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19?? Dejemos de ser inocentes, por Vera Castillo


Noviembre, 2019

I

El pasado 14 de noviembre, un grupo de estudiantes se manifestaron en las inmediaciones de la UNAM en oposición al acoso sexual que profesores y alumnos ejercen contra las mujeres en la máxima casa de estudios. En medio de la movilización, un contingente de manifestantes realizó pintas sobre el mural El derecho a la cultura (1952-1956), de David Alfaro Siqueiros. Selene Flores y César Velázquez, periodistas, mencionaron que “el grupo de estudiantes que convocó a la manifestación informó que el objetivo era entregarle un pliego petitorio al rector Enrique Graue, donde los universitarios piden la aplicación y cumplimiento del Protocolo para la Atención de Casos de Violencia de Género en la UNAM en la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, así como la Guía de Derechos y Deberes de Estudiantes”.1 

A raíz de este acontecimiento, desde redes sociales surgieron comentarios y puntos de vista sobre las pintas a la obra mural del Coronelazo. Algunas de las opiniones buscaban validar la intervención sobre la obra de un artista tan controvertido. Al final, decían, “es lo que el maestro hubiera querido”.

II

En la década de 1950, la creación de Ciudad Universitaria reunió a arquitectos, ingenieros y artistas que concretaron sus ideas en torno a la arquitectura, pintura y escultura. Cada uno plasmó su entendimiento de la integración plástica, llamada anteriormente “plástica unitaria” en la que se sitúan pintura, escultura y arquitectura, entre otras disciplinas.

Por su parte, Siqueiros realizó tres murales en la Torre de Rectoría: El pueblo a la Universidad, la Universidad al pueblo, El derecho a la cultura y Nuevo emblema universitario (1952). Para cada uno el artista realizó ejercicios poliangulares. Al igual que en otros murales de su autoría, Siqueiros experimentó con técnicas y materiales propios de su tiempo, cuestión que iba de la mano con su idea de integración plástica. La intención de Siqueiros no era simplemente pintar murales, sino que el proyecto de construcción de Ciudad Universitaria representaba para él un ensayo sobre el arte público, arte de función social y política.

En el primer folleto de Arte Público —publicación editada por el mismo Siqueiros en 1952—, se explica que la revista surge para “Reafirmar la significación histórica nacional e internacional del Movimiento mexicano de Arte Social, nuestro arte de función pública, de equivalencia y usufructo popular[…] frente al arte de apropiación privada, objeto de publicidad mercenaria, material distinguido de compra-venta comercial”.2 Por tanto, la función del mural para el artista era ideológica, incluso pedagógica.

En una entrevista por Raquel Tibol en abril de 1956 y publicada en Hoy, Siqueiros habló sobre su búsqueda por lograr la creación de una escultura de cuatro dimensiones, que sería lograda al integrar la escultura en el plano pictórico. También buscó consolidar el movimiento en los murales a partir del uso de las perspectivas múltiples y la poliangularidad.

Es posible observar la constante búsqueda de Siqueiros por utilizar nuevos y modernos materiales; El pueblo a la Universidad, la Universidad al pueblo es un mural realizado con mosaicos hechos con pequeños fragmentos de piedra y teñidos de tal modo que no perdieran color al exponerse a la intemperie. Para Siqueiros era de suma importancia trabajar con materiales y herramientas actuales, de modo que no estaba interesado en usar mosaicos “primitivos” como los que se veían en las iglesias.3 

Por su parte, el mural El derecho a la cultura es una obra inconclusa que muestra tres manos extendidas de un extremo a otro como intentando alcanzar el libro que se escapa frente a ellas. En el libro se leen fechas relevantes en la historia de México: 1520, 1810, 1857, 1910 y, finalmente, 19?? La última fecha es una interrogante abierta a los sucesos transformadores vistos como movimientos sociales.

III

“Éramos muy jóvenes y no sabíamos lo que hacíamos”, me dice un ex huelguista del movimiento en 1999. Ese año, la máxima casa de estudios levantó un paro estudiantil que llevó posteriormente a la huelga, producto de la movilización en contra de la modificación al Reglamento General de Pagos realizada por el Rector José Francisco José Barnes. El entonces llamado “Plan Barnés” tenía como objetivo aumentar el cobro de cuotas que, en palabras suyas, significarían un costo mínimo en la formación del alumnado. Estas cuotas serían cobradas a partir del segundo semestre del año, sin embargo, la huelga estalló.

En julio de 1999, estudiantes que formaban parte del movimiento estudiantil intervinieron el mural El derecho a la cultura. Al respecto, el periódico Metro informó: “los paristas alteraron los signos de interrogación que el autor pintó como última fecha de su mural (19??) y colocaron: 1999”. 

