras recibieron al público en la sala del CAC. Benítez fue una artista tejedora que basó su práctica en la investigación sociológica y etnográfica sobre las tradiciones textiles de las comunidades andinas del Chimborazo e Imbabura. Esta piezasno catalogadas y apenas investigadas fueron exhibidas por última vez en 2011.

Por un lado, su presencia homenajea el trabajo de una artista que liga teoría y práctica para interrumpir supuestos e introducir un universo de posibilidades para tejer el pasado y presente en una región indígena. Al mismo tiempo, los tapices aparecen como epígrafe a una historia del arte contemporáneo local e inclusiva que apenas se comienza a bocetar.

Además del trabajo de Benítez, María Belén Arellanoy Ana Fernández5 se presentaron piezas textiles de tradición indígena que dentro de este nuevo capítulo escriben un apartado en el que se actualiza la discusión tediosa sobre los límites entre la producción artística y la artesanal.

Más allá de las preguntas explícitas,6 las piezas superan el mito romántico de la artesanía pintoresca para mostrar oportunamente los desfases estéticos de microhistorias comunitarias, colectivas, autogestivas y utilitarias que entrelazan lo ritual y lo cotidiano, lo ancestral y contemporáneo para producir objetos que circulan en la esfera económica y simbólica global. Producciones que no se desprenden de una lógica del arte relacional, sino de una cosmogonía que tiene raíces en un pasado no occidental pero que respira, vive y crea en un presente compartido.

Al introducir otros ritmos, otro concepto de trabajo, autoría y valor simbólico/utilitario a una producción que se autodenomina arte, la poética de estos textiles rompe con los decretos kantianos de dualidad y sugiere una manera más localizada de participar del circuito del arte contemporáneo, expandiendo la definición y los parámetros.

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A la par, el Colectivo Eukarya Periferia, integrado por cuatro estudiantes7 de arte de la Universidad San Francisco de Quito, presentó Swap: intercambio e instalación, proyecto que reflexiona sobre las dinámicas de consumo de moda y ropa asignando un valor simbólico y utilitario al desecho comercial. Ante procesos estéticos y económicos en los que la ética se ve comprometida, la propuesta es intercambiar prendas para vestir los cuerpos y resistir la desaparición.

En acciones puntuales de trueque, el tejido aparece como una red de resistencia y apoyo mutuo entre mujeres que comparten prendas con historial para construir nuevas formas de mercadeo ante un panorama en el que las estrategias de consumo apuntan directamente a su subjetividad.

La acción de intercambio opera en una doble vía: por un lado se vale del aura del espacio artístico para embestir de valor simbólico, afectivo y estético a objetos en desuso. Y por otro, desafía las lógicas comerciales creando núcleos específicos de complicidad y sensibilidad en los que el valor económico del objeto es lo último que concierne.

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Para recalibrar los efectos de una historiografía del arte rígida y homogenizante que sólo admite (y sólo recientemente) a mujeres exóticas o masculinizadas, habría que destejer el canon para rescatar los relatos olvidados. Si la historia universal ha sido escrita a partir de la biografía de genios polímatas o incomprendidos, habría que recurrir a las historias contenidas en las experiencias enajenadas que se tejen con hilos de mercería, una motricidad fina y una paciencia de hormiga en la intimidad del comedor para componer una trama más completa y sincronizar.

Proyectos de este corte abren una historia del arte contemporánea e inclusiva que incorpora al acervo estético —plagado de desnudos circunscritos a un marco dorado— autoretratos más desaliñados, anudados con esmero para relatar microhistorias de cuerpos morenos, con vellos y cicatrices, que menstrúan y lactan.

Foto: Cortesía Museo de Arte Contemporáneo de Quito.

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La Emancipada es un colectivo artístico en Quito que desde 2009 opera como plataforma de visibilización, circulación y representación de artistas mujeres que se enfrentan ante una escena del arte poco preocupada por las brechas de género. De esta iniciativa, se desprende el proyecto curatorial Encuentro Arte Mujeres Ecuador (AME), iniciado en 2012, a través del cual las tres artistas colaboran con una curadora invitada en procesos abiertos y colaborativos de investigación, selección y montaje. Otros proyectos se enfocan en la construcción de un archivo de proyectos artísticos de mujeres. 

Leyla Dunia cita la obra Queridas viejas, de la artista española María Gimeno, como referencia para hablar de la falta de representación de artistas mujeres en la historia del arte universal. Queridas viejas es una conferencia performativa en la que la artista interviene la Historia del Arte de Ernst H. Gombrich, en donde no se incluye a ninguna mujer, con cortes de cuchillo para incluir la obra de mujeres con la misma minuciosidad y estilo del historiador.

3 No tituladas a excepción de Magma y fuego, (1983). El resto de las tres piezas son de 1983 y 1994.

4 Su pieza Hatun Chumbi es una faja monumental que narra la historia de la comunidad de Otavalo a través de bordados aprendidos en la localidad.

5 Su obra Hilando fino registra una acción en la que mujeres tejedoras de Quito, Guayas y San Francisco trabajan de forma colectiva para enmendar una tela con la técnica del quilt.

6 ¿Cuál es el límite?, ¿qué caracteriza a la práctica artística de la artesanal?, ¿por qué una vale más que otra?

7 Luis López, Flora de Neufville, Ana Isabel Segovia y Ana Viteri.

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Andrea Bravo es editora y gestora cultural. Su trabajo se centra en los espacios de cruce y diálogo entre arte, diseño, moda y artesanía en Latinoamérica. Actualmente cursa el posgrado en Sociología del diseño en la Universidad de Buenos Aires.