Arte

¡Nos ganamos un Oscar!


Por Fernando Mino

Apoteosis, festejo mediático y diatribas virales entre resentidos y chovinistas. Alfonso Cuarón, el inquieto mexicano con larga trayectoria hollywoodense, ganó el Oscar a mejor director por su relato espacial Gravedad. El logro no es menor, es el respaldo del establishment a un cineasta disciplinado y eficaz, que además toma riesgos técnicos lo suficientemente creativos para atraer la atención masiva (Robert Zemeckis, James Cameron, Danny Boyle, Ang Lee…).

Por supuesto, el premio nada tiene que ver con el origen mexicano de Cuarón, como tampoco sus méritos (o limitaciones). Sin embargo, el premio es también el reconocimiento al trabajo duro de una generación que salió de México para hacer cine porque tuvo los medios y porque acá no encontraron las posibilidades prácticas para filmar.

El correlato de este festejado Oscar se remonta a los años noventa, la época más negra del cine mexicano, que vio desplomarse la producción de 75 películas en 1991 (el año del debut de Cuarón en Sólo con tu pareja) a ¡9 títulos! en 1997. Atroz desmantelamiento disimulado por la llegada de los luminosos cines múltiplex, éxito instantáneo entre una clase media ávida de modernidad, concentrados en exhibir el cine de Hollywood. Dos décadas después, la Academia gringa reconoce el espíritu emprendedor de aquellos que escaparon con estilo de esa industria destruida.

Además de su cinta debut, Cuarón sólo ha vuelto a filmar en México en 2001. Y tu mamá también (su mejor película a la fecha) es un melodrama episódico en tono de comedia que divaga sobre el vuelco a la madurez de un par de adolescentes, sexualmente ansiosos, confusos y confundidos, durante una reveladora escapada a la playa con una bella mujer. Se trata de una divertida vuelta de tuerca a los recursos de la añeja comedia ranchera protagonizada por parejas de machos seductores.

Alfonso Cuarón es un artesano solvente que ha logrado asimilar con éxito el énfasis gregario de las tramas del cine mexicano —el grupo salvador, atorado en el elevador, del protagonista suicida en Sólo con tu pareja; la cómplice promiscuidad charolastra en Y tu mamá también— al acendrado individualismo del cine americano —en Gravedad, Ryan, la astronauta a la deriva, está punto de desfallecer hasta que, en una alucinación, recibe un empujón vital de Kowalski, su fallecido compañero de misión; la supervivencia siempre depende de los otros, del colectivo, aunque éste sea sólo una idea detrás del esfuerzo personal.