Diecinueve años después, el 03 de septiembre de 2018, estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Azcapotzalco, convocaron una asamblea en la que exigían la renuncia de su directora María Guadalupe Patricia Márquez. Petición como respuesta a la ausencia de profesores, falta de clases, además de la censura hacia la expresión artística dentro del plantel y la inseguridad del estudiantado.5 Durante la asamblea, un grupo de porros arribaron a las instalaciones y agredieron a cuantos pudieron.

Para el 06 de septiembre, 30 mil estudiantes de distintas preparatorias y universidades se reunieron en la explanada de la Torre de Rectoría en Ciudad Universitaria para manifestarse contra grupos porriles. Sin embargo, fueron atacados nuevamente.6 Durante el encontronazo, estudiantes intervinieron el mural siqueiriano colocándole un pedazo de papel con el número 20, para hacer alusión a una futura fecha relevante: “20??” Otras pintas realizadas durante este episodio manifestaban “ni Dios ni Porros”, “Las paredes se limpian, las vidas valen más”. Concuerdo con lo último.

IV

Durante la marcha convocada en 2017 para protestar contra el feminicidio de la estudiante Lesvy Osorio a pocos metros de las instalaciones de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, el grupo de manifestantes rayaron el brandeo #HechoenCU, lo que provocó se desviara la atención del trágico episodio de Osorio para desatar una serie de opiniones en redes sociales. Si bien se comentaba que las pintas al supuesto “patrimonio” eran vandalismo, otras opiniones más avivadas encendieron los dimes y diretes al hacer notar que dicho brandeo no estaba registrado como patrimonio de ningún tipo.

Sobre lo anterior, Cristian Mendoza mencionó: “Recientemente, se ha liberado en distintas esferas del arte y de la crítica un debate en torno a los valores del arte público. Haciendo una generalización, tan imprecisa como todas, podemos decir que las conclusiones son más o menos las mismas: cierto arte público contemporáneo no es más que la extensión de ciertos presupuestos oficiales que buscan legitimar agendas políticas más que culturales”.

El arte público, como lo pensó David Alfaro Siqueiros, era un arte de función social y política, por supuesto, financiado por el Estado (y/o el recurso privado). Arte público, estatal y nacional, sí. Herencia de un priismo que vio en el arte una fábrica de imaginarios,7 posiblemente. Pinta institucionalizada, como he leído por ahí, de ningún modo. A diferencia del brandeo #HechoenCU, el mural El derecho a la cultura no forma parte de una “estrategia de posicionamiento de marca”, a contracorriente se percibe como parte del patrimonio nacional.

V

Regresemos a las pintas del pasado 14 de noviembre del presente año. En un intento por defenderlas, usuarios de redes sociales han traído a colación comentarios enredados acerca del trabajo del Coronelazo; que si el mural fue hecho para ser intervenido, que si el artista estaría de acuerdo con las intervenciones que le han hecho estudiantes de distintas generaciones, o si se justifica la pinta al recobrar la idea siqueiriana del arte público.

Las pintas se hacen por distintos grupos y sus motivos son respetables. Estoy de acuerdo en que cada generación ha tenido exigencias, y cada acto de intervención de un monumento, mural o aquello considerado patrimonio va en contra de la idea de “buen ciudadano”. En un estado de emergencia, de hartazgo social, de violencia, impunidad e impotencia, lo que menos debería importarnos son los muros.

Para el caso específico de los rayones sobre El derecho a la cultura vale más la cuestión de saber si es importante que Siqueiros valide las intervenciones a su mural (o no). Como una suerte de entelequia digital las personas usuarias de las redes sociales se preguntan si el pintor estaría de acuerdo con las pintas a sus murales, a lo que, entrando al juego, el artista respondería: dejemos de ser inocentes.

Foto: NTR Guadalajara

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1 En Milenio, disponible para consulta aquí.

2 “Propósitos de Arte Público”. Primer folleto de Arte Público, febrero de 1953.

3 Raquel Tibol. Los murales de Siqueiros, p. 245

4  “Alteran mural de Siqueiros”, en Metro, 24 julio 1999. Disponible aquí.

5 Cristian Mendoza, “Lo que esconde el monumento”, en Arquine, 10 mayo de 2017. Disponible para consulta aquí.

6 “Tras protesta contra la violencia, encapuchados hacen destrozos en CU; UNAM acusa provocación”, en Animal Político, 03 de septiembre de 2019. Disponible para consulta aquí.

7 Cristian Mendoza, Op. Cit.

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Vera Castillo (Ciudad de México, 1991) es Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, investigadora independiente de fotografía del siglo XX. Su trabajo ha sido publicado en la revista Alquimia del Sistema Nacional de Fototecas, Tierra Adentro, así como en el suplemento El Tlacuache del Centro INAH Morelos. Trabajó en investigación y catalogación de la Fototeca Juan Dubernard. Es colaboradora del proyecto PICS del Centro de la Imagen, ha realizado programas educativos y públicos en el INAH Morelos y en la Sala de Arte Público Siqueiros.